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 • HISTORICO

Una excursión que va en busca de los orígenes

Es posible apreciar pinturas rupestres de hace 2500 años




SAN MARTIN DE LOS ANDES.- La zona del Parque Nacional Lanín fue habitada por el hombre desde hace 10.000 años.
Poco se puede imaginar sobre cómo se desarrollaría la vida cotidiana en un lugar donde azotan las bajas temperaturas, las lluvias y la nieve. Las pinturas rupestres atestiguan su presencia y modo de vida.
Actualmente, se conservan dentro de la estancia Lemu Cuyen unas de hace 2500 años. No se puede acceder sin permiso porque es propiedad privada, pero hay excursiones que abren las tranqueras. Mario Paschetta, o El Moro, es un reconocido guía de sangre mapuche que devela los secretos de la naturaleza.
A cargo de un grupo integrado por varias familias, se tomó la ruta nacional 234, también llamado El Camino de los Siete Lagos, el principal corredor turístico de la región.

Los bramidos de los ciervos

El Moro contó que durante el otoño comienza la época de reproducción de los ciervos. Si bien llegan extranjeros para la temporada de caza, que coincide con ese período, no hay como internarse en el bosque para escuchar los bramidos de estos animales, que indican que están con hembras y dispuestos para la pelea. El Moro, con su carisma, imitaba los bramidos de los más fuertes y la pobre respuesta de los débiles.
Cada vez más cerca de las pinturas rupestres, es fácil olvidarse del fin de la visita, cuando el camino pide tantas paradas. Mientras, se bordean 10 kilómetros por el lago Meliquina, en un túnel serpenteante de árboles autóctonos, con zonas de vado, donde se observan algunas carpas dispersas.

Bandidos en fotos

La naciente del río Meliquina se atraviesa por un puente de madera, cerca de unas playas de arenas volcánicas, que son un imán para los pescadores. A un lado hay un parador que funciona como casa de mate y restaurante de los hermanos Daniel y Martín Etcheverry, ambos californianos. Allí se pueden comer pastelitos y curiosear las fotos de Butch Cassidy y Sundance Kid, los bandidos norteamericanos que se afincaron durante un tiempo en la Patagonia.
Unos pocos kilómetros más y el viajero está a las puertas de la estancia Lemu Cuyen. Se vuelve a cruzar el río y sólo resta avanzar por un camino que bordea un precipicio. No es peligroso, pero si se conduce con recaudos. Para los que no están acostumbrados el camino se hace largo...
Luego, ya sin vehículo, comienza una caminata entre los pastizales. El silencio y el canto de los pájaros hacen pensar que es la primera vez que el hombre pisa ese lugar.
Sin embargo, esas pinturas escondidas en las piedras confirman que hace miles de años los hombres vivían de la caza y se guarecían con sus familias allí, junto al río. Estas huellas de 2500 años fueron descubiertas hace cinco. Los científicos calcularon la edad, pero los lugareños las interpretan. El Moro explicó que los trazos rojos simbolizan las familias, la caza de guanacos, los puntos cardinales y las líneas de comunicación, entre otras manifestaciones.
De regreso, el guía ofreció modificar el plan para retornar a la ruta. El que quería podía evitar volver por el camino de la estancia, si estaba dispuesto a cruzar el río Meliquina, que bordeaba la ruta. La mayor parte del grupo aceptó la propuesta y se marcó el punto de encuentro con el guía, que debía volver con la camioneta. Antes de partir dio indicaciones para sortear la zona donde corría mayor caudal y aseguró"el agua no les va a llegar ni a las rodillas".
El primer arroyo algunos lo cruzaron en jeans y zapatillas, tal como estaban. Pero otra parte del grupo, prefirió hacerlo descalzo con las botamangas arremangadas. Otra vez volver a ponerse las medias y calzarse para retomar un sendero lleno de abrojos, pero el río estaba cerca y la ruta también. Mientras tanto, El Moro aguardaba arriba, mirando a los aventureros.
Ya frente al Meliquina, los que estaban con las zapatillas chorreando, volvieron a cruzar del mismo modo. La corriente empujaba y había que afirmar los pies sobre las piedras del lecho. Pero no hubo inconvenientes, pese a que el agua llegaba a la cintura y estaba bastante fresca. Los que no quisieron mojar el calzado, esta vez tampoco estaban dispuestos a empaparse la ropa. Con los pantalones bajo el brazo y las zapatillas colgando del hombro emprendieron la trabajosa tarea de no resbalarse entre las piedras enfrentar la corriente y mojarse lo menos posible.
La escena era de lo más divertida, porque nadie estaba preparado para darse un baño de ese tipo. Al final todos salieron mojados y se encontraron con el guía que se divirtió tanto que no le importó que mojaran la camioneta y se la llenaran de abrojos.
Hasta que la excursión finalizó, el grupo no dejó de intercambiar las anécdotas que había generado el cruce. Tal vez de ese modo se haya aprendido más sobre los que pintaron hace miles de años sobre esas piedras, que ocupando el pasivo rol de espectador.

Cotizado

  • Hasta el lago Meliquina, al que se llega por el desvío de la ruta provincial 63, de ripio, también hay algunas estancias que reciben principalmente a pescadores deportivos, muchos norteamericanos, dispuestos a pagar paquetes de entre 5000 y 10.000 dólares, por semana y por persona.
En Internet figuran varios sitios en los que se presenta el parque como uno de los rincones más bellos del mundo, con ríos abundantes para la pesca de truchas.

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por Redacción OHLALÁ!
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