• HISTORICO

Viajo sola: lo que aprendí en mi recorrido por Latinoamérica


Explorando los viejos trenes a vapor en el Valle de los Ingenios, en Cuba. ¡algunos siguen funcionando!

Explorando los viejos trenes a vapor en el Valle de los Ingenios, en Cuba. ¡algunos siguen funcionando!



Cuando era chica me dijeron que hacer un viaje largo y fuera de casa solo era posible si iba acompañada por alguien, y si era hombre, mejor. En Venezuela, una mujer viajando sola se considera "raro". Entonces, cuando en 2011 recibí la invitación de viajar por Cuba, sentí que una ventana se me abría, y yo quise saltarla.
Ahora, después de años de viaje a solas con Mandarina, mi mochila, comprendí que esas enseñanzas no eran más que prejuicios, que yo también podía cruzar fronteras, levantar el dedo en la ruta, sonreír y compartir con desconocidos.
Viajando sola aprendí a conversar conmigo misma, enumeré mis miedos y los escuché. Me reconecté con la escritura en papel, reconocí mis límites físicos y, aunque llegara de última, aprendí que la satisfacción siempre es el camino recorrido.
Viajando sola tuve la oportunidad de decidir dónde y con quién quería estar. Aprendí a no engancharme ni con un lugar ni con una persona. Aprendí eso de dejarlo fluir, de permitirle al movimiento ser mi guía espiritual.
Te invito a viajar conmigo por 6 de los tantos destinos de Latinoamérica que recorrí en los últimos ocho años y te comparto, además, mis imperdibles de cada lugar.

Cuba 2011, dos semanas de idilio

Las lecturas de los cocos son muy populares en la Calle Obispo.

Las lecturas de los cocos son muy populares en la Calle Obispo.

Me tomé el primer avión de mi vida a los 24 años y temblaba como una nena. Me estalló el corazón de la emoción cuando vi las primeras palmeras en La Habana. Fui animada por mi compañero de ese momento y confieso que fueron dos semanas de idilio. De Cuba, solo me sabía las canciones de Silvio Rodríguez de memoria; por eso me permití todo: desde la lectura de cocos en la calle Obispo hasta un baño de agua salada a orillas del Malecón después de un atardecer mágico. Si algo me enseñó Cuba, fue a confiar en el azar y en que la felicidad no es la cantidad de dinero que tengas, sino la cantidad de veces que sonreís en un día. En mi última noche en Trinidad, tomé la decisión más importante: seguir viajando sola con mi mochila Mandarina por todo Latinoamérica.

Qué hacer en Cuba

  • Bordear La Habana desde su malecón hasta llegar al Vedado y contemplar el remolino de olas después de las 20.
  • Dar un paseo a caballo por el Centro Histórico de La Habana.
  • Ir a Trinidad, en la provincia Sancti Spíritus, a conocer los cultivos de caña de azúcar.
  • Bailar una noche entera en La Casa de la Música (o afuera, en las escalinatas, yo no pagué el boleto e igual disfruté todo).
  • Tomarte un buen ron en cualquier bar cerca de la estación central de ferrocarriles, el ambiente popular –reggaetón incluído– te hará sentir parte del día a día en la isla.

Argentina, 2013. Amor propio ATR

Cuando llegué no conocía a nadie en Buenos Aires, me alquilé una habitación en Almagro y me dejé enamorar por los helados y las pastas. Amé a Argentina desde el día 1, respiré su norte y su sur, el caudal del Paraná y los parques de Azul. Salí de mi zona de confort y abrí mi cabeza. Argentina me dio alas, me enseñó de coraje y pasión, me dijo: no importa la marca de corpiño que lleves puesta si no eres capaz de tomar tus propias decisiones. Y ¡voilà!, ya ni corpiño uso y estando acá hice el primer viaje sola; crucé 4 fronteras e inicié mi camino de viajera. Argentina es mi segundo hogar.
Las ruinas del pueblo indígena tilcara, en la Quebrada de Humahuaca, son una parada necesaria y hermosa.

Las ruinas del pueblo indígena tilcara, en la Quebrada de Humahuaca, son una parada necesaria y hermosa.

Qué hacer en Argentina

  • Respirar los azules del lago Nahuel Huapi en Bariloche.
  • Ir a una peña folclórica en Tilcara o Humahuaca, en el norte del país.
  • Recorrer las más de 100 heladerías de Buenos Aires, mi preferida siempre es Cadore, sobre la avenida Corrientes.

Uruguay, 2015. Atardeceres y familia

Hacer dedo en la costa uruguaya es muy seguro y hasta inspirador por la amabilidad de la gente en la ruta.

Hacer dedo en la costa uruguaya es muy seguro y hasta inspirador por la amabilidad de la gente en la ruta.

Bordeé la costa desde Santa Teresa hasta La Paloma levantando el dedo en la ruta. Fue mi primera vez haciendo autostop. Abracé y canté con cada conductor, agradecí por cada atardecer rojizo frente a la arena blanca del Atlántico. Usé por primera vez couchsurfing y aprendí de las posibilidades de viajar low cost; dormí en una cabaña redonda con las estrellas brillando en sus ventanas, amasé pan en una casa clavada en la arena y sin electricidad. Uruguay me enseñó de humildad, me dejó elegir una familia; sí, aprendí que la familia no siempre tiene que ser una imposición, también puede ser una elección, un regalo. He viajado dos veces a Uruguay y sé que siempre volveré porque tengo una familia que me espera.

Qué hacer en Uruguay

  • Cruzar las dunas de Valizas a Cabo Polonio, caminando. ¡Creeme que te vas a sentir en un mini-Sahara!
  • Hacer parada en La Paloma para ver los leones marinos cerca del faro.
  • Visitar el parque nacional Santa Teresa: su fortaleza, su bosque de pinos y sus playas.

Ecuador, 2015. El desafío y la pérdida

Participar en los rituales de los shuars fue un gran desafío, acá tomaba la chicha preparada por las mujeres.

Participar en los rituales de los shuars fue un gran desafío, acá tomaba la chicha preparada por las mujeres.

Recorrí sus tres regiones geográficas; por más de tres meses me llené de la neblina de sus Andes, de la humedad de su selva y del sol de su costa. En Ecuador hice mi primer voluntariado, resbalé con Mandarina en charcos de barro mientras caía una lluvia torrencial. Lloré, me quebré y volví a levantarme gracias a un viaje místico con la comunidad Shuar, con la cual tomé ayahuasca un 25 de diciembre. Con abu Pañasña me conecté con la tierra y con mi parte más primitiva, comí jabalí y gusanos de palma. Fui la Os guerrera con la que soñaba desde chica y aprendí que es natural caerse y que gritar también es un derecho.

Qué hacer en Ecuador

  • Llegar a la cima de la laguna volcánica de Quilotoa.
  • Pasar el día en la reserva nacional Machalilla, en la provincia costera de Manabí.
  • Convivir con una comunidad indígena en el oriente del país para conectarse con la tierra y otras formas de convivencia.

Colombia, 2016. Volver a casa

El olor a café recién colado, el pan de bocadillo con queso, la changua calentita y los mercados populares me hicieron volver a casa. Caminé por La Candelaria e imaginé que era Mérida con sus viejos adoquines. Mis dos semanas en Bogotá fueron el preámbulo de mi vuelta a Venezuela, el abrazo con otra familia elegida, con amigos que hice en Ecuador. Fue como un cierre de ciclo y un despertar colectivo: en Cúcuta, Bogotá y en todo el campo colombiano se trabaja, la gente se embarra las manos para producir el alimento, hay noches enteras de fiesta. Es el espíritu más sincero de Latinoamérica.

Qué hacer en Colombia

  • Recorrer Bogotá de norte a sur a través del TransMilenio.
  • Desayunar un masato con almojábana en el mercado Paloquemao de Bogotá.
  • Visitar La Candelaria y hacer el recorrido histórico por las casonas coloniales del centro de Bogotá.

Méjico, 2017. El sueño (no cumplido)

Las ruinas de San Ignacio, una parada obligada del circuito misionero.

Las ruinas de San Ignacio, una parada obligada del circuito misionero.

Desde que descubrí la obra de Frida, yo soñaba con ir a México y vivir en Coyoacán. Fue ese impulso el que me embarcó en un avión con destino al DF, me bajé de un taxi en La Condesa y volví a empezar; me sentí rechiquita en una ciudad de 20 millones, me ardieron los ojos de tanto color, olor a ají y rancheras por las noches. La capital mexicana tiene una energía que te absorbe, los nombres de sus calles y platos te desafían cada día. En 9 meses fui incapaz de pronunciar bien popocatépetl, pero les agarré el gusto a las enchiladas y al mole, agradecí la ternura maternal de las mujeres en los mercados y me emborraché de todo el mezcal que quise, pero el temblor de septiembre de 2017 me movió por dentro, me hizo verme ahí... y sentí que no era ese el lugar soñado.
A una semana del terremoto tomé otra de las decisiones más importantes de mi vida: volver a Buenos Aires. Acá estoy construyendo un hogar, reescribiendo mis diarios. Agradeciendo cada aventura, cada bus, cada abrazo de desconocidos, cada amanecer en una ciudad nueva.
Y siempre me repito: cuando un lugar o persona no te den lo que necesites, movete sin importar las rutinas ni rituales construidos.
Sobre la pirámide de la Luna, en Teotihuacan, una visita imperdible en México.

Sobre la pirámide de la Luna, en Teotihuacan, una visita imperdible en México.

Qué hacer en México

  • Visitar el barrio de Coyoacán, al sur del DF, y recorrer desde la casa de Frida Kahlo hasta su mercado principal para comer unas buenas enchiladas con mole.
  • Conocer alguno de sus más de 100 pueblitos mágicos. Recomiendo Tlayacapan o Tepoztlán, ambos cercanos a la capital.
  • Descansar en el bosque de Chapultepec, pulmón verde en medio de la ciudad.

Diarios Mandarina

Osjanny Montero, la autora de la nota, escribió sus relatos completos en el libro Diarios Mandarina, que se consigue impreso en su instagram @os.monzalez o digital en Apple Books o en Google Play por US$4,90. Su diario es una compilación de sus cuadernos de viajes, en los que describe de forma íntima y personal todas sus travesías por Sudamérica y Cuba. En Diarios Mandarina descubrirás gente y lugares hermosos, pero también a la Os de ropa colorida, que canta, llora y ama.
Texto y fotos gentileza de Osjanny Monero.

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