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 • HISTORICO

Un pueblo de cowboys posmodernos

Aunque usan sombrero y botas, andan en moto por las calles de Gruene, fundada en 1872 y refugio preferido de los habitantes de Austin y San Antonio




GRUENE.- Increíble, pero cierto. A tan sólo 45 minutos de San Antonio, Texas, el sitio donde Manu hace maravillas con la pelota, hay un pequeño lugar que está repleto de vaqueros. Sí, personajes que llevan camisas a cuadros, jeans, botas texanas, sombreros y por si esto fuera poco, montan caballos de acero. ¿Caballos de acero? Así es, motocicletas. Para algunos, los caballos del siglo XXI.
Por este y otros motivos el pueblo de Gruene (se pronuncia Grin) es un sitio especial. Ubicado a orillas del río Guadalupe se trata de un refugio adonde escapan los fines de semana varios de los habitantes de dos de las ciudades más importantes de Texas: San Antonio y Austin, la capital del estado.
Gruene fue fundado en 1872 por Henry D. Gruene, un comerciante que en ese entonces adquirió la tierra para producir algodón. Como le sucede a muchos, Henry quedó enamorado del lugar, tanto que algunos años después construyó una casa y se mudó. El sitio que fue su hogar durante el resto de su vida todavía existe y funciona como un pequeño hotel. Es conocido como La Mansión de Gruene y la construcción está catalogada como parte de los sitios históricos de Estados Unidos.
Si se viene desde San Antonio se puede llegar por dos caminos. La ruta 35 es la más veloz, pero también es la más aburrida. Si lo que se quiere es emoción y hacer algo memorable hay que tomar la ruta 46. No por nada es éste el camino favorito de los cowboys posmodernos. Por este asfalto galopan con sus poderosos caballos de acero.
La ruta es doble mano y va en medio de verdes y enormes campos. En algunos de éstos se cría el ganado típico de la región, el conocido como Longhorn. Asimismo, también hay pequeñas bodegas donde se produce y se vende vino casero. Este es un buen lugar para hacer una escala y estirar las piernas. Además se ofrecen copas para degustar los vinos. Por supuesto, esto ocurre siempre y cuando no esté usted conduciendo.
Un elemento que le pone diversión al camino es el espectáculo que hacen las patrullas de caminos. Se las puede ver mientras buscan dónde esconderse para no ser vistas y de esta manera poder atrapar a los infractores de la ley, a los que viajan a más de 100 km por hora. Sus escondites favoritos son los que se encuentran detrás de frondosos árboles o bien a un lado de los espectaculares carteles publicitarios. Algunos son más audaces y llegan al extremo de cubrir sus vehículos con ramas, algo de película o video musical.
Una enorme torre de acero con un tanque de agua indica que se ha llegado. Afortunadamente el camino fue entretenido y el tiempo ha volado.

De Taylor a Travolta

En las calles de Gruene llaman la atención las casas de antigüedades y los pequeños hoteles tipo Bed & Breakfast. Son sitios lindos donde es posible tomar el té. Para los amantes de las compras y los souvenirs, hay pequeños y pintorescos comercios.
Lo bueno es que acá todos los comercios se localizan sobre la misma calle, la única. Resulta llamativo que muchas de las casas conservan refugios para protegerse en caso de que llegue un huracán.
Antes de terminar el recorrido es obligatorio introducirse en el Gruene Hall. Una casa de madera blanca que funciona desde hace años como sala de conciertos para cantantes de música country. Aquí han tocado artistas de la talla de James Taylor, Lyle Lovett, Willie Nelson y George Strait. Creado en 1880, el lugar es uno de los favoritos de los visitantes. Se vende cerveza y gaseosas; si uno quiere puede llevar la comida desde su casa y disfrutarla sobre alguna de las mesas.
John Travolta lo eligió para filmar algunas escenas de la película Michael, en 1996. ¿Qué hacía en estas escenas Travolta? La respuesta es obvia: bailaba. No hay tango. Sólo two step. Un baile típico de los vaqueros de la zona. Verlo es divertido, los cowboys y sus parejas se mueven con onda, tanta que se antoja ir por unas botas, un sombrero y a darle a este peculiar baile un rato.

Porciones gigantes y platos hot

A la hora de comer, lo mejor en Gruene es dirigirse hacia uno de los atractivos principales de este pintoresco lugar: The Grist Mill, restaurante de madera con mesas al aire libre, donde se puede escuchar y ver el río pasar. El sitio es atendido en su mayoría por estudiantes de la Universidad de San Marcos, una aledaña ciudad universitaria.
Es un espacio idóneo para comer una hamburguesa. Hay que tener cuidado con las porciones texanas, que suelen ser enormes. Ya lo dijo en alguno de sus documentales el escritor y cineasta estadounidense Michael Moore: "Texas es el estado más gordo de la unión americana y mucho tiene que ver con esto el tamaño de las porciones". También pueden probarse los platos tex-mex.
Se recomienda pedir los torpedos: jalapeños rellenos de queso, buenísimos, pero hay que tener una jarra con agua a mano. Recuerde que lo tex-mex suele ser muy picante y el agua, cuando se está con la boca hecha fuego, es el mejor aliado que uno puede tener.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión, de Bs. As. a Houston por Continental Airlines, US$ 690, o por American Airlines a Dallas, a partir de los US$ 900.

Degustación de vinos

En "The Grapevine", un pequeño negocio de Gruene, se pueden degustar variedades de vinos texanos y alemanes. Eso sí, hay que ser mayor de 21 años.

Feria de artesanos

De febrero a noviembre, todos los fines de semana los artesanos de la región visitan Gruene para exhibir y vender sus creaciones. En la variada feria se jundesde pintores hasta cocineros.
Juan Carlos Melgar

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