

VALDIVIA.- Cuidado: lobos marinos. Animales no domésticos , alerta un llamativo cartel amarillo. Gracias por avisar... Ante la rica propuesta de paisajes y edificios que condensa el centro de la ciudad de Valdivia, no sería extraño ni conveniente tropezarse con uno de estos mamíferos de casi 300 kilos por andar distraído. Y a diferencia de lo que sucede en otras latitudes, aquí estos holgazanes tienen que esforzarse un poco más para ganar la atención de quienes pasean a orillas del río Calle Calle.
Es que aquí el espectáculo comienza desde la mañana, cuando un remolino de gaviotas planea cerca del mercado, donde gracias a su amplia variedad de exquisiteces marinas un pequeño grupo de puestos comerciales se transforma en el punto clave de una ciudad rodeada de ríos, valles y una rica forestación. Ahí cotizan alto tanto los mariscos como el pescado ahumado y fresco, aunque la oferta se amplía con ajíes picantes, algas, yodo, variedad de condimentos y frutos del bosque.
Aquí también, la impronta de las colonias alemanas que llegaron a Valdivia a partir de 1850 todavía está presente en las fachadas de los edificios, que conservan su estilo neoclásico. Algunos de carácter público, otros reciclados en pintorescos mercados, bancos y fondas, las viejas construcciones vigorizadas por colores fuertes son las que, junto con algunos edificios históricos, más se hacen notar en el centro de la ciudad. Aunque la modernísima Corte de Apelaciones de Valdivia, con sus paredes de acrílico transparente y sus desproporciones geométricas, también se lleva de manera instantánea la admiración de los turistas.
Las campanas de la iglesia avisan que se acerca el mediodía y llega la hora de la misa. Los lobos marinos responden con bostezos de tono grave y quejoso. Algunos, los menos perezosos, se zambullen para buscar su almuerzo ante la mirada atenta de diversas aves que, pacientes, esperan dar el zarpazo para llevarse su tajada fresca. Ahora sí la fauna completa de Valdivia atrae la atención de niños y adultos sobre al borde del río.
En la otra orilla, la isla Teja da lugar al enorme complejo de la Universidad Austral de Chile. Sobre esas márgenes se encuentra la oferta cultural compuesta principalmente por el Museo de la Exploración R. A. Philippi, el Museo Histórico y el Museo de Arte Contemporáneo (MAC). Los dos últimos fueron, respectivamente, la residencia y la cervecería de la familia Anwandter y, pese al atractivo de sus propuestas, sólo un puñado de curiosos, en su mayoría extranjeros, cruzan el puente para visitarlos.
En el caso del MAC, la oferta de exhibiciones itinerantes incluye salones de pintura, un patio de esculturas desde donde se tiene la mejor vista de la ciudad, y sótanos abovedados que supieron ser bodega.
Sobre la orilla, sólo un barco pesquero se hace lugar entre la larga fila de catamaranes estacionados. A la tarde empezarán a partir repletos de pasajeros en improvisadas caravanas fluviales por los ríos Valdivia; Cruces, denominado Santuario de la Naturaleza, y Cau Cau. Algunas de las opciones incluyen parajes en las islas que son obstáculo para llegar al Pacífico Sur, siendo la isla Mancera y la bahía del Corral los destinos más atractivos: mantienen las ruinas de los fuertes que desde la segunda mitad del siglo XVII intentaron defender, no siempre con éxito, a la corona española.
El plan de ataque de entonces disponía que el cruce del fuego tenía que llegar también desde el norte del río Valdivia. Ahí se situó el fuerte de Niebla, el más grande de estos históricos castillos, con sus más de 30 metros de altura ganados gracias a una muralla de rocas.
Hoy devenido Museo del Sitio, el estado de conservación de las baterías de cañones y el interior de la construcción revela el patriotismo siempre latente de los ciudadanos chilenos. Desde ahí se revela una impactante panorámica que incluye la desembocadura del río, las islas, los barcos pesqueros de mediano calado en pleno trabajo, y una extensión de valles verdes y praderas acorralando el agua.
Para llegar a Niebla sólo basta con tomarse uno de los minibuses anaranjados de línea que cruzan el centro de la ciudad y bordean los 17 kilómetros del río hasta llegar a Los Molinos, la primera de las playas que está completamente de cara al Pacífico.
Muy cerca del fuerte, un pequeño balneario de arena volcánica despide al río Valdivia en su desembocadura en el océano. Atrás deja un paraíso cordillerano cruzado por una intensa red fluvial, y que esconde una de las ciudades con más historia y atractivos del país trasandino.
Datos útiles
Cómo llegar
- El pasaje ida y vuelta a Valdivia (vía Santiago) desde Buenos Aires cuesta US$ 452, con impuestos incluidos. Desde Neuquén se puede viajar en micro hasta Temuco (los pasajes cuestan unos US$ 25). De esa terminal salen buses cada 40 minutos (US$ 3,85)
Alojamiento
- En los hoteles céntricos, las habitaciones dobles con media pensión cuestan desde US$ 40. En los hoteles cercanos a la terminal de ómnibus se puede conseguir habitaciones por US$ 13 por persona, con baño privado, y US$ 9, con baño compartido.
Qué hacer
- En la Isla de Teja, en la calle Los Laureles se encuentran el Museo Histórico de Valdivia, entrada de US$ 2, y el Museo de Arte Contemporáneo, US$ 2 y US$ 1, los estudiantes. El Museo del Sitio Fuerte de Niebla; entradas: US$ 1,2; estudiantes y menores, US$ 0,50.
- Los paseos en catamarán cuestan desde US$ 15 para los adultos y US$ 10 para los menores, y duran aproximadamente 50 minutos. Las embarcaciones que llegan hasta la bahía del Corral cuestan US$ 25, e incluyen la visita al Castillo. También se puede realizar excursiones de medio día, que incluyen almuerzo.
En Internet
Por Nicolás Blanco Rodríguez
Para LA NACION
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