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Todo sobre la papa criolla en una feria de altura

Bajo el sol de Humahuaca, más de cien variedades de ese tubérculo




HUMAHUACA.- Era temprano en Humahuaca el sábado 13 de este mes. El sol despuntaba con modorra bajo el cielo celeste que evoca pinturas celestiales, las calles angostas con sus casas de adobe en estas tierras milenarias, camino de arrieros y caravanas.
De camiones, camionetas y colectivos bajaban las mujeres con sus sombreros negros de ala ancha, envueltas en sus aguayos multicolores llevando en sus espaldas niños pequeños. Los hombres, arropados para protegerse del frío durante la madrugada en esos parajes de la Quebrada y de la Puna -Bárcena, Volcán, Colanzuli, Ocumazo, Calpala, Achicote, Cianzo- que pertenecieron a la ruta de los incas antes del arribo de los españoles, y otros grupos que venían de Salta.
Custodios de la naturaleza, descendían con sus bolsas repletas de papas de colores impensados por las almas urbanas -rojizas, amarillas, azules, marrones, negruzcas, rosadas-, pequeñas, alargadas, vistosas como una paleta de pintor y nombres diferentes, entre ellos tune y collareja. También traían maravillosos maíces andinos, pintorescos, con sus granos del tamaño de una moneda de cincuenta centavos, color marfil, amarillo, morado y oscuro.
La gente venía de pueblos escondidos entre las montañas, salpicadas de cardones y plantas de chilca con flores naranja. Para llegar a Humahuaca, algunos viajaron durante ocho, diez y hasta doce horas por caminos sinuosos.

Desde hace siglos

Todos estaban contentos al arribar a la Octava Feria de la Papa Criolla, que forma parte de un circuito de más ferias, una tradición que se pone en práctica desde hace siglos y donde el trueque es la moneda más frecuente. En la exhibición se premia, en este caso, las mejores papas y se organizan seminarios de capacitación ya que en la actualidad se protegen los cultivos andinos mediante un proyecto que coordina Magda Choque Vilca, ingeniera de Tilcara, que desciende del cacique Viltipoco.
Como en las ferias anteriores, que fueron en Maimará, Purmamarca, Iruya y Tilcara, las 300 personas que participaron, miembros de comunidades, muestran los productos que siembran y cosechan en diminutas parcelas, cultivos que tienen miles de años de historia y estuvieron a segundos de extinguirse si no se hubiera comenzado una acción de rescate para resguardar la biodiversidad de un ecosistema frágil, pero majestuoso y notable por las especies vegetales y animales que cobija.

Con cariño y silencio

Esas papas -calculan que hay 100 variedades, muchas de las cuales se han perdido- y esos maíces, cultivados con cuidado extremo y con el cariño con el que se crían los hijos, guardan en su ser la vida entera de las comunidades que habitan los valles silenciosos. Cada variedad representa un fragmento de la historia, un orgullo para cada familia que logró cuidarla para que no se pierda ya que muchas estuvieron en peligro de extinguirse por el avance de las variedades no nativas.
Estos tesoros de los Andes se desplegaron sobre las mesas de cada comunidad, en sacos de lana de oveja, teñidos con el extracto de cáscara de cebolla, remolacha y de las plantas de la zona. Papas y maíces se lucían junto a voluptuosos cayotes, habas, quesos de cabra, empanadillas rellenas con dulces y mermeladas varias.
Con sigilo, las papas se expandieron bajo el techo del club que está frente a la vía muerta por la que pasaba un tren que venía de La Quiaca y llegaba a Palpalá llevando lanas de llamas y ovejas, y en cada estación los pasajeros compraban yacón, la raíz andina que sabe a melón y está siendo reconocida en el exterior como un producto estrella de la América indígena.
Después del cálido homenaje a la Pachamama, empezaron a mirar cuidadosamente las bolsas y sus contenidos, a canjear semillas y demás productos, a compartir sus conocimientos y el valor de lo que fueron cultivando durante largos meses a pesar de las heladas, la falta de agua o una que otra tempestad inesperada.
Un resultado adicional de cada feria es el reconocimiento a los campesinos que se destacan al preservar con dedicación vegetales con nombre y apellido.
En este mar de historias de los pueblos andinos que protegen el patrimonio agroalimentario, a veces son las mujeres más ancianas las que realizan la propagación de las papas mediante semillas, como un medio de incrementar la diversidad y de allí seleccionar nuevas variedades. En la feria no faltan bolsas de quinoa y de amaranto, dos alimentos que por su valor nutritivo suelen utilizarse para nutrir en los viajes espaciales a los astronautas.
Preservar esta herencia es fundamental para que la Quebrada de Humahuaca, por caso, siga siendo reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco ya que en este lugar del planeta las especies nativas integran el alma de la tierra.

Datos útiles

Cómo llegar

El precio de un pasaje de ida y vuelta desde Buenos Aires hasta Jujuy cuesta desde 700 con tasas e impuestos incluidos.

Próximas ferias

Vale la pena dar una vuelta por las ferias cuando se recorre el Norte donde la existencia sucede a pesar de la nostalgia, los desiertos y los salares.
Entre el 11 y el 15 de octubre próximo se realizará en Santa María, Catamarca, el VI Congreso Mundial sobre Camélidos. Habrá llamas, guanacos y vicuñas pasearán su belleza en una feria ganadera, con remate de animales y campeones. www.congresocamelidos.com.ar
En Perú, del 27 al 31 de agosto tendrá lugar en Cuzco, Perú, la V Feria Nacional de la Agrobiodiversidad, en la que se expondrán tubérculos, granos, frutas y plantas medicinales andinas, artesanías y música.
María Teresa Morresi

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por Redacción OHLALÁ!

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