
Créditos: Ohlalá
CIUDAD DEL VATICANO.- El microestado más famoso del mundo, a pesar de sus escasos 44 kilómetros cuadrados y al que arriban más de veinte mil visitantes diarios, ha innovado en sus costumbres a favor de los turistas y de unos cuatro mil empleados, entre laicos y religiosos, que viven dentro y fuera de él.
El Vaticano es el mayor centro de peregrinaje católico mundial, y hace cinco años invirtió casi 23 millones de dólares para mejorar el acceso de la masa humana que llega para recorrer la basílica, sus 14 museos, los jardines papales, la Capilla Sixtina y su enorme biblioteca con más de 1.500.000 volúmenes y unos 8000 incunables, además de los llamados Archivos Secretos.
¿No es demasiado pequeño?, le preguntaron alguna vez al papa Pío IX. "Es lo suficientemente grande -respondió- como para mantener unidos el cuerpo y el alma." Ahora, allí donde funcionaba la antigua estación ferroviaria del Vaticano, cuyas vías se enlazan con el gran trazado romano, el ex arzobispo de Detroit, Edmund Szoka, actual presidente de la Gobernación de la Ciudad del Vaticano ha instalado una gran tienda de compras con acceso libre al público. El sitio elegido es el antiguo y amplio edificio de piedra desde donde, en otras épocas, los papas iniciaban sus viajes en tren a través del territorio italiano.
Perfumes, ropa, relojes de marca y televisores de pantallas planas, además de cigarrillos importados, se pueden comprar con importantes descuentos por estar exentos de impuestos, en márgenes que varían -según sea-desde un 30 a un 50 por ciento. Con estos ingresos y otros más, el gobernador del Vaticano espera mantener el necesario equilibrio del presupuesto estatal. Los ingresos de la tienda se suman a la recaudación por la venta de entradas para visitar los museos, que son catorce en total, los jardines papales, la Capilla Sixtina, por la venta de artículos religiosos, recuerdos, estampillas y monedas que comercializa la oficina de correos, incluida la recaudación de un supermercado. La Basílica de San Pedro, construida en el siglo XVI, es el mayor atractivo de este pequeño país.
Dentro de la bella Roma, el Vaticano también posee una estación de servicio, aunque en este caso acuden a cargar combustible con un 30% de descuento sólo quienes tienen un permiso especial de residencia o trabajo.
Reserva cultural
Según la Unesco, Italia es la reserva cultural de más de dos tercios de la civilización occidental, teniendo en cuenta que ningún otro país tiene tanto arte, reliquias y palacios. Y aunque el Vaticano es un Estado, no por ello queda excluido del gran tesoro italiano. Es difícil que algún edificio público del mundo pueda compararse con él, desde el punto de vista de la gente que los transita a diario.
El origen de los Museos Vaticanos se remonta unos quinientos años atrás, después de haber nacido casi como una colección exclusiva conformada por esculturas antiguas, rescatadas durante el papado de Julio II (1503-1513) y ubicadas en lo que hoy se conoce como Patio Octágono. Sólo a partir del siglo XVIII, el Vaticano dispuso que se comprara una enorme cantidad de obras antiguas pertenecientes al arte etrusco, egipcio y cientos de piezas de arqueología, entre otras maravillas al cabo de un mecenazgo papal de cuatro siglos. Todo lo que hay dentro de él, está considerado patrimonio mundial.
Entre otros, es posible recorrer el Museo Misionero-Etnológico, el Museo Egipcio, el Museo Borgia, la Galería de los Tapices, la Galería de la Cartas Geográficas o la famosísima Capilla Sixtina, que toma el nombre de su fundador, Sixto IV della Rovere (1471-1484). Los frescos que se pueden admirar aquí son una introducción al mundo la Revelación.
Pintores y escultores
En la Capilla Sixtina trabajó un equipo de maestros pintores como Pietro Perugino, Sandro Botticelli, Lucas Signorelli y Pier Paolo d´Amelia, entre otros. En 1533, Clemente VII convocó al notable maestro Miguel Angel para que pintara el Juicio Final, aun a costa de la modificación de otras pinturas. Durante cinco años el maestro pintó en el techo el maravilloso fresco que representa el retorno glorioso de Cristo a la luz de los textos del Nuevo Testamento.
Uno de los grandes tesoros del Vaticano es, sin duda, la Basílica de San Pedro, el sitio donde se celebran las ceremonias más importantes. Tiene once capillas y 45 altares y su cúpula también fue diseñada por Miguel Angel en 1546.
El Baldaquino, sostenido por cuatro columnas de bronce, está sobre la tumba subterránea de San Pedro, tal vez el gran símbolo de la cristiandad por aquellas palabras de Jesús que, al entregarle las llaves de su Reino, le dijo al apóstol: "Sobre ti edificaré mi Iglesia".
Un recorrido por la basílica lleva a La Piedad, de Miguel Angel, uno de los grandes tesoros del santuario. Detrás de la gran basílica están los jardines papales, una visita que resultará un regalo para los sentidos. Veinte hectáreas y una arquitectura paisajística y edilicia cuyo manto verde trepa por una de las siete colinas romanas.
Sus primeras formas se iniciaron en los años 500 y 600, hasta que el papa Nicolás II les dio su mayor impulso. Desde que en 1870 el Vaticano se transformó en la morada de los príncipes, los jardines pasaron a ocupar un lugar vital para ellos. Paulo IV le encargó al arquitecto napolitano Pirro Logorio la construcción de la Casina (especie de villa veraniega) en los bosques de la colina, hasta transformarse en 1926 en el asiento de la Pontificia Academia de las Ciencias.
Es, en realidad, un Edén terrenal atendido por veinte jardineros que trabajan a tiempo completo. Dentro del predio, circunvalado por la Muralla Leonina levantada para defenderse del ataque de los sarracenos, funcionó por primera vez en una de sus torres la Radio Vaticana, fundada por Guillermo Marconi en 1931. En medio de ese mundo de colores y aromas hay fuentes y cascadas, y frente al Palacio de Gobierno se encuentra el jardín italiano cuyos setos moldeados forman el escudo de armas papal y el símbolo heráldico del pontífice reinante, diseñado con millares de plantitas de color amarillo oro.
Carlos Manuel Couto
Herencia de la Humanidad: los museos y la Guardia Suiza
Los Museos Vaticanos cuentan con una serie de eficientes servicios para el público, entre los que se cuentan: sala de refrescos y self service, bar cerca de la Capilla Sixtina, mostradores de venta de publicaciones y souvenirs, audio guide, cambio, toilettes, teléfonos, correo y sala de escritura, además de servicio médico. Están abiertos los días laborales, de 8.45 a 15.45, y el sábado, de 8.45 a 12.45.
La entrada cuesta aproximadamente cinco euros. Se aconseja la visita siguiendo uno de los cuatro recorridos ilustrados en los carteles en el interior de los museos.
Para minusválidos hay cuatro circuitos, para lo cual hay que pedir el folleto ilustrativo. La visita a los jardines se realiza únicamente por la mañana y para grupos no menores de 20 personas y su costo es de unos 5 euros por persona. La basílica está abierta todos los días, de 7 a 19. El Museo del Tesoro abre de 9 a 18.15.
La visita a la cúpula de la basílica, desde donde se obtienen un vista sorprendente, es de 8 a 17.45. Las tumbas de los papas se encuentran abiertas de 7 a 18. Para ingresar a los museos es necesario someterse a los controles de seguridad.
Se accede a las distintas plantas de ingreso (cuatro en total) por una escalera de mármol blanco, por una eléctrica o por los ocho ascensores que funcionan permanentemente. Allí, en el gran vestíbulo, una amplia rampa inclinada guía a la gente hasta donde comienza el área de exposiciones, en el llamado Patio de las Armaduras. Teléfonos útiles para pedir información: (06 698) 83333 y (06 698) 84466.
La Guardia Suiza es famosa, entre otras razones, por su colorido uniforme que consta, al margen del casco y el calzado de un complejo vestuario de 154 piezas diferentes lo que eleva su peso a casi cuatro kilos. La Guardia está considerada como el ejército más pequeño del mundo, pero no maneja sólo armas antiguas, como la espada o la alabarda, sino que está preparada para utilizar armamento moderno, además de saber técnicas de defensa personal. Su servicio se remonta al siglo XVI y es famoso por la defensa papal durante el saqueo de Roma en 1527. Son un centenar de efectivos que viven dentro de la ciudad y para revistar en ese cuerpo es necesario ser originario de un cantón suizo, católico, soltero en el momento del ingreso y deben prestar un juramento que los obliga a dar la vida por el sumo pontífice.
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