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"Somos inestables": cuando las idas y vueltas se hacen rutina

¿Cómo lograr sobrevivir a nuestra propia inestabilidad? Enterate en esta nota.


Créditos: Ohlalá



¿Qué hago? ¿Lo dejo o me quedo? ¡No sé qué decidir!

¿Qué hago? ¿Lo dejo o me quedo? ¡No sé qué decidir! - Créditos: Corbis

Nuestras idas y vueltas nos definen. Somos cambiantes, somos extremistas, nos aburrimos fácilmente. Queremos todo, pero que no nos lleve mucho tiempo. Bienvenidos a la pregunta del millón ¿Cómo lograr sobrevivir a nuestra propia inestabilidad?
Tal vez porque son tiempos cambiantes, o simplemente porque nos acostumbramos a la era de la novedad, no podemos dejar de aceptar que nos cuesta asimilarnos como seres estables, como si todos supiéramos que el "para siempre" pasó de moda. Ya nadie sueña con entrar a un trabajo y quedarse para toda la vida, todos queremos vivir miles de experiencias sin malgastar ni un minuto de nuestro tiempo.
El sociólogo Zygmunt Bauman, autor de "Vida liquida", en muchos de sus libros, analiza la fragilidad de los vínculos humanos en un mundo que nos empuja a renovarnos constantemente, donde el cambio está la orden del día, y en el que permanecer mucho tiempo en el mismo lugar no es lo deseado. Expresa la idea de cómo es vivir en un mundo que intenta no mantener nunca la misma forma.
No está mal aceptar esa inestabilidad posmoderna, pero qué sucede cuando ésta se traslada a todos los planos de nuestra vida, cuándo estamos rebalsados de cambios, cuándo permanentemente queremos cosas diferentes. ¿Podemos, nosotros mismos, encontrar un limite antes de asumirnos como #LosEternosInestables?
SÍ. La respuesta final es sí. Y no sólo podemos encontrar el límite, si no que debemos fijarlo antes de que nos supere y terminemos sumergidos en la falta de estabilidad en todo lo que intentemos alcanzar. Por supuesto, que la otra pregunta obligada es el cómo lograrlo, y para responderla necesitamos tener presentes las áreas que muchas veces quedan afectadas por nuestras constantes fluctuaciones. Las siguientes son:
- Nuestros vínculos: la inconsistencia en nuestras relaciones y las conductas extremistas, dificultan que podamos vincularnos de manera sólida con la gente que nos rodea, en especial en la vida en pareja, donde es imposible mantener un equilibrio, si nosotros estamos continuamente aferrados a la idea de cambio.
- Nuestro mundo laboral: cuando la falta de constancia se traduce en el trabajo, entramos en un círculo difícil de romper. No comprometernos con lo que hacemos y buscar la inmediatez de la novedad, no nos permite llevar a cabo ningún tipo de desarrollo profesional.
- Nuestros proyectos: sabemos que el deseo es cambiante por naturaleza, pero es necesario comprender qué es lo que soñamos conseguir: si no podemos ser firmes con lo queremos, nunca vamos a sentir que logramos construir lo anhelado. Estar siempre buscando sólo nuevos comienzos, es también privarnos de la felicidad de un proyecto terminado.
-Nuestra noción del tiempo: la idea de que todo tiene que ser "ya", nos obliga a tener que vivir pensando permanentemente en el presente, sembrando el deseo de tener que agotar todas las posibilidades "ahora" porque no hay tiempo que perder. Cuando apostamos a vivir solamente el hoy, pensar en un mañana y trabajar en función de él nos resulta incomprensible. No está mal vivir el día a día, pero también es importante aprender a proyectar.
Hay que poner las cosas en la balanza antes de tomar decisiones apresuradas

Hay que poner las cosas en la balanza antes de tomar decisiones apresuradas - Créditos: Corbis

Lograr hacer consciente nuestra propia inestabilidad es el primer escalón para aprender a controlarla. Si vivimos en tiempos inestables, nuestro desafío es no convertirnos en personas inestables, intentando comprender que solo podemos evolucionar si sabemos qué es lo queremos y si estamos dispuestos a trabajar para eso. Vivir constantemente en el vértigo de la novedad, solamente en búsqueda de la satisfacción inmediata, no nos permite echar raíces en nada. Es importante que sepamos que crecer significa poder aceptar el cambio pero también poder tolerar los momentos de solidez, tal como lo expresa Bauman: lograr manejar el conflicto de nuestros impulsos de querer estrechar lazos, pero manteniéndolos siempre lo suficientemente flojos, para poder desanudarlos cuando queramos.

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