• HISTORICO

Una celebración para ponerse el antifaz

Cuando llegan los días de carnaval, los disfraces ocultan las diferencias y la diversión ocupa el centro de la escena




Desenfreno, sensualidad y alegre locura. Cuando llega el carnaval, muchos se disfrazan para mostrarse tal cual son. Las ciudades cambian de sintonía, se olvidan de los problemas y se manifiestan con su propio lenguaje. "El carnaval es una fiesta que, a decir verdad, nadie le ha otorgado al pueblo, sino que el pueblo se dio a sí mismo", dejó sellado Goethe en su libro Viaje por Italia , tras haber presenciado el carnaval de Roma, de 1878.
Según la etimología de la palabra, carnaval deriva del latín carnem levare , que significa levantar o suspender la carne, porque termina cuando empieza la cuaresma. Aunque durante la Edad Media se lo llamó Fasnachat, que significa fiesta de locura.
Cada año trae nuevos vestuarios, escenografías, colores y ritmos, pero vuelve a repetirse el mismo ritual, que perdura desde tiempos remotos y cuyo origen todavía llena de inquietudes a los historiadores.

Un investigador

Coco Romero, coordinador de Culturas Populares del Centro Cultural Rojas,de esta capital, que también dicta talleres de murga, dedica su tiempo a la investigación de los carnavales en el país y en el mundo.
"Es preciso situar estos festejos en el contexto de las celebraciones del cristianismo, porque su desaparición en el calendario provoca en el imaginario colectivo la pérdida de identidad. La gente no lo relaciona, pero este período está invadido por las emociones: desde el nacimiento de Jesús hasta su muerte y resurrección", explicó Romero.
También, hizo alusión a las fiestas paganas y rituales antiguos, como las saturnales, celebraciones en honor a Saturno y las Bacanales, dedicadas a Baco. Muchos de sus elementos fueron tomados por el carnaval.
Costumbres paganas, supersticiones, culto a los muertos y desmesura seguida de castigos y restricciones, signaron estas fechas.
Las huellas de los primeros carnavales se remontan a Babilonia, 4000 años a.C. Un lugar donde el orden natural se invertía. Así, en lugar de quemar al Rey Momo al término de los festejos, se dictaminaba la muerte de una persona. Se elegía a un reo con pena de muerte que era condecorado como si fuese el rey. Al cabo de cinco días todo retornaba a su lugar. El reo era destronado, azotado y sacrificado para redimir al soberano y liberar la malicia ante los dioses.

Pura suntuosidad

Venecia, sin duda, es una de las ciudades más enigmáticas durante estas fechas y goza de un importante legado. Aún quedan reminiscencias de tiempos pasados, cuando se celebraban los carnavales más largos de la historia, pero el sentido de aquellas fiestas populares devino pura suntuosidad.
Historias y más historias fueron tejiéndose en torno de los carnavales. Más allá de las revueltas que ocasionaban y las consiguientes prohibiciones, los carnavales sobrevivieron al paso del tiempo.
Coco Romero destaca la autenticidad del carnaval porque es el gran teatro que realiza la gente, a diferencia de otro tipo de espectáculos. Es una válvula de escape en la que el pueblo parodia la realidad y rompe con lo cotidiano. También dice que uno de los elementos esenciales para llevarlo a cabo es el disfraz, que es parte de la génesis del carnaval. "Con el disfraz, uno deja de ser el mismo".
Cada rincón del mundo lo festeja a su modo y, en algunos casos, en distintas fechas. En el norte de la Argentina y en Bolivia, el carnaval está ligado a los pedidos que le hacen los habitantes a la naturaleza. En cambio, en las ciudad, el sentido es otro, que deriva de las apropiaciones, como la murga en Buenos Aires, traída por inmigrantes.
"El carnaval es la fiesta de los sentidos. Es bailar, comer, cantar, tomar. Pero no sólo los cuerpos participan, también es la fiesta de los artesanos, de los que escriben y de los que sueñan", cuenta Romero con poesía.

Murgas, Patrimonio Cultural

De la ciudad de Buenos Aires
Más de 50 corsos distribuidos por Buenos Aires y más de 100 murgas tienen la firme expectativa de armar, los viernes, sábados y domingos un verdadero festejo popular, llenando las calles porteñas del color y del ritmo que reclama el dios Momo, rey del carnaval.
Buenos Aires tiene, en su larga tradición, el festejo barrial, donde las murgas son el alma y la expresión más genuina del carnaval, y llevan sobre sus hombros un pasado propio, en el que no faltaron prohibiciones, azotes y desapariciones.
Desde los edictos y proscripciones impartidas por virreyes, con amenazas de excomuniones por parte de los obispos coloniales, hasta el decreto de la última dictadura militar en 1976, que borró del calendario el feriado de lunes y martes de carnaval, disposición que sigue vigente, la fiesta recorrió un sinuoso camino.
Después vino la orden de prisión, decretada por Rosas en 1844, para quienes contravinieran la prohibición de festejar el carnaval; y tras su caída, se restablecen las fiestas, pero con medidas muy estrictas de control.
En 1869 se realizó en Buenos Aires el primer corso con comparsas de negros y de blancos tiznados, que relucían con sus disfraces y su ritmo.
Las agrupaciones de carnaval surgieron por barrio, y cada uno comenzó a tener su corso. En el siglo XX decayeron y resurgieron los festejos, en los que las murgas alzaban su canto picaresco, satírico y de crítica social y política, como en la actualidad.
Es el homenaje al dios Momo, quen en la mitología griega personifica tras una máscara la crítica jocosa, la burla inteligente, mientras la cabeza de muñeco simboliza la locura.
La época que más recuerdan los viejos murgueros es la década del 40 como uno de los momentos de mayor brillo. Atrás había quedado la crisis económica del 30 que apagó por un tiempo ese espíritu, y después vendrían nuevas luces y nuevos apagones.
En la última década, la recuperación del carnaval porteño se hizo carne en el sentir de las agrupaciones carnavalescas, que año tras año instalan en el centro de Buenos Aires a sus murgas reclamando aquellos tradicionales feriados.
En este marco, lograron en 1997 ser declaradas, por ordenanza 52039, Patrimonio Cultural de la ciudad, y reinstalar así a las murgas en parques y plazas.

Agenda del país

Ciudad de Buenos Aires
  • Desde el 9 del actual hasta el 5 de marzo, todos los viernes, sábados y domingos, desde las 20, la cita será en 57 lugares de la ciudad. Alrededor de 108 agrupaciones participarán en los encuentros barriales. Los viernes los desfiles finalizan a la 1; los sábados a las 2, y los domingos a las 24. No habrá desfile inaugural ni festejo central.
Mar del Plata
  • El 17 y 18 de este mes en el paseo Hermitage, a partir de las 19 y hasta la medianoche, murgas, comparsas, carrozas y candombes. En La Perla y en Punta Mogotes hay carnavales infantiles, todos los días.
Corrientes:
  • Capital: todos los viernes, sábados y domingos, hasta el 4 de marzo.
  • Esquina: 9, 10 y 11 de este mes.
  • Goya: 3, 10 y 17 de este mes.
  • Paso de los Libres: 9, 10, 17, 23 y 24 de este mes.
  • Mercedes: 9,10, 16 y 17 de este mes.
Entre Ríos
  • Gualeguaychú: 10, 11, 17, 18 y 24 de este mes. Sábado 3 de marzo.
  • Gualeguay: 10, 17 y 24 de este mes.
Córdoba
  • Villa General Belgrano: 17 y 18 de este mes.
  • Unquillo: 9, 10 y 11 de este mes.
  • Valle Hermoso: 16 al 19 de este mes.
  • Tanti: 19, 20 y 26 de este mes.
  • Embalse: 9 y 10 de este mes.
  • Santa Rosa de Calamuchita: 24 y 25 de este mes.
Misiones
  • San Ignacio (60 kilómetros de Posadas): 9, 10, 16 y 17 de este mes desfilan las agrupaciones locales. El 3 de marzo, comparsas de diferentes localidades. A partir de las 21.
Salta
  • Capital: 9, 10, 11, 16, 17, 18 y 19 de este mes.
Jujuy
  • Desde San Salvador de Jujuy hasta La Quiaca, incluyendo el este de la provincia (sector de las Yungas): 24 de este mes (desentierro de carnaval). Continúa hasta el 4 de marzo.

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