Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

TUNEZ Una meca recostada sobre el Mediterráneo

Bereberes que pesan sus artesanías, tejedoras de alfombras, perfumes con esencias milenarias, pescadores de esponjas, manadas de corderos y camellos; todo en medio de una escenografía de medinas musulmanas y ruinas romanas




TUNEZ.- En medio del alboroto, uno de los tantos vendedores sale al paso y estira su brazo como barrera ofreciendo un beduino, el pañuelo con que los tunecinos habitualmente se cubren la cabeza. Insiste en ponérselo y se lo sujeta con una correa, a modo de corona. Entusiasmado, la prueba se completa con un bournous , la túnica de los hombres del Sahara, del mismo color que ese beduino, blanco y gris a cuadros.
Transformado en un berebere (nombre de los primitivos habitantes del norte de Africa, cuyos descendientes fueron empujados a las montañas del sur de Túnez, donde aún viven) se tienta y acepta su primera oportunidad para probar zaghloul , el tabaco que se fuma de un narguile o pipa de agua.
Una escena en el souk Er-Rebâ, en las inmediaciones de la Gran Mezquita de Zakak, en Sousse, que bien puede repetirse a diario cuando los turistas deambulan por los abovedados pasillos de almacenes dispuestos en forma de colmena. Los llamados souks (o zocos) son mercados que nunca faltan en las inmediaciones de una medina (ciudad antigua), y están presentes en muchos de los pueblos y ciudades que se recuestan sobre el sahel (litoral) del mar Mediterráneo.
Si la compañía es una mujer, para ella hay un djebba o un djelbaba , vestidos tradicionales de uso habitual, aunque el último se reserva para las peregrinaciones a La Meca, a la que todo musulmán concurre, aunque sea una vez en la vida.
El sonido ambiente se condice con el amontonamiento de objetos. Parecería que los tunecinos hablan el árabe pronunciando sonidos sin respirar y hasta a los gritos. Pero a la hora de persuadir al turista para que compre alguna de sus artesanías o antigüedades repiten cualquier palabra en idioma extranjero: "España", si advierten que habla castellano, cambiándola rápidamente por "Maradona", si se le contesta que se procede de la Argentina.
La protección de Alá que pregonaba el profeta padre de Fátima, siempre se ofrece en los recovecos de los souks , mediante una afiligranada mano (llamada mano de Fátima), generalmente, hecha en alpaca aunque siempre se pretende vender como plata. Los 25 dinares (moneda de Túnez) pedidos por una pieza terminan por convertirse en cinco o seis dinares por dos, cuando ante el primer rechazo el vendedor pregunta condescendiente: "¿Cuánto paga?" No hay por qué sentirse que uno los está estafando, ellos mismos advertirán que la oferta descendió demasiado con el grito de "¡Sabotaje!" Si aún considera que el precio es excesivo y se va, él siempre lo seguirá y se la venderá a menor valor. Es que el regateo es su habitual forma de comercializar; más aún, los precios son inflados para estimular la compra.
Aromas de azahar, esencias de naranjo y de jazmín, el olor de los inciensos o perfumes como Poison, Lou Lou, Opium, Samsara y hasta Chanel Nº 5 son algunos de los olores con que se atrae y hasta marean en la Rue Souk el-Caid (zoco del perfume tunecino), justo bajo los arcos, dentro de la amurallada medina de Sousse.
Atacada, defendida durante siglos por cartagineses, romanos, vándalos y bizantinos, Sousse sucumbió ante el dominio musulmán y hoy presume de su cultura islámica.

Exclusividades islámicas

Junto a la plaza Farhat Hached está el arco de entrada por el que se traspasan las murallas y se ingresa en la medina. Entre las 8 y las 14 se puede pasar sólo al patio de la Gran Mezquita (la entrada cuesta un dinar u 0,86 centavos de dólar). No hay que preocuparse por ir vestido de manera adecuada, según la concepción local, ya que en la entrada se provee de túnicas y pañuelos para tapar los vestidos y pantalones cortos, las camisas y remeras suelen dejar al descubierto brazos y cuellos. No obstante, por el exigido recato, la sala de oración está estrictamente reservada a los musulmanes.
La recorrida por el patio es breve, no hay más que husmear entre las penumbras de la sala de oración, tapizada con esterillas hasta la puerta, junto a la que se alinean los zapatos de los devotos descalzos. En contraste con su tenue luminosidad, el brillo del pulido patio de mármol refleja las sombras de las armoniosas galerías que lo rodean.
Cerca de la Gran Mezquita de Sousse está el Ribat, un monasterio islámico fortificado del siglo IX, que corona en una torre alminar, Khalaf Al Fata, desde la que se tiene una panorámica de la medina, la ciudad y el mar, siempre que se supere el esfuerzo de ascender una escalera caracol de 30 metros de altura. En la actualidad, el Ribat es un centro de animación cultural, ya que en temporada se realizan representaciones teatrales y folklóricas semejantes a las habituales del Medievo.
Al salir de la medina por la Rue d´Angleterre sigue el espectáculo callejero de los souks con tejedores de alfombras y mantas, tradicionales alfareros, carpinteros que moldean muebles en madera de olivo, junto con artesanos caldereros que labran el cobre e inscriben el nombre del interesado en el momento.
A pasos, se impone la Kasba, un museo mucho más pequeño que el del Bardo pero que conserva por igual la bizantina técnica del mosaico que tuvo su esplendor en el período romano. Uno de sus mejores exponentes es un enorme mosaico hecho patio, la cabeza de Gorgona, a la que muchos se inclinan para desafiar la leyenda que aseguraba que transformaba en piedra a todo aquel que la mirara.
Al Norte, Port El Kantaoui da otra dimensión al turismo tunecino al ofrecer un puerto deportivo con capacidad para más de 300 embarcaciones que descansan al borde de sinuosas calles empedradas rodeadas de residencias, restaurantes, bares y tiendas blanquecinas de las que cuelgan balcones con floridos macetones y celosías verdes, "el color del islam", asegura el guía, aunque se las ve celestes, "para espantar insectos", añade. Los hoteles se alinean al mar junto a campos de golf; además de este deporte puede practicarse tenis y esquí acuático, entre otras actividades.

Oficios que labraron su historia

Su pasado fenicio los puede, no hay pueblo en los que no haya objetos, alimentos, perfumes, artesanías o antigüedades por vender. Una gran variedad de oficios ancestrales, transmitidos desde hace siglos de generación en generación, se acrecienta por el interés que despierta en el turismo y llega a emplear a cientos de miles de personas.
La plata es la materia prima de los bereberes que venden brazaletes, pulseras, collares, aros y otras bijoux por su peso, siempre con su correspondiente sello. "Si no se la pesan para calcular el precio, no acepte; no es plata", advierte Obay Taïeb, hijo de artesanos bereberes que desde hace años labran la plata frente al coliseo de El Jem, el sexto anfiteatro romano más grande del mundo, situado a 65 kilómetros al sudoeste de Sousse.
La ruta que baja hasta El Jem, ciudad de origen púnico, sigue el mismo trazado que su antigua calzada romana: es recta, monótona e interminable pero, de repente, se levanta en el horizonte una sombra velada que se perfila a medida que uno se aproxima a ella. Así se descubre el gigantesco coliseo romano, construido en el año 230. Tres galerías superpuestas descienden al graderío que podía acoger a 30.000 espectadores sentados, los cuales asistían de toda la Africa romana a ver los juegos, las luchas de gladiadores y los feroces leones, así como el martirio de numerosos cristianos.
Hoy, restaurado (muchas de sus piedras por creerse que tenían la propiedad de ahuyentar escorpiones fueron usadas en la construcción de las casas del vecindario), con la cuarta parte de lo que era, da sitio a 3000 personas que suelen presenciar, durante julio y agosto, el Festival Internacional de Música Sinfónica de El Jem.
Desde lo de Taïeb se ven deambular por la explanada que precede al coliseo a un grupo de mujeres cubiertas con su djebba o sifsari blanca que cuchichean y sonríen tímidamente al ver a los turistas cómodamente sentados en la vereda de los bares situados enfrente, saboreando el clásico té de menta.
En tanto que ellos repiten el gesto señalándolas con sorpresa, dos hombres con su clásico fez bordó (también llamado cecía , especie de casquete de influencia marroquí) ocupan la escena arrastrando a un cansino camello, escena que desencadena un sinfín de flashes al tener como telón de fondo semejante monumento romano.
"Estas joyas son moldeadas y caladas desde épocas remotas, y es una costumbre que se sigue desde la edad de bronce y la antigüedad, aunque parezca mentira _aclara el hijo de Obay Taïeb, como gusta llamarse. Su esmaltado del tipo visigodo se da desde el siglo XVI, gracias a los judíos andaluces que se exiliaron en estas tierras." Como los relatos de las cuevas descubiertas por Alí Babá, numerosas joyas, antigüedades, perfumeros y torres de vasijas se acomodan por todos lados, por lo que hay que tener sumo cuidado al caminar entre los pequeños pasillos para no tumbar ni romper nada, sobre todo si se lleva mochila.
Por Delia Alicia Piña
Del suplemento Turismo

Mujeres

Aun tras sus velos o cubiertas de túnicas, las mujeres tunecinas son de las más avanzadas entre los países árabes. Inmediatamente después de la independencia, el 13 de agosto de 1956, el presidente Habib Burguiba promulgó el Código del Estatuto Personal,que introdujo reformas progresistas que ninguna otra nación musulmana se atrevió a seguir: el matrimonio no puede realizarse sin el consentimiento explícito de la mujer; se prohíbe la poligamia y la anulación unilateral del matrimonio mediante el repudio, al tiempo que se instituye el divorcio judicial. En mayo del año siguiente se concedió el derecho de voto a la mujer.

Moneda

  • El dinar es la moneda de curso legal en Túnez y equivale a casi un dólar; exactamente, a 86 centavos promedio.
El tipo de cambio para los turistas se fija semanalmente y se aplica en todo el país, por lo que es indistinto canjear en los hoteles, bancos o en las casas del aeropuerto.
Pero es conveniente cambiar sólo lo necesario, ya que de regreso en el aeropuerto se podrá reconvertir el 30 por ciento de las divisas canjeadas con un límite de 100 dinares, solamente ante la presentación de los recibos originales del cambio efectuado.

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

Método Pathwork: ¿qué es y de qué se trata esta técnica de transformación personal?

Método Pathwork: ¿qué es y de qué se trata esta técnica de transformación personal?


por Euge Castagnino
Tapa para OHLALÁ! de junio con Stephie Demner

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.