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 • HISTORICO

Tambor, un eco en el Pacífico

Esta pequeña playa de Costa Rica, rodeada de esbeltas colinas y bajo el abrazo del sol implacable, aproxima a la aventura en medio de la selva




SAN JOSE DE COSTA RICA.- Tambor es un pueblo tan pequeño que desde el aire sería visto como un pedazo de selva con un muelle sobre el mar. Su tamaño es insignificante, comparado con un resort turístico construido a dos kilómetros siguiendo la línea de la costa de la bahía Ballena.
Colonización de los tiempos actuales. Hay más personas reposando bajo el plácido sol costarricense o bebiendo un delicioso jugo de maracujás en la barra de una piscina que pescadores a bordo de sus botes en procura de productos para la subsistencia o que chiquillos concurriendo a la escuela.
A los pescadores de Tambor los llaman chuchiqueros , por la chucheca, un fruto de mar que venden en la ciudad de Puntarenas -del otro lado del golfo de Nicoya-. Pero también les dicen porteños, porque tienen un puerto, aunque en realidad lo correcto sería llamarlos muelleros , por el tamaño efectivo de Tambor.
La naturaleza es pródiga en esta península costarricense, sin ocupación importante hasta la década del 50. Sólo en 1973 muchas localidades tuvieron caminos para coches, gracias a la instalación del ferry que cruzaba desde Puntarenas hasta el extremo sur de Nicoya.
La gente de las mesetas como Alajuela se trasladó a la costa. Cambiaron el café por el pescado. Y el sobreconsumo de arroz y frijoles de la mañana, la tarde y la noche se alternó un poco con más cantidad de frutas y verduras en la dieta.
Tambor es un pueblo de casas bajas y puertas abiertas. Son 300 almas que descansan en hamacas y que reposan la siesta debajo de la sombra de un mango. Tienen una pequeña capilla, un ritmo de vida tranquilo y son devotos de la Virgen. Se resguardan en ella cuando por los alrededores de Tambor se aparece la misteriosa dama de blanco .

Ráfagas del Norte

Sólo el temido viento norte paraliza la actividad de los pescadores y chuchiqueros. Su aparición trae sequías y convulsiona el alta mar. Las embarcaciones navegan a los tumbos y una ráfaga fuerte puede hacer que la nave nunca regrese.
Los porteños, entre enero y marzo, con viento norte prefieren quedarse en casa, a disfrutar de la playa. Son hombres prudentes.
Visto desde el interior de la bahía, el ancho del resort de la playa Tambor triplica la franja que el pueblo ocupa sobre la costa.
La comunidad se recuesta sobre la ladera de las colinas del litoral y el hotel se encuentra en el centro de la bahía Ballena, en el llano puro. Entre ambos sitios hay una orilla de arena oscura, cubierta de pequeñas piedras redondeadas y visitada en el crepúsculo por inofensivos cangrejos de ojos saltones.
El agua del mar es un deleite. Tiene salinidad suave y coloración verdosa. Algo de la naturaleza no quiso que el Pacífico fuera como el Caribe, pero ese dejo de imperfección da lugar para que la playa que se halla del otro lado de la bahía -y a la cual se llega en 10 minutos de lancha-, de aguas cristalinas y mansas, sea percibida como el paraíso.

Verano refrescante

Las colinas que rodean la playa Tambor son de origen volcánico y están semicubiertas de vegetación arbórea. El río Pánica marca la separación de Tambor con la playa Pochote, las dos que encierra la bahía Ballena, un mar frecuentado por aves marinas, como el pelícano pardo.
Siguiendo la línea de la costa hacia el Sur -también por medio de caminos de coches internos-, la playa de Montezuma cautiva no sólo por su litoral de arenas blancuzcas, sino porque un pueblito de aire hippie y habitantes de andar relajado seduce a los visitantes de las nuevas generaciones.
Montezuma es demasiado seductora como para estar con una hora pautada de regreso. Tiene la suficiente personalidad como para que el paseo a las cascadas del lugar no contemple una ronda de reconocimiento de las callecitas, los bares y las posadas del pueblo.
La península de Nicoya es calurosa en el verano. A pesar de la humedad de la comarca, los caminos se hacen algo polvorientos y el pasto se torna amarillento. Igual es la época ideal para visitar la región porque las lluvias merman, pero los sitios para refrescarse no faltan.
Pequeños arroyos bajan drenando las colinas de rocas sedimentarias y volcánicas. Eso da lugar a la formación de saltos de agua y estanques naturales. Los ríos y riachos salpican las playas de Tambor, Montezuma, Cocal, Cocalitos y Quizales, pero también la costa de la Reserva Natural Cabo Blanco, en el extremo sur de la península de Nicoya.
En Tambor está la mejor infraestructura de servicios para el turismo, pero los atractivos naturales se desplazan hasta el cabo Blanco.
Por allí, cerca de la costa, está la isla Muertos, que no se destaca precisamente por el atractivo de sus nacimientos. Dicen que en sus tres hectáreas y media de tierras está el único cementerio de Costa Rica instalado encima de una isla que no tiene habitantes.

El puerto de Cabuya

La tabla de comportamiento de las mareas no es para los nativos del pueblo litoraleño de Cabuya una herramienta para la navegación o la programación de las salidas de pesca, sino que se deben hacer coincidir los funerales con el movimiento de aguas hacia abajo, mal que les pese a las almas en pena.
El camino más accesible para arribar al resort de la playa Tambor es por medio del ferry que une Puntarenas con la playa Naranjo o Paquera, si bien se tiene la posibilidad de viajar en taxi aéreo desde el aeropuerto de Alajuela, en la capital San José, en avionetas de la década del 50.
La cadena de cerros Buenavista alcanza apenas los 500 metros sobre el nivel del mar, que tiene a muy corta distancia. La zona no conoce ninguna población de importancia y gran parte de la vegetación es autóctona, como las palmas de corozo.
El sur de Nicoya es generoso en naturaleza, con arenas de diversos tonos y aves marinas atravesando la bahía Ballena. Con colinas de origen volcánico y los suficientes recursos como para suavizar los efectos del calor del verano: las piscinas en el resort de la playa Tambor, el agua del mar y las cascadas y estanques que los arroyos dibujaron en los alrededores de Montezuma.
Andrés Pérez Moreno

Recomendaciones

Para recorrer

  • Desde la Argentina se ofrecen programas que contemplan estada en el sur de la península de Nicoya. El hotel Barceló Playa Tambor posee sistema all inclusive y es una base apropiada para conocer la costa de la bahía Ballena, Montezuma y las áreas del litoral próximas al cabo Blanco.
  • El resort tiene un parque ecológico con visitas guiadas, un gimnasio, acuagym, juegos de mesa, kayaks, windsurf, veleros, piscinas, jacuzzi, canchas de tenis, hamacas en la playa, shows musicales.
Respecto de las comidas, se incluye buffet internacional para desayuno, almuerzo y cena, snacks, restaurante a la carta, bebidas con y sin alcohol y servicio de bar distribuido en distintos sectores del lugar.
  • Un programa con pasaje aéreo desde Buenos Aires de siete noches en la playa Tambor cuesta, sobre la base de habitación doble por persona, para la temporada enero-febrero 1999, desde US$ 1670. El paquete Fly and Drive (recorrido por Costa Rica de siete días con alquiler de auto y alojamiento con desayuno), también en base doble por persona, se cobra desde US$ 1540.
  • Los programas no incluyen DNT, ni tasas, con compañía aérea por confirmar. Fuera de temporada, el viaje es más económico. Para reservas e informes: Turavia, Viajes Barceló, Suipacha 570 8º piso; 327-4000, o por e-mail a Turaviatournet.com.ar
  • Las restantes posibilidades de alojamiento de la zona se hallan en Montezuma y Tambor aunque se limitan a pequeñas pensiones y posadas.

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