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Turismo aventura y control de riesgos


Créditos: Ohlalá



Etiquetas como turismo aventura, turismo activo o incluso la más nueva turismo de riesgo quizá se repitan sin algunas consideraciones necesarias. Ante ciertos programas, lo habitual es reparar sólo en lo novedoso, lo distinto, lo divertido, lo excitante, y no en el significado de la palabra riesgo o en la cuota de posibilidades de que no todo salga bien que existe detrás de cualquier aventura, por definición.
Lanzarse por una pendiente alternativa al margen de las pistas oficiales, pisadas y testeadas en un centro de esquí puede ser de lo más gratificante. Pero, incluso para un esquiador de experiencia, implica un peligro extra. Bucear con tiburones, saltar de un puente atado de una soga, manejar a 120 kilómetros por hora sobre dunas de 200 metros, cazar lagartos en el Amazonas o incluso explorar de noche determinados barrios de ciudades que no se conocen pueden ser todas experiencias muy diferentes, pero igual recomendables. No es aconsejable, eso sí, encararlas sin algunas precauciones y sin el asesoramiento y la compañía de gente que esté en tema y que, en lo posible, sea aún más precavida que los mismos clientes-turistas, aunque repitan esa actividad rutinariamente varias veces al día, toda la temporada.
Si no, alcanza con ver YouTube, donde toda clase de infortunios, registrados con una cámara, perduran como ejemplos de lo que no hay que hacer. Como el video que trascendió esta semana, de un hecho que ocurrió, en realidad, el 30 de diciembre: una pareja de turistas, en su auto particular, fue atacada por un elefante en el Parque Nacional Kruger, de Sudáfrica. El animal hirió con un colmillo a la británica Sarah Brooks, de 30 años, y dio vuelta el coche varias veces, empujándolo hasta cuarenta metros fuera del camino en el que se lo había cruzado. El otro pasajero, el sudafricano Jans de Klerk, salió ileso.
La pareja se había acercado en su auto por detrás del elefante para fotografiarlo mientras bebía agua. De pronto el animal notó una presencia quizás amenazante y reaccionó, "dándoles muchas señales de advertencia", según voceros del Kruger. Los turistas optaron por apagar el motor, creyendo que al disminuir el ruido, se tranquilizaría. No funcionó, por lo que se aprecia en el video.
El Parque Kruger podría considerarse la capital mundial del safari. Abarca una superficie de casi 20.000 kilómetros cuadrados. Más de un millón de personas lo visitan al año con la ilusión de ver, a poca distancia y sin rejas de por medio, a los denominados Cinco Grandes: el elefante, el león, el rinoceronte, el búfalo y el leopardo. Algunos turistas se hospedan fuera del predio; otros duermen adentro, en campamentos o en refugios privados, como el sofisticado Jock Safari Lodge. Para salir a cazar (con cámaras de fotos), basta con subirse al auto alquilado y recorrer sin más los buenos caminos del parque. Normalmente, lo que ocurre es que en algún punto se detectan otros autos parados, señal que se encontraron con algún grupo de animales. Es simple y económico. Parece que es lo que Brooks y De Klerk hicieron.
La mejor opción, sin embargo, es no ahorrar en este ítem y contratar las salidas (usualmente a la madrugada y al anochecer, los mejores momentos para avistajes) con un ranger que experto, con el que se gana tiempo y probablemente se eviten inconvenientes como el de la pareja del video, que no son nada frecuentes, pero sí evitables.
El turismo aventura no tiene que ser turismo gonzo.

ENTRETENIMIENTODE A BORDO

Café por minuto. En el café Ziferblat, que acaba de abrir en Londres, el cliente paga 3 centavos de libra por minuto de estadía, pero la consumición es gratis. Para los que gustan charlar, ojo, no hay límite de permanencia.
El más alto. El flamante The Courtyard-Residence Inn Central Park (Manhattan) se ha convertido en el hotel más alto de los Estados Unidos, con sus 228 metros, y supera a un hotel hermano, el Detroit Marriott, el Renaissance Center, de 221 metros.
Tuk tuk. El 15 de diciembre, Nick Gough y Richard Sears terminaron un viaje de 16 meses, 42.120 kilómetros y 39 países, en un tuk tuk,un pequeño vehículo de tres ruedas. En Buenos Aires casi tuvieron que abandonar por problemas mecánicos.

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por Redacción OHLALÁ!

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