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 • HISTORICO

Tiendas v. outlets




Entre el 1º y el 7 del actual, la venta de ropa y calzado fue más grande en Nueva York porque durante esos días no se aplicó la tasa de impuestos del 8,50% que, dicho sea de paso, es una de las más altas de Estados Unidos.
En esta misma época se producen las grandes liquidaciones de mitad de año y eso también es un incentivo para muchos visitantes.
La gran tienda Barney, uno de los nombres de mayor status desde que se mudó desde su primitiva instalación en el barrio de los confeccionistas de ropa (Séptima Avenida) hasta la lujosa Madison Avenue, tiene un local especial para estas ventas. (Anote la dirección para su agenda personal: Barney´s Warehouse 225 West 17th Street.) Se produjo los últimos días de agosto y fue tan grande el interés que se cobró en la puerta una contribución de 10 dólares con fines de caridad. No es para menos.
El descuento puede llegar al 70 por ciento. Esta pasión no se expresa únicamente en Estados Unidos. Hay mucha gente que prepara su viaje a Londres en enero para la gran liquidación de Harrods.
O está atenta a fines de junio cuando los grandes diseñadores franceses e italianos pasan de temporada y empiezan a sacarse de encima lo que les quedó de la anterior.
Desde hace unos años, comenzó a hacerse popular otra palabra en lugar de sale , el outlet , cuya traducción sería dejarlo ir . El equivalente comercial del Let it Be existencial de los Beatles.
De esa manera, el exceso de stock, la mercadería de la otra estación, las pequeñas irregularidades podrían venderse sin intermediarios. Algunos son tan famosos que compiten con las grandes ciudades cercanas. Eso es lo que pasa con el Potomac Mills, en Washington, o Sawgrass, cerca de Miami.
Y ahora con Woodbury Common, a una hora de Nueva York. Se toma el ómnibus de la Short Line en la estación terminal (calle 42 y Octava Avenida), que cuesta US$ 22,45 ida y vuelta. Hay ocho frecuencias diarias, la primera a las 7.15 y la ultima para volver a las 19.15.
Me encontré en una villa de campo, estilo country club, con la aristocracia marquera mundial porque es un Premium Outlet, la más alta gama en su tipo. Hay 220 locales para que los diseñadores vendan directamente.
En una antología parcial cito a Calvin Klein, Christian Dior, Donna Karan, Eileen Fisher, Ermenegildo Zegna, Escada, Giorgio Armani, Gucci, Guess, Kenneth Cole, Lacoste, Max Mara, Prada (y su segunda etiqueta, Miu Miu), Ralph Lauren, Tommy Hilfiger, Versace, y líneas tan famosas como Brooks Brothers, Gap, J. Crew, La Perla, Levi´s, Nautica, Nike, Rockport, Timberland, y un largo etcétera, agregando Estee Lauder (incluye Clinic y Origins) en su propia empresa, The Cosmetics Company Store. Allí liquidan también Barney, Saks y Neiman Marcus.
El esfuerzo vale la pena, aunque hay que dedicarle todo un día entre el viaje y la visita. La atracción está en la calidad y la amplitud del surtido en un lugar grato y cómodo. Los precios son buenos (entre un 25 y un 40% menos).
El comprador fuerte puede regresar a la ciudad con sus encargos completos concentrándose en un solo sitio.
Pero sigue en pie la pregunta: ¿en qué me conviene más invertir mi tiempo? En un día de outlet o de shopping por las tiendas de una gran ciudad con tantas diversiones anexas. La respuesta es tan individual como intransferible.
Tiendas v. outlets
Entre el 1º y el 7 del actual, la venta de ropa y calzado fue más grande en Nueva York porque durante esos días no se aplicó la tasa de impuestos del 8,50% que, dicho sea de paso, es una de las más altas de Estados Unidos.
En esta misma época se producen las grandes liquidaciones de mitad de año y eso también es un incentivo para muchos visitantes.
La gran tienda Barney, uno de los nombres de mayor status desde que se mudó desde su primitiva instalación en el barrio de los confeccionistas de ropa (Séptima Avenida) hasta la lujosa Madison Avenue, tiene un local especial para estas ventas. (Anote la dirección para su agenda personal: Barney´s Warehouse 225 West 17th Street.) Se produjo los últimos días de agosto y fue tan grande el interés que se cobró en la puerta una contribución de 10 dólares con fines de caridad. No es para menos.
El descuento puede llegar al 70 por ciento. Esta pasión no se expresa únicamente en Estados Unidos. Hay mucha gente que prepara su viaje a Londres en enero para la gran liquidación de Harrods.
O está atenta a fines de junio cuando los grandes diseñadores franceses e italianos pasan de temporada y empiezan a sacarse de encima lo que les quedó de la anterior.
Desde hace unos años, comenzó a hacerse popular otra palabra en lugar de sale , el outlet , cuya traducción sería dejarlo ir . El equivalente comercial del Let it Be existencial de los Beatles.
De esa manera, el exceso de stock, la mercadería de la otra estación, las pequeñas irregularidades podrían venderse sin intermediarios. Algunos son tan famosos que compiten con las grandes ciudades cercanas. Eso es lo que pasa con el Potomac Mills, en Washington, o Sawgrass, cerca de Miami.
Y ahora con Woodbury Common, a una hora de Nueva York. Se toma el ómnibus de la Short Line en la estación terminal (calle 42 y Octava Avenida), que cuesta US$ 22,45 ida y vuelta. Hay ocho frecuencias diarias, la primera a las 7.15 y la ultima para volver a las 19.15.
Me encontré en una villa de campo, estilo country club, con la aristocracia marquera mundial porque es un Premium Outlet, la más alta gama en su tipo. Hay 220 locales para que los diseñadores vendan directamente.
En una antología parcial cito a Calvin Klein, Christian Dior, Donna Karan, Eileen Fisher, Ermenegildo Zegna, Escada, Giorgio Armani, Gucci, Guess, Kenneth Cole, Lacoste, Max Mara, Prada (y su segunda etiqueta, Miu Miu), Ralph Lauren, Tommy Hilfiger, Versace, y líneas tan famosas como Brooks Brothers, Gap, J. Crew, La Perla, Levi´s, Nautica, Nike, Rockport, Timberland, y un largo etcétera, agregando Estee Lauder (incluye Clinic y Origins) en su propia empresa, The Cosmetics Company Store. Allí liquidan también Barney, Saks y Neiman Marcus.
El esfuerzo vale la pena, aunque hay que dedicarle todo un día entre el viaje y la visita. La atracción está en la calidad y la amplitud del surtido en un lugar grato y cómodo. Los precios son buenos (entre un 25 y un 40% menos).
El comprador fuerte puede regresar a la ciudad con sus encargos completos concentrándose en un solo sitio.
Pero sigue en pie la pregunta: ¿en qué me conviene más invertir mi tiempo? En un día de outlet o de shopping por las tiendas de una gran ciudad con tantas diversiones anexas. La respuesta es tan individual como intransferible.

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