
Bautismo y abuso sexual en un club de hockey: rituales de iniciación, poder y violencia institucional
El caso expone cómo ciertos rituales de iniciación en el deporte pueden convertirse en escenarios de abuso, donde el poder grupal, la impunidad y el aval institucional habilitan prácticas violentas que vulneran la integridad de las personas.
9 de abril de 2026 • 13:36

Hockey sobre césped del club Alemán de Mendoza - Créditos: Archivo LN
Lo sucedido en el ritual de iniciación del club alemán de hockey de Mendoza dentro del equipo de mujeres da cuenta de varias cuestiones. Los rituales no deben contener abusos de ninguna índole, mucho menos sexuales. Habrá que redefinir sus contenidos para que tiendan a impulsar e integrar, y no a traumar u obstaculizar todo avance, tanto deportivo como en el desarrollo del individuo.
Se ve con claridad que el abuso sexual es abuso de poder: toma a su víctima como objeto, deshumanizándola completamente, lo que aumenta el riesgo en cuanto a límites indefinidos.
Por otro lado, se puede ver cómo instituciones sociales tradicionales de nuestra sociedad, frecuentemente las deportivas —que tienen en la letra principios y valores altruistas—, terminan funcionando como garantes de estas aberraciones, lo que las hace cómplices directas de las violencias, al dejar pasar e incentivar estos rituales año tras año con conocimiento, por estar ritualizados.
Si bien la gran mayoría de los abusadores son hombres, podemos ver en esta violencia coordinada y grupal —que masifica la acción, generando una ficción que deslinda de responsabilidad personal a cada una de las deportistas en la implicación en los actos y en la pertenencia institucional— que, cuando se corren los límites, las leyes no atraviesan el accionar de los grupos. El poder que cualquiera adquiere, más allá del sexo que porte, es peligroso y muy dañino, al punto del trauma.
Mujeres atacando a mujeres: lo que otorga poder es el sometimiento de la víctima, la coordinación grupal y el aval de la institución a ese ritual. Como pasa con el bullying, todos observan —incluso graban—, dando cuenta del marco de impunidad en el que se realizan estos rituales, y nadie detiene la acción. Es la sociedad en la que vivimos, donde abunda la mirada, la imagen y el exhibicionismo de actos que pueden ser incluso aberrantes, y hay muy poca intervención desde una posición ética.
Los rituales a veces aparecen como un “entre paréntesis” de las leyes, un no observable, una fiesta sin códigos y sin ley. Incluso con un fiscal que dejó pasar la denuncia, habrá que retomar, revisar y elaborar con todos los actores, e implicar a cada uno en sus actos, ya que muchas veces los rituales funcionan como una “obediencia debida” a los clubes o al deporte al que pertenecen, como si sin ellos la pertenencia deportiva fuera imposible. Un “ritual de iniciación” violento y sexualizado: ¿qué simboliza acerca del deporte y del deportista?

Andrea Aghazarian Lic. en Psicología de la UBA, psicoanalista. Especializada en terapias sobre abuso sexual.
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