
El miedo: por qué es la emoción más tramposa y cómo aprender a escucharla sin que te paralice
Agus Vissani, directora de OHLALÁ!, reflexiona sobre el miedo como una emoción engañosa: cómo nos paraliza, por qué nace en la mente y qué pasa cuando empezamos a escucharlo en lugar de evitarlo.
6 de mayo de 2026 • 13:35

El miedo: por qué es la emoción más tramposa y cómo aprender a escucharla sin que te paralice - Créditos: Getty
Por años y años, no decía mis miedos en voz alta. Como una especie de cábala, cuando se me cruzaba un pensamiento intrusivo con alguna fatalidad, lo pasaba rápido con un limpiaparabrisas mental y listo. No lo expresaba e intentaba no volver a él, como si un escudo de caballero andante imaginario me protegiera de eso que acababa de imaginar si no lo materializaba en palabras.
Una vez, hablándolo con una amiga, me confesó que a ella le pasaba exactamente al revés: lo dice, se lo cuenta a alguien y siente que, así, lo que dijo no puede pasar; sería demasiado poderoso eso de predecir el futuro.
Será que me siento poderosa, pero a mí me servía eso y terminaba transitando mis miedos, presintiendo en silencio muchos temores que nunca pasaban.
Porque, como dijo Descartes: “Mi vida estuvo llena de desgracias y la mayoría de ellas nunca sucedieron”. Qué loca la mente, ¿no? Pensar que, si no lo digo, no va a pasar. ¡Qué cabuleros somos! Y, en el medio, por pasarlo rápido y tratar de no prestarle atención, me perdía la posibilidad de entender qué venía a decirme ese temor.
Es que el miedo es una emoción tramposa y muchas veces terminamos cayendo como chorlitos, sufriendo innecesariamente por eventos imaginarios. Todos preferiríamos ser valientes antes que miedosos, ¿o no? Pero el miedo solo tiene mala prensa. En definitiva, es una emoción que nos salva desde tiempos inmemorables: por ejemplo, de quemarnos con el fuego o de exponernos a un animal salvaje que podría matarnos. Nos hizo sobrevivir tantos años como especie y todavía hoy nos protege tanto...
El problema de esta emoción es que, la mayoría de las veces, es generada por la mente. No hay tal amenaza (o al menos no es tan urgente); es solo una construcción que hacemos y terminamos poniéndonos en modo alerta cuando no hace falta exigirnos tanto. Entonces, ¿cómo diferenciamos el miedo que ayuda y nos aconseja del que nos perjudica y paraliza?
Lo primero: pongámoslo en palabras. Basta de cábalas. ¿Qué nos da miedo y por qué? No lo pasemos rápido, como quien se arranca una curita. Identifiquemos qué nos viene a decir, escuchemos si está siendo sensato y bajémosle el volumen solo cuando viene a repetir la misma pavada que ya sabemos que no es cierta. Porque, si lo acallamos siempre, nos quedamos sin la posibilidad de descubrir cuál es nuestro verdadero deseo.
Y acá te dejo mi última revelación: el miedo es la otra cara del deseo. Si nos da temor, es porque nos importa, porque ahí se nos juega algo que valoramos. El miedo a la muerte habla del amor a la vida; el pánico a fallar en un proyecto es proporcional a lo mucho que deseamos hacerlo. El miedo puede ser traicionero, es cierto, pero también puede convertirse en el mejor consejero. Está en nosotras frenar y escuchar lo que viene a decirnos.
SEGUIR LEYENDO


Ley de Glaciares: quién decide sobre lo que es de todos
por Redacción OHLALÁ!

Bautismo y abuso sexual en un club de hockey
por Andrea Aghazarian

OHLALÁ! cumple 18 años: qué significa este aniversario y cuáles son los desafíos que se vienen
por Agustina Vissani

Ley Cazzu: qué propone y cómo impacta en la responsabilidad parental
por Georgina Sticco







