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Tenemos que hablar


Créditos: Ohlalá



El viernes a la noche comimos afuera.
Solos.
Nicolás me llamó a la tarde para avisarme que ya había hablado con mamá para que le viniera a dar una mano a Mirti con los chicos.
Que teníamos que hablar.
Un poco temblé. Como siempre que me dice que tenemos que hablar.
Llegó a las 9 y a las 9 y diez estábamos en el auto, calladitos, yendo a Kansas.
Como a la altura de Paraná, me agarró la mano. Y yo me alivié bastante.
Nos sentamos en la barra y le dijimos al mozo que íbamos a comer ahí nomás.
OK, hablás o me emborracho ya mismo.
Me dijo que quería explicarme todo de nuevo.
Que no soportaba haberme mentido.
Que no hizo nada, pero que su intención inicial había sido hacerlo.
Pero que lo pensó y se arrepintió.
Que se quería morir por haber permitido que se le cruzara por la cabeza.
Que el amor,
que los niños,
que su mujer soy yo.
Bueno, eso.
Yo le creí.
Me da tanto miedo ser una idiota.
Pero a la vez, cuánto tiempo puedo seguir con esto?
Cuánta energía más puedo depositar en esta historia que, después de todo, nunca sabré cómo fue realmente.
Me doy, le dije.
Nico, me doy.
Vamos a casa,
A ser felices.

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por Redacción OHLALÁ!


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