
Volví de Bariloche y nevó. Me fui y nevó. Buuuu, pensé.
Me copé con la ola polar en Buenos Aires. Fui a hacer mandados con mi súper campera de esquí (y eso que no esquío).
Me levanté esta mañana tempranito y fui hasta la ventana a ver si había nevado. En esos metros que caminé, me sentía como una niña. TN me quemó la cabeza con la posibilidad de una nevada y, como con el barbijo, el humo (el año pasado), le di bola.
Pero no, no nevó nada. Me ilusioné y me quedé mirando cómo nevaba en Coronel Pringles. Sin duda, la nieve, mi fenómeno de la naturaleza preferido.
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