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 • HISTORICO

Tierra del Fuego: la aventura no tiene fin

Hasta el fin del mundo en una 4x4 con agua hasta las ventanillas, remando en botes de goma por el río Lapataia, o a pie entre lengas y coihues, otras maneras de... descansar




USHUAIA.- Apenas pasaron las 8 de la mañana y en la combi blanca están todos medio dormidos. Todos son un español de treinta y pico con su madre (ambos dentistas), una argentina con marido norteamericano e hija de 6 años, una pareja de médicos uruguayos, un biólogo belga que trabaja en un proyecto para relevar los hábitos del delfín franciscano en Península Valdés y dos estudiantes paulistas de anteojos negros y sonrisa fácil.
La combi entra en el Parque Nacional Lapataia en busca del fin de la ruta 3. Unos cuatro kilómetros antes de llegar frena y comienza esta historia de turismo no convencional más allá del fin del mundo.
Patricio Conconi, Coco, el guía, se presenta: es de La Plata, tiene 24 años y hace uno que se vino a Ushuaia. De lavacopas a guía de turismo, previo curso y ánimo de cambio. No le interesa una novia. Quiere aprender a hablar inglés y, en algún momento, hacer un programa de viajes por la tele. Los guías que saben idiomas llegan a ganar 3000 pesos por mes durante la temporada alta.

Patos crespos y capuchinos

La madre del español es una señora grande, de edad y de peso. Baja de la combi blanca despacio, pero con entusiasmo. Igual que la hija de la argentina (expat) que vive en Londres. Todos abajo. Enfrente, el río Lapataia, varios botes inflables, salvavidas y equipos de neoprene de distintos talles. Minutos más tarde todos parecen osos, aunque por aquí no hay. "Por eso los castores son plaga. Ya les voy a contar", promete Coco, aunque no es político.
Una breve explicación del manejo de los remos y al agua. El aire está fresco y en el cielo hay algunas nubes.
Los tres botes avanzan a pesar de la remada incoordinada. En las orillas se ve una colección de patos: crespón, capuchino, de anteojos, biguá. El ostrero silba y el de vapor bate tanto las alas que parece uno esos antiguos barcos que viajaban por el Mississippi. Si alguien trajo binoculares, éste es un buen momento para usarlos.
En el horizonte siempre hay montañas. Desde Ushuaia y los alrededores nunca se ve el infinito. Como la mayoría de los habitantes es importada de distintas provincias, que tienen horizonte de mar o de pampa, a veces se sienten encerrados aquí y necesitan escaparse a Río Grande en busca de ese punto donde uno cree que se juntan el cielo y la tierra.
La navegación es plácida, dura menos de una hora, hasta que el río desemboca en la bahía Lapataia. Ahí termina la ruta 3 y llegan los micros ("de turismo convencional", se escucha entre los pasajeros de la combi blanca) a sacarse fotos en el cartel que indica que a Buenos Aires hay 3063 kilómetros y a Alaska, 17.848. Igual, cuando se va el micro, los ex osos -ya sin traje ni salvavidas- también se toman la foto emblemática.
El español y los uruguayos ya se sacaron y se pusieron los buzos unas cuatro veces. Número fijo: en Ushuaia se viven las cuatro estaciones en un día. Conclusión, nunca salir sin remera ni abrigo.
Toca un intervalo para almorzar antes de la segunda parte de la historia. El grupo se reúne cerca del fuego. No hay asado, sino unos sándwiches y una picada reparadora antes del trekking.
-¿Y los castores?- pregunta la madre del español.
-Los castores fueron introducidos hace 50 años. Acá no tienen predadores naturales y hoy hay más de 150.000. Son simpáticos, pero también un problema ambiental.
Después del almuerzo (con vino), el grupo entra en confianza y las historias de vida fluyen en varios idiomas. "Cerca del 75% de nuestros clientes es extranjero: el gringo está acostumbrado al outdoors, lo tiene incorporado, hace esquí, trekking. En cambio, el argentino es muy urbano, no suele interactuar tanto con el medio ambiente", señala Gustavo Rupretch, socio de Canal Fun.
La argentina ahora en Londres era empleada del Hotel Hyatt en Buenos Aires hasta que se enamoró de un huésped, se casó y hace cerca de 10 años que vive afuera. El médico uruguayo es especialista en terapia intensiva y cuando era joven vino con su padre a Ushuaia. Tenía 8 años y ese viaje le quedó grabado para siempre. Volvió esta vez y si puede, lo hará de nuevo.

Ahí hay un carpintero

En menos de cien metros al grupo se lo traga el bosque de lengas. En la escena siguiente hay varios con una rama de bastón, sintiéndose el pionero Lucas Bridges en El último confín de la Tierra.
A las montañas de Ushuaia las cubren ñires, lengas y coihues o guindos. Los dos primeros se vuelven rojos y amarillos en otoño, antes de perder su follaje. El guindo está siempre verde.
Adentro, el bosque es un espacio de penumbra, luces que se filtran entre las barbas de viejo y humedad. En total se caminan unos ocho kilómetros al ritmo del más lento del grupo, en este caso la madre del español, que pensó que era más fácil, por eso se animó. Pero igual, a pesar del cansancio y el resbalón en el barro, dice que esto es lo suyo. Además, se está preparando para hacer el Camino de Santiago el próximo año.
El circuito entra y sale del bosque por senderos que suben y bajan. Se pasa por antiguos concheros, lugares donde se acumulan moluscos y que explican que allí hubo asentamientos yámanas.
El biólogo belga, rubio y flacuchento, es también surfer y dice que una de sus mejores aventuras fue caminar durante un mes por el sur de Portugal. Anda rápido, habla poco y está atento a la naturaleza. Es lógico que sea él quien descubra al pájaro carpintero que busca larvas en el tronco. Es una hembra negra con la punta de la cola blanca. Ahí se queda un rato, hasta que la madre del español y el español comienzan a discutir sobre si conviene filmarla con o sin zoom. El carpintero los escucha y se va. Entonces ellos discuten sobre por qué discutieron antes en lugar de filmar.
El resto del grupo sigue rumbo a Bahía Ensenada. Ahí termina el paseo, frente a la Isla Redonda, después de cuatro horas de marcha. Antes de subir a la combi blanca, todos se acercan al muelle Guaraní, donde funciona una estafeta postal. Si esta tarde no estuviera cerrada, muchos mandarían una postal a sus amigos desde el marketinero fin del mundo. Un poco más allá, en realidad.
Por Carolina Reymúndez
De la Redacción de LA NACION

Por el lago Escondido, pero en cuatro ruedas

USHUAIA.- En este paseo uno se siente dentro de una licuadora durante buena parte del día.
No al principio, claro, cuando se parte de Ushuaia por la ruta 3 hacia el Norte. El camino pasa por los centros invernales con motos de nieve y trineos, muy usados por los locales.
Más allá, el moderno complejo de esquí, cerro Castor, al que llegan cada invierno miles de esquiadores -muchos brasileños, sobre todo- y un poco más lejos todavía, el Paso Garibaldi, a 430 metros de altura, que conecta Ushuaia con el resto del país. Aquí hay que parar un rato, aunque haga frío y dé un poco de pereza bajarse de la camioneta. La vista del lago Escondido es excelente.
La próxima parada es la antigua y bien mantenida Hostería Petrel, para un chocolate caliente o una empanada de cordero mirando al lago por los grandes ventanales. Los que se animen pueden tomar el sendero que parte desde el mismo Paso Garibaldi y baja hasta la hostería. Es una media hora de caminata.
Toda esta placidez de la excursión cambia cuando la Land Rover deja la ruta asfaltada y se interna por el Camino de los Aserraderos, llega al Fagnano y pone la doble tracción. A partir de aquí, la camioneta se mete al lago como si fuera un bote. El agua llega entonces a los vidrios y los pasajeros se divierten y gritan y también tienen miedo.
El almuerzo es una pausa, en general con asado y algún zorro colorado merodeando. Después hay otra tanda de samba en los bosques de lengas. Después de 20 kilómetros de barro y risas, otra vez la ruta a Ushuaia.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión $ 627
El precio del pasaje de Buenos Aires a Ushuaia, con tasas e impuestos, por Aerolíneas Argentinas.

Excursiones

El trekking con canoas en el Parque Nacional Lapataia dura todo el día, cuesta $ 150, con todo incluido. La excursión al Fagnano off road, $ 180. Canal Turismo; (02901) 437395; www.canalfun.com

Alojamiento

El gran nuevo hotel de Ushuaia, Los Cauquenes, con spa y vistas increíbles hacia el Beagle cuesta desde US$ 130 la doble, (02901) 441300; www.loscauquenesushuaia.com.ar
Los que prefieren los hostels, en Ushuaia tienen para elegir: hay más de 20. El precio en habitación compartida arranca en $ 18.

Entrada al parque

Para los que hagan los paseos por su cuenta, la entrada al parque cuesta $ 6 por día.

Sello del fin del mundo

Si le gusta sumar sellos a su pasaporte, éste es especial. Lo ponen en la Secretaría de Turismo, es gratis y dice Fin del Mundo. Sólo hay que acordarse de traer el pasaporte.

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