Ser mujer cuesta. Y ser mujer con discapacidad cuesta el doble. Fue en mi adolescencia cuando me choqué por primera vez con una sociedad con ideales los que yo no encajaba. Un choque de golpe que me obligó a atravesar un proceso conflictivo conmigo misma comparándome con esa mujer “esbelta”, “perfecta” pero, sobre todo, “normal”.
Y me encontré con probadores de ropa diminutos, falta de representación y visibilidad, ausencia de accesibilidad ante mis primeros controles obstétricos, entre otras barreras. Tiempo después buscaba mi vestido de novia y me di cuenta de que a la sociedad le resultaba raro que me casara y tuviera pareja. ¿Por qué raro?
Los años pasaron y, aún con ciertos avances, todavía se hace muy difícil hablar de los impedimentos que atraviesan las mujeres con discapacidad. Doblemente excluidas, por género y condición, solemos permanecer ausentes en discursos que giran en torno a la diversidad. Sin embargo, especialmente en esta fecha es fundamental cuestionar esta ausencia, así como los estereotipos, tabúes y prejuicios que entorpecen el camino hacia una verdadera inclusión.
De hecho, ¿cuántas participan de publicidades? ¿cuántas madres con discapacidad podemos ver diariamente? ¿cuántas, acceden a puestos de liderazgo en una empresa?
En el camino hacia la deconstrucción de una perspectiva que anula a la mujer con discapacidad necesitamos erradicar y eliminar una imagen que descree de su posibilidad y capacidad de participar de diferentes ámbitos y espacios para cumplir derechos históricamente rechazados. Un imaginario que percibe a la mujer con discapacidad desde la pasividad, la compasión, la incapacidad y la falla.
Es esta misma mirada que construye distintos tipos de violencia y discriminación, por ejemplo, obstétrica relacionada con el rechazo del ámbito médico y de la sociedad en general a la decisión de una mujer con discapacidad a ser madre.
Es así que históricamente vivencian prácticas de exclusión ligadas al acceso a la salud sexual y reproductiva y falta de información las cuales se profundizan por las condiciones sociales o ausencia de recursos.
Por otro lado, se hace fundamental remarcar la mayor vulnerabilidad que enfrenta la mujer con discapacidad ante violencia física y de género. En este contexto la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, marco regulador, reconoce “que las mujeres y niñas con discapacidad están sujetas a múltiples formas de discriminación y, a ese respecto, adoptarán medidas para asegurar que puedan disfrutar plenamente y en igualdad de condiciones de todos los derechos humanos y libertades fundamentales.”
Por esto y porque es vital adentrarnos en las bases conceptuales que generan y construyen estas actitudes, recorremos 5 estereotipos que atraviesan la vida de las mujeres con discapacidad y que precisamos desterrar si apostamos a una sociedad más igualitaria.
- No puede ejercer su sexualidad y/o maternar
- No es “bella”
- No puede decidir sobre su vida
- No es consumidora
- No puede trabajar


