Newsletter
Newsletter

Un ómnibus llamado deseo

Viajar en transporte público es una forma de bajar costos o evitar el estrés


Créditos: Ohlalá



El mundo que conocimos se fue igual que Astor Piazzolla y Frank Sinatra.
Nos quedan los recuerdos, las grabaciones, las fotos cuando las cámaras no eran digitales ni servían para hablar por teléfono. En diez años, la realidad dejó de ser lo que era.
El peso convertible del empate uno a uno terminó goleado por el euro 5 a 1.
Nosotros tampoco somos los mismos. Pero estamos vivos y con ganas de seguir viajando, y la cuestión es encontrarle la vuelta. Hay que estar más contentos con lo que tenemos que agobiados por lo que nos falta.
Por eso hay un ómnibus llamado deseo. Gracias al emilio (e-mail en la jerga globalizada) aprendí mucho de los lectores esta semana y me pude ver en el espejo compartido. En muchos mensajes se prefiere viajar como antes, por su cuenta, individualmente, improvisando sobre la marcha al compás de sus ganas.
Comparto la idea, pero no me da el cuero igual que a la mayoría. Recuerdo mi visita a la Alhambra. Tuve la suerte de alojarme en el Parador de Granada (hoy, a 350 euros) y despertarme con el murmullo de la fuente igual que los moros.
Ahora, los que quieren visitarla, como me contó la señora Elena, no tienen seguridad de poder entrar porque hay límites de ingreso, si no se han reservado los tickets con mucha anticipación por Internet ( www.alhambra.info ). Incluso hay excursiones que no pueden cumplir sus compromisos y la gente queda afuera porque las entradas están agotadas.
"Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio", canta Serrat, que pierde el pelo, pero no su encanto. En España se dieron cuenta de que el ómnibus podía servir como carpa itinerante de costo menor. Primero para pasear en su país y luego en la Europa grande de los 27 que forman la UE.
Tampoco uno puede, como sucede en Buenos Aires, Córdoba o Rosario, irse hasta la terminal y armar por su cuenta su viaje en varias boleterías. Allí todo hay que hacerlo por Internet y es más simple adquirir un pasaje en tren o avión, aun de bajo costo, que en micro.
En nuestro país nos quejamos, y con razón, de no tener un buen servicio aéreo ni ferroviario. Me gusta pasar el verano en Traslasierra, Córdoba. A 20 kilómetros, en Villa Dolores, hay una pista donde a lo sumo aterriza una avioneta privada para alegría del pueblo. Hacia el otro lado hay un moderno aeródromo en Merlo, San Luis, con muy pocas frecuencias.
Entonces para hacer los 900 kilómetros desde la Capital necesito dos días en auto. Tengo que hacer noche a mitad de camino por el estrés de manejar en las rutas nacionales 7 y 8, con doble mano, aunque cobren como autopistas. Me juego la tranquilidad o la vida en cada sorpasso por el paso interminable de camiones.
Mi solución, y la de muchos, es tomar un micro con coche cama y dormir 11 horas mientras otros manejan.
No comprendo por qué, con una magnífica flota, no hay más equivalentes a los de España para pasear haciendo escalas en hoteles modestos por Cuyo, el Litoral, el Norte o el Sur. Los jubilados, en sus excursiones fuera de temporada, nos dan un ejemplo por seguir. Igual que los mochileros, saben aprovechar el poco dinero que tienen, porque lo que más vale, el paisaje y su gente, no tiene precio.

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

¿Cuáles son los mejores lugares para probar este clásico postre italiano?

¿Cuáles son los mejores lugares para probar este clásico postre italiano?


por Redacción OHLALÁ!

Tapa de mayo de revista OHLALÁ! con Violeta Urtizberea

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2026 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.

QR de AFIP