

Nos sorprendió la tupida selva tucumana, la hermosura de Tafí del Valle y las imponentes ruinas de los Quilmes. Pero íbamos más lejos, a Cafayate, y cuando a los costados de la ruta aparecieron los primeros cardones, supimos que habíamos llegado.
Lo siguiente fue tomar la ruta 40 y pasamos por Animaná, San Carlos, seguimos a Cachi, a la ciudad de Salta y dos días después, a San Antonio de los Cobres. Fue un viaje genial. Por la ruta 40 seguimos hasta pasar al territorio de Jujuy y dar con ese mar blanco llamado las Salinas Grandes. Descendiendo la Quebrada de Humahuaca la belleza volvió a sorprendernos mostrándonos el Cerro de los Siete Colores. Continuamos con el recorrido pasando por Maimará, Tilcara y Humahuaca.
Un desvío de ripio solitario y con cuestas difíciles nos hizo llegar a un poblado llamado Iruya. Sus casas están en una fuerte pendiente. Pasamos la noche en una casa de familia, durmiendo junto a un silencio ancestral. Fue milagroso.
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