

SAN MARTIN DE LOS ANDES.- En estas latitudes, para los chicos en edad escolar las dos semanas de receso invernal son acaso más anheladas que los tres meses de vacaciones de verano. Es que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Sucede que aquí, los deportes de montaña son casi tan practicados como el fútbol. Y el esquí, en particular, tiene actualmente casi medio millar de inscriptos en los clubes locales: el andino San Martín de los Andes (CASMA) y la asociación deportiva y Cultural lácar.
Para distinguirlos, en el cerro Chapelco hay que encontrar a algún grupo de pequeños divirtiéndose con sus tablas y cascos puestos, dominando su deslizamiento sobre la nieve con un estilo envidiable. Entre ellos, quizás esté el esquiador número uno del mundo dentro de veinte años.
Tanto el CASMA como la Asociación Deportiva y Cultural Lácar comenzaron a impartir cursos de esquí en la década del setenta. Hasta entonces, los amantes de la montaña no tenían escuelas o un programa de aprendizaje determinado: había que tirarse para abajo y aprender a los golpes.
Con el advenimiento del profesionalismo, el deporte empezó a cambiar y ambos clubes tomaron como propias las exigencias de la nueva era. así fue que, siendo miembros de la Federación Argentina de Esquí y Andinismo (FASA), encuadraron sus actividades en las reglamentaciones internacionales en busca de mayor competitividad.
“Hoy tenemos un montón de cadetes y juveniles bien ubicados en el ranking de la Federación Internacional de Esquí”, cuenta Fernando Méndez, director de la escuela del Lácar. “Igualmente, en términos generales, a la argentina todavía le falta para establecerse como potencia en este deporte”, aclara.
“Por ejemplo, en las carreras que se realizan en el país, hay un promedio de ocho esquiadores que demoran hasta dos segundos más que el ganador. En europa, en cambio, hay más de veinte esquiadores en esos dos segundos”, explica Fernando.
De cualquier modo, en esta etapa el objetivo de ambos clubes está lejos de pretender moldear al futuro número uno del mundo.
Para el director de la escuela del CASMA, Alberto Pelliza, lo primordial pasa por “formar a los chicos en un deporte, en este caso el esquí, aprovechando las particularidades de la actividad para aprender de la naturaleza”.
“Además, las competencias implican participar de un circuito de carreras en los distintos centros de esquí del país, y con esos intercambios vamos buscando que los chicos empiecen a independizarse y se enriquezcan con sus vivencias. Lo principal es lo formativo; después, si salió primero o segundo, es anecdótico”, concluye Fernando.
Por Iván Gurevich
Para LA NACION
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