
Créditos: Ohlalá
En los últimos años, el Museo Nacional de Baviera se convirtió en uno de los grandes atractivos de Munich. Sus colecciones lo ubican entre los museos de artes decorativas más importantes del mundo, especialmente por su dedicación al arte bávaro de diferentes épocas.
Fundado en 1855 por el rey Maximiliano II de Baviera, su creación tuvo por objeto salvar del olvido monumentos y ruinas del pasado.
Así, se reunieron obras de arte de familias nobles, herederos de grandes artistas de la región, y las pertenencias reales, sumadas a las colecciones privadas, que engrosaron los fondos del museo.
La gran cantidad de obras exigió su traslado, pero hubo que esperar hasta 1900 para que el museo ocupara el actual edificio de Prinzregenten-Strasse 3, que muestra su inconfundible perfil palaciego de neto cuño bávaro.
La disposición de sus colecciones permite obtener una visión histórico-social. Visitarlo es un viaje por diferentes épocas del arte y la historia cultural europea. Sus pinturas, tapicerías, muebles, orfebrería, instrumentos musicales y antiguas armas gozan de un prestigio inigualable.
Entre las joyas de sus colecciones sobresalen algunos crucifijos del siglo XII, la escultura gótica alemana Virgen con niño en el rosal , las piezas de orfebrería en plata de Hildesheim y las barrocas casas de muñecas del siglo XVII. Pero hay especialidades y rubros en los que este museo tiene pocos rivales. Nada está mejor representado en sus salas que la escultura, en un admirable recorrido que comienza en la temprana Edad Media y llega al siglo XIX.
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