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 • HISTORICO

Tabucchi y Cardoso Pires, entre fados y tranvías




LISBOA (El País, de Madrid).- John dos Passos la llamó "una nostalgia dormida". Antoine de Saint-Exupéry la definió como "un paraíso claro y triste". El Marqués de Sade la inventó "apasionada" entre rencores. Y Tirso de Molina no dudó en calificarla como "la octava maravilla". La romántica Lisboa ha sido siempre una exquisita fuente de inspiración para artistas y escritores. El italiano Antonio Tabucchi le dedicó un hermoso homenaje en su Réquiem (1994) y la convirtió en un personaje más de su famoso Sostiene Pereira. Recientemente, el escritor portugués José Cardoso Pires, uno de los mejores conocedores de la ciudad, trazó un retrato amable y poético de esta metrópoli decadente (Lisboa. Diario de a bordo) que va a acoger la última exposición mundial del milenio. Justo antes de que Cardoso Pires fue ingresado en una clínica a causa de un derrame cerebral, El País reunió a estos dos fieles admiradores de Lisboa para conversar sobre la ciudad y sus destinos. Ambos evocaron sus recuerdos y analizaron sus dramas.
El País: -Los dos son unos apasionados de esta Lisboa decadente y melancólica. ¿Cómo comenzó ese idilio?
AT: -Yo me embarqué en su velero, porque, como bien saben, Cardoso habla de Lisboa como un velero anclado a orillas del Tajo. Y siempre digo que soy el mozo del barco. El es el patrón del velero.
CP: -Yo odio estar obligado a hablar bien de alguien cuando está presente. Y digo siempre que hay cosas que sólo se dicen a espaldas de las personas (risas). Es verdad. Yo puedo decir que hoy conozco muy bien toda la literatura sobre Lisboa, la ciudad que más me gusta del mundo. Los portugueses creen que la literatura portuguesa está llena de Lisboa, como la pintura o la escultura. Eso es completamente falso. Además, Lisboa, al contrario que Oporto, no tiene sentido monumental. En mi último libro, Lisboa. Diario de a bordo, se puede comprobar que yo no hablo de ningún monumento, pero hoy le voy a decir que me encantan los Jerónimos y el acueducto de las Aguas Libres. Nosotros no tenemos grandes monumentos, al contrario que España. El peligro de España es que uno se tropieza cada dos pasos con maravillosas catedrales románicas, con fantásticos monumentos. Yo ahora mismo doy mucho más valor a la Fundación Gulbenkian que a la Torre de Belén.
EP: -¿Han dejado un poco perdida la literatura?
CP: -Hablando sobre libros, y me molesta mucho hacer esto porque Tabucchi está delante, creo que su Réquiem es un libro excepcional, es el único libro que describe la ciudad por su temperatura. Probablemente eso sólo puede ser comprendido por un lisboeta. Es un gran retrato de Lisboa que describe perfectamente el humor de la ciudad. Me gusta también otro de Dinis Machado, porque me recuerda mucho mi infancia lisboeta, aquella infancia en la que los muchachos tenían una capacidadcreativa enorme. Otra novela notable es Alta sociedad, de Maria Velho da Costa. Al hablar de todos ellos, nunca me olvido de la calidad literaria, de la forma y de la observación. Esas son las cosas que me interesan. De modo que son cuatro o cinco los grandes libros sobre Lisboa. Por eso digo que la literatura portuguesa no está llena de Lisboa, como falsamente se cree aquí. Ni la poesía ni la pintura. Con la excepción de Pessoa. Pero aquí ya estamos hartos de Pessoa. Yo estoy harto de Pessoa. No quiero decir que fuera malo, pero...
AT: -Yo quería hacer una glosa y una referencia a lo que ha dicho Cardoso. Lisboa es una ciudad muy poco monumental. De cualquier modo, Lisboa es una ciudad que presta homenaje a unos cantores de una ciudad popular y, a veces, muy baja, de taberna, que muchas veces no son elegidos en la literatura porque son autores poco reconocidos. Antonio Oliveira, un fraile que atravesó todos los burdeles de Lisboa, nos ha dejado como nadie el auténtico lenguaje de aquella época, del siglo XVI. Las blasfemias, el hablar popular, las prácticas de las comadres. Y también está Pessoa, que me encanta. Y nadie se acuerda de que este hombre es el representante de una cierta Lisboa que dibuja perfectamente aquella época de mediados de siglo.
CP: -También quería llamar la atención sobre una cuestión. Toda la avenida de la Libertad no tiene una sola estatua de un escritor. Es una calle de lo más convencional, de lo más triste. Nuestra escultura es la parte más pobre de nuestro arte.
AT: -A mí me encanta la estatua de Fernando Pessoa, junto a la que se fotografían todos los turistas que pasan por Lisboa. La estatuaria de la literatura en Italia ha sido siempre fúnebre. Eso pertenece a una cultura burocrática de los ayuntamientos que han homenajeado a aquellas figuras. Pero eso tiene que ser así desgraciadamente. Y sobre la temperatura de Lisboa, quiero añadir que es una temperatura de la soledad, pero que también tiene una carga muy vital. En aquellas épocas, Lisboa provocaba un cierto desconcierto,una cierta inquietud y al mismo tiempo transmitía una gran vitalidad.
CP: -Esa es una lectura. Esa es tu naturaleza y tu modo de ver esa Lisboa. Tu Réquiem retrata muy bien esa Lisboa, pero tengo dudas sobre tu película, en el sentido de si podrá descubrir aquel humor que sólo un lisboeta tiene. Eso no se encuentra. Es un humor sacaninha (canalla).
AT: -Tienes razón. Es un riesgo, pero hay que desafiarlo. El humor lisboeta es muy difícil de retratar. En mi barrio me ocurrió una anécdota muy graciosa. Un día fui a comprar una botella de champagne en una tienda próxima a mi casa. El día anterior había visto allí un montón de botellas y me levanté con el capricho de beber una. Fui allí y pedí el champagne. La mujer que atendía el negocio me dijo que se habían acabado. "¿Cómo es posible?", le pregunté. Y ella me respondió: "¿Usted cree que es el único cliente fino que tenemos en el barrio?". Me fui para casa con el rabo entre las piernas. Fue una maravilla.
EP: -Cambió mucho aquella ciudad de los años sesenta y la Lisboa actual. ¿Está perdiendo aquella alma, su espíritu, como dice Lobo Antunes?
AT: -Yo creo que Lisboa se ha complicado mucho. Es una ciudad que se triplica todos los días con los habitantes del cinturón urbano, y no tiene capacidad para tanto. Es una ciudad que no se ha descentralizado. Todo el mundo viene a trabajar aquí. La vieja Lisboa permanece igual, pero ha cambiado la sociología y la antropología lisboeta.
CP: -No estoy de acuerdo con Tabucchi. Es verdad que todos los días entra en la ciudad el mismo número de personas que la habitan, o más, y esto lo desorienta todo. Pero esto ya venía de atrás. Esta ciudad es profundamente tenebrosa, está siempre en obras. La corrupción económica ha hecho negocios terribles. Durante la dictadura, la corrupción fue manejada por los militares, pero ahora la corrupción procede de los urbanistas. Es una corrupción de incompetentes. Por ejemplo, no hay en el Ayuntamiento una sola persona que sepa solucionar el problema del tráfico. Ahora hay una burocracia que no sabe resolver los grandes problemas de Lisboa.
Es una ciudad de una poca vergüenza miserable, de una incompetencia total. Están remendando la ciudad todos los días. No hay previsiones, ni un proyecto urbanístico. Por otro lado, Lisboa es una ciudad abierta. Y hay una nueva ciudad que va a nacer, espero, con la Expo 98. Y espero que no ocurra lo mismo que en Sevilla. Va a nacer en lo que antes se llamaba el Tajo gitano. Lisboa es una ciudad sin alrededores y ahora van a comenzar a crearse.
AT: -Los urbanistas deberían trasladar todos los ministerios fuera de la ciudad. Los funcionarios bloquean diariamente a Lisboa y ésa sería una solución para los atascos. Por otro lado, Lisboa tiene algo que me encanta, y son los jardines. Es una ciudad que aún mantiene unos jardines extremadamente agradables, donde todavía hay una vida tolerable, humana y civilizada, especialmente para las personas menos favorecidas en la sociedad, como los jubilados. En el resto de las ciudades europeas, los jardines están desapareciendo. Afortunadamente, Lisboa mantiene esos refugios. Sobre la corrupción de que hablaba José, esto ocurre también en otras ciudades, como Florencia. En Florencia tapan el mismo socavón tres veces en el mismo invierno. ¡Siempre con mi coche al lado!

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