"¿Todavía no lo contaste en la comunidad ohlalera?”, me dijo en un viaje un colega periodista que, además, es fan de OHLALÁ! y no podía creer cómo todavía no se había enterado de mi embarazo de cinco meses. No, no lo había contado: primero, esperando el tiempo prudente, y después, porque a veces no sabés cómo hacerlo. Estoy embarazada a los 39 años de mi tercer hijo, casi nueve años después de mi último embarazo.
“Volver a arrancar es de valientes”, dijeron algunos. “Tener tres hijos es de otra época”, dijeron otros. Pero la pregunta casi inmediata del casi 100% —conocidos, cercanos, no tan cercanos y hasta completamente desconocidos— fue: “Pero ¿lo estaban buscando?”. Casi en la misma proporción en la que, en los últimos seis años, la gente me preguntaba: “¿Para cuándo la nena?”. En estos últimos meses, se metieron en mi completa intimidad para indagar sobre mi deseo. ¿Será que la gente, cuando no sabe qué decir, pierde el filtro y la empatía con tal de llenar el silencio?
Es cierto que, cuando buscaba quedar embarazada de mi primer hijo —para el que demoramos bastante más de lo esperable y nuestra flamante pareja crujía de dolor y ansiedad—, la pregunta de “¿para cuándo el bebé?” era mucho más dolorosa que la ahora entrometida pregunta de si lo estábamos buscando. Buscar un bebé y no conseguirlo despierta emociones dolorosas y angustiantes. Nadie debería preguntar “¿para cuándo el bebé?”, “¿para cuándo la nena?” o para cuándo nada. Nunca se saben las tormentas invisibles que puede estar atravesando esa mujer o esa pareja.
Volviendo a mi embarazo, y sin dar explicaciones de más pero sí compartiendo lo feliz que estoy con este presente, apoyo la moción de que volver a arrancar es de valientes. Es de valientes, pero no de inconscientes. Porque seré guerrera, pero no kamikaze. Soy de rumiar mucho, muchísimo, mis ideas y pensamientos. No imaginan hace cuánto que me debato entre la idea de seguir como estábamos —tan felices, tan completos, tan estables— o ir por más quilombo y más felicidad.
Al principio lo pensaba cada tanto; después empezó a aparecer más seguido la idea. En los últimos años era cotidiano: “¿Vamos por el tercero?”. Y mis hijos crecían, y teníamos tanta libertad, y estábamos tan bien... Pero volvía a pensar: “¿Vamos por el tercero?”. Recurrentemente volvía el deseo, que no se aquietaba ni con viajes, ni con ascensos, ni con los miedos, ni con la paz de las mañanas. Burbujeaba dentro de mí como un volcán.
“¿Vamos por el tercero?”. Y fuimos por el tercero. Y acá estamos. Con el volcán gestando una erupción que probablemente revolucione mi vida, pero satisfecha de haber oído ese burbujeante deseo
Agustina Vissani Directora editorial de @somosohlala, content manager de SOMOSOHLALA.COM y co-conductora de OHLALAND. Especialista en moda y análisis de tendencias.
En esta nota:
Maternidad











