
Créditos: Ohlalá
USHUAIA.- A unos pocos metros del Canal de Beagle, en esta ciudad de tan lustroso blanco que es Ushuaia, se alza intacta la construcción de piedra de lo que fue el presidio más austral del mundo. Se trata de una de las primeras edificaciones de la zona y fue realizada por y para presos. Tardó 18 años en terminarse y al funcionar como comunidad penal permitió al gobierno de Julio Roca colonizar una zona hasta ese momento desierta. Fue habilitada y clausurada en varias oportunidades, y albergó desde delincuentes seriales hasta presos políticos.
Uno de los que conoció el viejo penal del fin del mundo fue, según testimonios perdidos en el sótano de la Penitenciaria de Buenos Aires, aquel que incluso después de muerto canta cada día mejor.
Una historia agitada
En 1896, 23 presos reincidentes partieron desde Buenos Aires y luego de navegar durante 25 interminables días por el Atlántico Sur, desembarcaron en un sitio que se dibujaba ante sus ojos tan paradisíaco como inhóspito. Eran 14 hombres y 9 mujeres con sentencia dictada que llegaban para construir la colonia penal que ellos mismos habitarían. Sería una cárcel a puertas abiertas, que permitiese una integración con los pocos pobladores de la zona y así, el crecimiento de Ushuaia.
Con los años fue ascendiendo el número de convictos, que lejos de aturdirse encerrados entre rejas se dedicaron a levantar la ciudad. Si al principio fue la tala de los bosques, más tarde erigieron edificios públicos o trazaron las cloacas, ganando así el respeto y afecto de los habitantes.
En la década del 20, con el cambio en la realidad política argentina, la población carcelaria llegó a ser de 600 detenidos, entre los que se mezclaban delincuentes comunes, anarquistas atribuidos de algún crimen, estafadores y bandoleros de cualquier estirpe. Sólo los que tenían buena conducta eran trasladados en el tren que desde 1909 llegaba hasta el actual Parque Nacional Tierra del Fuego para la recolección de leña.
A principios de 1930 empeoró la situación del establecimiento, devenido por momentos en un verdadero infierno. Las torturas se hicieron moneda corriente, y los pobladores más antiguos de la ciudad todavía recuerdan a los guardacárceles arrastrando hasta el cementerio los cuerpos que no soportaban las golpizas.
Por otro lado, debido a la ubicación geográfica, las posibilidades de fuga prácticamente no existían. Los pocos presos que burlaban las guardias eran encontrados, congelados, días más tarde. Si lograban soportar las condiciones, regresaban a prisión contentos de ser rescatados por los policías, felices de haber vivido aunque sea por unas pocas horas en plena libertad, sin horarios, mandatos o castigos.
El Museo Marítimo
Esta inmensa edificación, en la entrada de Ushuaia, fue construida hace más de un siglo y hoy funciona como sede del Museo Marítimo.
Intactas, cada una de las pequeñas alcobas amuralladas está tapizada con viejos recortes periodísticos de los muchos personajes aún vivos en la memoria del penal, mientras que algunas réplicas recrean a los presos famosos en escala natural.
Allí entonces puede verse el rostro duro de Simon Radowitsky, el joven anarquista que mató al comisario Lorenzo Falcón en 1909, colocándole una bomba en el auto, y que durante su condena protagonizó una espectacular fuga marítima siendo recapturado 23 días después en la chilena Punta Arenas. Otro recordado es Mateo Banks, que comparándose nada menos que con Dreyfus, y citando en su defensa a Emile Zola, lloró ante los jueces su inocencia, tras haber matado a toda su familia sólo con el objetivo de cobrar por adelantada la herencia.
Uno de los más famosos es Cayetano Santos Godino, conocido como El Petiso Orejudo. Se trató de un muchacho demente nacido en el barrio de Parque Patricios, que solía divertirse ahorcando menores de edad para luego pasearse despreocupado por los velatorios de sus víctimas. Godino murió en 1944 de una hemorragia interna provocada por una paliza de los mismos internos, luego de haber tirado al gato mascota de la cárcel dentro de una estufa de leña.
Los rumores de El Zorzal
Imposible de olvidar, aunque difícil de relatar con precisión, la presunta estada en el presidio de un muchacho de 20 años que podría haber sido Carlos Gardel.
Según versiones documentadas, entre otras, en la revista Todo es Historia de julio de 1969 (cuyo director era Félix Luna), el oficial del Ejército Argentino Eduardo Villanova, que estuvo preso en Ushuaia, podría dar cuenta del veloz paso por el penal de El Zorzal Criollo.
Pero, a pesar de que su figura recorrió desde siempre las leyendas del lugar y los escritos que han tratado de ordenar los datos fueron numerosos, nunca se logró recomponer la historia sin remiendos.
En parte como homenaje y otro poco a modo de atractivo turístico, una de las 380 celdas unipersonales tiene pintada en la pared un dibujo de su rostro que, a diferencia de los demás presos, no muestra ni una gorra a rayas ni la mirada seca. Muy por el contrario, viste con elegancia su típico sombrero oscuro y una seductora sonrisa sutil, característica de aquellos que no conocen otra cosa que la eterna libertad.
Apuntes
Cómo llegar
- El pasaje aéreo de Buenos Aires a Ushuaia cuesta aproximadamente 460 pesos, ida y vuelta, con impuestos incluidos, por Aerolíneas Argentinas.
Alojamiento
- La habitación doble en un hotel 5 estrellas cuesta aproximadamente 175 pesos; 4 estrellas, entre 80 y 145; 3 estrellas, 80, y 2 estrellas, 60.
Museo Marítimo
- La entrada cuesta 7 pesos. Está abierto de martes a domingos, de 10 a 13 y de 15 a 20.
Ferrocarril Austral Fueguino
- El paseo cuesta 25 pesos; los menores pagan 10. El traslado ida y vuelta hasta la estación cuesta 4 pesos.
Más información
- Instituto Fueguino de Turismo, Av. Santa Fe 919, 4322-8855.
Jorge Benedetti
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