
El otro día me sentí el Che Guevara (ubíquense, contextualicen).
Entré a una juguetería y le compré a Luján un autito. Una camionetita VW de esas que usaban los hippies en los 60s. Tiene, incluso, pintado el signo de la paz en los costados, y un escarabajo.
Y a Lucas, un bebito que se puede bañar.
Me sentí la transgresora del siglo.
Es que, ¿qué es eso de que los bebés son para las nenas?
¿Qué es esa estupidez de relacionar que un varón no va con un muñeco?
¿Qué creen? ¿Qué van a jugar a la mamá?
¿No se les ocurre, OH detractores empedernidos, que los niños jugarán, en todo caso "al papá"?
Espero que mis hijos varones sean padres alguna vez.
Espero, además, que sean buenos padres, sí.
Y espero tener algo que ver en ese proceso.
Mientras, me dedico a enseñarles a mis tres retoños, a cuidar a los otros.
Y Lucas, feliz, cambia y duerme a su "hijo" todas las noches.
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