
Créditos: Ohlalá

Mara me llama esta mañana desde su oficina después de mandarme un mail con fotos (entre ellas esta con Blancanieves de mal talante y el príncipe tirado viendo tele que anda circulando por ahí).
-¿Viste el mail? Bueno, te diría que esa es mi vida estos días. Se fue Argentina.
(Sí, la señora que trabaja en lo de Mara se llama Argentina).
-Y encima el gordo inútil no hace nada, NA-DA. ¿Me entendés, Sofía? El tipo me pregunta ayer tirado en el sillón jugando a la Wii dónde están las toallas en esta casa. ¡En esta casa! Lo único que me faltaba…un inquilino.
Mara está sacada; tanto que no se la puede interrumpir hasta que termine con toda la chorrera de cosas que tiene para decir acerca de su vida sin ayuda doméstica, su marido poco cooperador, la menor que debería haber acabado con la adaptación pero sigue aferrándose de su pelo a los gritos cada mañana y un jefe, en su caso, peor que el mío. Hace que mis problemas se vean superfluos y sumamente solucionables. Por momentos tengo que alejar el teléfono porque me deja sorda. Hace media hora que habla y no puedo colar bocado.
-¿Y vos querías casarte? Pensalo bien, eh, pensalo bien.
Después me manda un beso porque la llaman a una reunión y antes agrega que igual al "Gordo inútil" lo ama con pasión, que no lo cambia por nadie, que vale la pena todo, que sólo necesitaba descargarse.
Genial. Mara es genial.
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