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Una isla que bendice el Caribe

Compartida por Francia y Holanda muestra sus rasgos típicos, pero con el sello del sabor latino; un destino que hace ola


Créditos: Ohlalá



MARIGOT, Saint Martin.- Detrás de una larga barba entrecana se esconde un rostro que, al mismo tiempo, busca ocultarse del sol debajo de un sombrero de paja. Con pantalones cortos y camisa arremangada por encima de los codos, Roland Richardson se parece más a un explorador que a un pintor del Caribe.
Su atelier es la isla y el flamboyant, ese árbol de flores tan rojas como se pueda imaginar, una verdadera obsesión. Sus aguafuertes transpiran caprichos de la naturaleza: playas blancas; palmeras peinadas hacia el mar por los vientos alisios; rocas que emergen a la distancia y encierran corales para bucear; pelícanos que se lanzan desde lo alto en busca del almuerzo y el mar... Una fuente cálida de agua mansa y transparente que sólo la ausencia de color puede dibujar.
Saint Martin/Sint Maarten es un arco iris en el centro del Caribe. Una isla que, en realidad, es como si fueran dos. Una francesa, distinguida, gustosa, inexplorable y con las mejores playas. Una holandesa, pujante, tumultuosa y muy pero muy divertida.
Saint Martin y Sint Maarten, según el idioma con que la nombre. Dos paraísos que se llaman igual, pero se escriben y disfrutan de manera diferente.
Marigot y Philipsburg son las dos capitales, que conviven pacíficamente en una superficie de 75 kilómetros cuadrados bautizada por Cristóbal Colón, el 11 de noviembre de 1493, de acuerdo con el santoral: San Martín de Tours.

Un acuerdo para crecer

En 1648, Holanda y Francia firmaron el Tratado de los Acuerdos para conservar cada uno una parte de la isla. Los franceses se instalaron al Norte, mientras que los holandeses ocuparon una porción menor de tierra, pero que incluía el puerto, el mismo que siglos más tarde vería llegar los cruceros cargados de turistas.
Saint Martin es, literalmente, un municipio de Francia en el Caribe. Las autoridades reportan a París y la mayoría de los propietarios de hoteles y restaurantes son franceses que cruzaron el Atlántico para cambiar de vida. Sint Maarten está integrada a la Federación de las Antillas Holandesas, que se gobierna desde Curacao.
Los yates y catamaranes no hacen distinciones entre una y otra. En las marinas de la isla descansan verdaderos gigantes a la espera de sus dueños, muchos de ellos famosos empresarios o artistas que llegan durante enero, cuando la isla desborda de turistas.

Marigot sirve la mesa

La capital francesa se reduce a un puñado de manzanas, pero de las más jugosas. Restaurantes, tiendas de grandes marcas, un fuerte, el museo y el mercado criollo, además de las noches más picantes, son algunos de los ingredientes del menú.
En lo alto de una colina, frente al puerto, se encuentran los restos del fuerte San Louis, construido en 1789 para proteger a la isla de las invasiones inglesas. La bandera de Francia flamea en lo alto de un mástil y desde allí se tiene una de las mejores vistas de la capital francesa.
Vecino a la Oficina de Turismo se encuentra el Museo de Marigot, un pequeño edificio que encierra la historia de Sualiga (tierra de la sal) o Ouallichi (tierra de las mujeres), nombres primitivos de la isla, y que se puede recorrer en un par de horas. El arqueólogo Cristhophe Henocq acompaña a los visitantes a desandar el camino de los arawak, los indígenas que habitaron por más tiempo en St. Martin. La mayor parte de los elementos que se encuentran en el museo fue hallada en un sitio llamado Hope Estate. Henocq cuenta que después del proceso de colonización, Saint Martin pasó de manos españolas a holandesas, y que luego los franceses intervinieron y lograron quedarse con un sector de la isla. Desde 1730 la principal industria fue la caña de azúcar, con más de 70 fábricas entre el lado francés y el holandés. Cerca de Orleans, de lado francés, se encuentra la Old House, una antigua factoría-museo donde se puede apreciar la magnitud que tenía esta industria por aquellos años, además de ver las herramientas con las que se fabricaba el ron. Con la abolición de la esclavitud, en 1848, St. Martin perdió gran cantidad de su población y nació una nueva industria, la de la sal, que se mantendría hasta 1962. Sólo hace 20 años la isla fue descubierta como un destino turístico, y el crecimiento fue imparable año tras año.

Por la misma senda

La principal cualidad de Saint Martin es que es una isla con muchos sitios para conocer, tantos que es difícil que una semana alcance para abarcarlos todos.
Alquilar un auto es, más que una opción, una necesidad. Una única ruta, Union Road, rodea la isla y es muy sencillo recorrerla ya que está señalizada. Al salir de Marigot hacia el Norte se encuentra el Pic Paradise, un monte de 424 metros, punto más alto del continente. Antes de llegar a la cima se encuentra la Lotterie Farm, una reserva ecológica imperdible tanto por su propuesta como por la gente que la habita. La granja perteneció durante años a la máxima autoridad de la isla, pero tiempo después fue abandonada. Así llegó B.J. Welch, un surfer de California al que el huracán St. Louis le quitó toda su fortuna y que encontró en la Lotterie Farm un rincón para recuperarse. La granja fue una factoría de caña de azúcar en épocas de la esclavitud y tiene una senda que culmina en una cascada, dentro de un microclima creado especialmente con vegetación traída por los colonizadores.
Desde la cima del Pic Paradise, y después de subir con el Jeep por un terreno bastante accidentado, se tienen excelentes vistas tanto del lado francés como del holandés. La cámara se convierte en protagonista.
Siguiendo hacia el Norte por la Union Road se encuentra la zona de Grand Case, un antiguo caserío de pescadores que se ha convertido en el polo gastronómico por excelencia. Las casitas tienen estilo francés, pero con fuertes reminisencias de la arquitectura española. Es imperdible el gospel de los domingos en las pequeñas iglesias de este caserío.
Al continuar por la misma ruta aparece el barrio de Orleans, uno de los más antiguos, donde vive una gran porción de los habitantes. En esta zona se pueden presenciar, en los meses de temporada alta, las riñas de gallos, un pasatiempo con tanta convocatoria como las partidas de dominó en el puerto.
La ruta desciende en forma recta desde Orleans y desemboca en el centro mismo de Philipsburg, la capital de la parte holandesa, que es una pequeña franja de tierra bañada de un lado, por el mar Caribe y, del otro, por el Salt Pond, una especie de laguna con agua de mar.

Holanda en América

Philipsburg es la capital de las compras y la diversión, sede de los únicos 14 casinos que hay en la isla. En Front Street, la calle principal de esta capital, hay una centena de tiendas que ofrecen artículos electrónicos, perfumes, joyas, ropa y habanos sin impuestos. Una verdadera perdición para los que andan con la tarjeta de crédito encima. En el centro de la capital holandesa se pueden encontrar, al mismo tiempo, iglesias, cafecitos, la Corte de Justicia y, en Salt Pond, muy buenos restaurantes. Por la noche, la parada obligada es la Green House, muy frecuentada por holandeses, con diversión y buena música hasta la madrugada.

Mirador con sorpresa

Al salir de Philipsburg, por la misma carretera que rodea la isla, se impone una parada en la colina de la Bahía Cole, donde se encuentra uno de los sitios más peculiares. Se trata de un antiguo micro convertido en cafetería, ambientado como hace 50 años, que Harold Jack, propietario, músico y amigo desde el primer momento se encarga de animar.
Es solo una parada para tomar algo y continuar, con muy buenas vistas de la bahía Simpson, pero que realmente vale la pena. Esta última bahía, sobre la que se encuentra el aeropuerto Princesa Juliana, parece un catálogo en movimiento de lo último en embarcaciones.
Muy cerca del aeropuerto se encuentra también la única cancha de golf de la isla, en una zona denominada Tierras Bajas, que tiene al cruzar nuevamente hacia suelo francés, las mansiones más impresionantes que uno pueda imaginarse. "Muchos americanos construyen estas casas con más de veinte dormitorios para venir una vez al año -comenta Mauricio Lanari, arquitecto argentino radicado en Saint Martín-. El resto del año las alquilan por unos veinte mil dólares semanales."
Saint Martin y Sint Maarten exponen ante el mundo una galería de hermosos paisajes, playas paradisíacas, clima cálido todo el año y un abanico de personajes y lugares que son una verdadera obra de arte.
Por Pablo Querol
Para LA NACION

Datos útiles

Cómo llegar

En avión $ 1053
Vía Miami, por American Airlines.

Paquete

7 noches $ 839
Alojamiento en hotel 3 estrellas, con aéreo directo, traslado desde y hacia el aeropuerto y asistencia médica.

Alojamiento

HHHHH $ 92
HHHH $ 75
HHH $ 65
Habitación doble, con desayuno
Esmeralda Resort $ 85
Hermosa villa en la zona de Bahía Oriental. Tiene pequeños departamentos con pileta semiprivada, acceso directo hacia la playa y parador propio.

Transporte

Alquiler de auto $ 250
Alquiler Scooter 80 cc $ 168
Semanal.
Catamarán $ 500
Diario, para recorrer la isla.

Actividades

Parasaling $ 40
Lotterie Farm: $ 5
Reserva ecológica, con senderos para descubrir los orígenes de St. Martin
Museo Marigot $ 5
Figuran los hechos más importantes en la historia de la isla; el papel de los indios arawak, la colonización y las factorías que explotaron el azúcar y la sal durante casi 200 años.
Granja de las Mariposas $ 5
Las especies más exóticas de todo el mundo vuelan libremente en este paraje tropical. Una buena excursión para los más chicos.
Seaworld Explorer $ 30
Para descubrir el fascinante mundo de las profundidades del mar.
Excursión a St. Barths $ 57
Esta famosa isla del Caribe es un compendio de playas muy blancas con una pequeña capital para pasar el día.
Excursión a Saba $ 57
Conocida como La Roca, tiene una impresionante selva tropical, pueblos pintorescos y buenos sitios para bucear.

Más información

Oficina de Turismo de Saint Martin en la Argentina, Suipacha 190, P. 8, Of. 802, 4393-0090, e-mail: dccommunications@infovia.com.ar

Internet

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por Redacción OHLALÁ!


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