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Un viaje sin conflictos

Al margen de la compleja situación en la zona, el estado de Israel en el corazón de Medio Oriente no deja de recibir visitantes, atraídos por una riqueza histórica inigualable y por profundos sentimientos religiosos




TEL AVIV.- Quizá como ningún otro lugar en el mundo, Israel tiene el privilegio de mostrar un pasado único, inigualable, en el que el peso de las tradiciones compite palmo a palmo con un legado histórico grandioso. Y el turismo lo sabe y por eso es que sigue llegando a estas tierras pese a los conflictos bélicos que se suceden en esa zona convulsionada que es la Franja de Gaza. Es que aquí el miedo y la amenaza parecen quedar lejos, como si el resto del país se hubiese aislado de tanto horror.
Por eso, cuando se recorre Israel lo primero que se siente es que se está transitando la historia. Sucede que este pequeño territorio delimitado por Egipto, Jordania, Siria, el Líbano y el mar Mediterráneo fue testigo del nacimiento de imperios y de la caída de civilizaciones, del tránsito de los ejércitos más poderosos del planeta y del establecimiento de culturas pacíficas, en una sucesión cronológica imposible de comparar.
Aquí cada una de las calles, cada una de las paredes y hasta cada una de las piedras del camino parecen querer contar un pasado que se remonta a milenios. Y es esa sensación de temporalidad la que agudiza los sentidos y saca a relucir las emociones, como si se estuviese realmente cerca de experimentar esa idea tan abstracta e inalcanzable que es la eternidad.
Pero no sólo eso, porque desandar Israel es también una forma de reencontrarse con las costumbres de la infancia, un revivir de sensaciones que parecían olvidadas y que parecen destrabarse y fluir constantemente ni bien se trasponen las puertas de los templos o las iglesias, o se pone un pie en un lugar santo.
Y es eso, quizá, lo que más impacta y conmueve al visitante: el enorme peso de las tradiciones. Es que más allá de cuestiones religiosas o creencias personales resulta imposible abstraerse de la tan particular carga emotiva que emana cada lugar y que se potencia por el sentimiento mostrado en los rostros de los visitantes.
Por eso, si lo que se busca es sólo la historia fría y cronológica, es sobre la costa del Mediterráneo donde el visitante puede rastrear fácilmente los vestigios de las diversas civilizaciones que se sucedieron en esta área.
Como por ejemplo en Cesárea, ciudad nombrada así en honor al gran Julio César y que hace poco más de dos milenios supo ser la capital administrativa de la provincia romana de Judea y el principal puerto de aguas profundas de la región. Ahí aún se conservan los restos de la ciudad amurallada construida en el siglo IX por los árabes y se puede ver el anfiteatro levantado por Herodes (hoy reconstruido y utilizado para montar obras teatrales y ofrecer conciertos musicales).
O también en ese remanso llamado San Juan de Acre, un poco más al Norte, antiguo puerto de desembarco de los cruzados y en el que aún sobrevive parte de la ciudad subterránea que aquéllos construyeron para defenderse de los constantes ataques musulmanes.
O más hacia el Este, en pleno desierto y muy cerca del Mar Muerto, el monumental Massada, imponente palacio amurallado construido en la cima del monte que lleva ese nombre y en la que en el año 73 los casi 1000 zelotes que resistían el sitio de las tropas romanas decidieron quitarse la vida antes que entregar el lugar, en una acción que hoy sigue siendo motivo de polémica entre los judíos.
Y, como se dijo, está el otro Israel, el que tiene que ver con la espiritualidad y que transforma al viajero en una especie de peregrino que va recorriendo los llamados lugares santos en una tierra que emana sacralidad y en la que la religión, cualquiera que sea, se siente en el aire y se vive de manera constante en la vida cotidiana. Como en el lago Tiberias, también conocido como Mar de Galilea, el mismo en el que hace 2000 años Jesús solía salir a pescar junto con varios de los que luego fueron sus apóstoles y que, tras recorrer sitios que casi son leyenda, como Nazareth, el Monte de los Olivos o Cafarnaúm, lleva indefectiblemente a la increíble bella Jerusalén, la Ciudad de la Paz, y también de la guerra; la que se calcula tiene unos 4500 años y que es la única que en tremenda cantidad de tiempo estuvo siempre habitada.
También es la misma que fue invadida 18 veces y que otras 19 volvió a liberarse y levantarse de las ruinas, y que es foco de la eterna disputa entre las tres grandes religiones de la humanidad que la aclaman como santa. La misma que guarda tras las centenarias murallas reconstruidas por el sultán Sulaimán el Magnífico en el siglo XVI nada menos que el Muro Occidental o de las Lamentaciones (lo único que queda del segundo templo judío construido por el gran rey Herodes y que fue destruido en el año 70 de nuestra era por las legiones romanas de Tito).
Es la urbe que conserva entre sus calles empedradas y estrechas el recorrido que realizó Jesús antes de ser crucificado, y que tiene como tesoro incalculable la iglesia donde se conserva el Santo Sepulcro; es la que guarda dentro de la imponente mezquita de techo dorado llamada el Domo de la Piedra, la roca desde la cual los musulmanes creen que Mahoma se elevó a los cielos.
Jerusalén es también la ciudad de las ochos puertas y los cuatro barrios; la de las callecitas que no terminan y las que se vuelven un laberinto de escaleras; la de los sokos (mercados al aire libre), y la del regateo; la de los museos, y la de las noches sin final. Y también la de la fe profunda y sentida, esa que contagia y convierte al viaje por aquí en una experiencia inolvidable.

Datos útiles

Cómo llegar

  • Desde Buenos Aires, por Aerolíneas Argentinas vía Madrid o Roma, y de ahí haciendo combinación con El Al a Tel Aviv. El costo del ticket es de aproximadamente US$ 1660 con impuestos incluidos.

Dónde dormir

  • En todas las ciudades la oferta hotelera es numerosa y se adapta a todos los bolsillos. En Tel Aviv, el hotel Dan Panorama ofrece habitaciones dobles con desayuno por US$ 360 la noche (Informes: www.danhotes.com ).
  • En Jerusalén, el hotel Mount Zion, a pocas cuadras de la ciudad vieja, tiene habitaciones dobles con desayuno en temporada alta desde US$ 170 ( www.mountzion.co.il ).

Dónde comer

  • La oferta culinaria es abundante. Para presupuestos ajustados, un falafel o un shawarna (sándwiches típicos en pan árabe) y una gaseosa, por unos 20 o 30 NIS. Una comida en un buen restaurante cuesta unos 150 NIS por persona.

En Internet

Por Diego Cúneo
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por Redacción OHLALÁ!

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