Hay algo que todas buscamos después de hacernos las uñas: que se mantengan impecables la mayor cantidad de tiempo posible. Sin embargo, muchas veces el esmalte comienza a saltarse a los pocos días, aparecen pequeñas marcas en las puntas o pierde ese brillo de recién hechas.
La buena noticia es que no siempre hace falta recurrir a una manicura semipermanente para conseguir una mayor duración. Con algunos pasos simples es posible cuidar las uñas naturales y, al mismo tiempo, conseguir que el esmalte tradicional permanezca prolijo durante aproximadamente una semana.
La clave está en entender que una manicura duradera empieza antes de abrir el frasco de esmalte.
El primer paso: preparar bien las uñas

Para que el esmalte se adhiera correctamente, la superficie de la uña tiene que estar limpia y seca. Antes de pintar, es importante retirar cualquier resto de crema, aceite o producto que pueda quedar sobre la placa.
También es recomendable limar las uñas para darles una forma pareja y evitar bordes irregulares que puedan engancharse con la ropa o romperse. Si las uñas están débiles, conviene elegir formas que no tengan demasiadas puntas o ángulos y mantener un largo cómodo para las actividades cotidianas.
Otro punto importante es no abusar del pulido. Si bien puede dejar la superficie más lisa, hacerlo constantemente puede adelgazar la uña. La idea es mantenerlas sanas, no eliminar capas de la superficie.
Cutículas: mejor cuidar que cortar de más
Las cutículas cumplen una función de protección, por eso no es necesario retirarlas agresivamente para conseguir una manicura prolija. Lo ideal es ablandarlas y empujarlas suavemente cuando sea necesario, evitando lastimar la zona.
Además, mantenerlas hidratadas ayuda a que el contorno de la uña se vea más saludable. Un aceite para cutículas puede incorporarse fácilmente a la rutina, especialmente por la noche.
La base no es un paso para saltear

Uno de los errores más frecuentes es aplicar directamente el color sobre la uña. La base funciona como una primera capa que ayuda a preparar la superficie y puede contribuir a que el esmalte se adhiera mejor.
Además, existen diferentes tipos de bases según las necesidades de cada uña: algunas están pensadas para fortalecer, otras para alisar la superficie y también hay opciones específicas para uñas que tienden a quebrarse o descamarse.
La clave es elegir una que sea adecuada para el estado de las propias uñas y dejarla secar correctamente antes de continuar.
Elegir esmaltes tipo gel
Si buscás que el color dure más tiempo, una buena opción es elegir, en lo posible, esmaltes con fórmula tipo gel, que suelen ofrecer mayor duración y brillo que los esmaltes tradicionales. Además, existen opciones que no requieren lámpara UV o LED y que se aplican como cualquier esmalte convencional.
Para potenciar el resultado, lo ideal es usarlos junto con una base y un top coat de la misma línea, respetando los tiempos de secado indicados por cada producto. Esta combinación puede ayudar a mantener la manicura prolija durante más días y a reducir el desgaste en las puntas.
Menos producto, más duración

A la hora de aplicar el esmalte, una regla sencilla puede hacer una gran diferencia: es mejor trabajar con capas finas que aplicar una capa muy gruesa.
Una primera capa fina de color permite construir la intensidad de manera progresiva. Una vez que se encuentra seca, se puede sumar una segunda capa para lograr una cobertura uniforme.
El error de cargar demasiado el pincel puede hacer que el esmalte tarde más en secarse y quede más vulnerable a golpes, marcas y pequeñas imperfecciones.
También es importante pasar el pincel por el borde libre de la uña. Ese pequeño gesto ayuda a sellar la punta y puede evitar que el esmalte comience a levantarse desde allí.
El paso que define el resultado: top coat
Después del color llega uno de los productos fundamentales para prolongar la manicura: el top coat.
Esta capa transparente aporta brillo y ayuda a proteger el esmalte de los roces cotidianos. Para quienes buscan que la manicura dure una semana, es un paso que vale la pena incorporar siempre.
Incluso puede renovarse después de algunos días con una nueva capa fina, siempre que el producto lo permita. Esto puede devolverle brillo a la manicura y reforzar la protección.
Las primeras horas son clave
Aunque el esmalte parezca seco al tacto, puede necesitar más tiempo para terminar de asentarse. Por eso, después de hacerse las uñas conviene evitar durante un rato actividades que puedan generar presión, golpes o contacto prolongado con agua caliente.
Lavar platos, bañarse con agua muy caliente o manipular objetos con las uñas durante las primeras horas puede arruinar una manicura recién hecha.
Y hay otro hábito que conviene desterrar: usar las uñas como herramientas. Abrir latas, despegar etiquetas, raspar superficies o abrir envases con las uñas puede provocar pequeños golpes que terminan haciendo que el esmalte se salte y, además, debilitar la uña natural.
Hidratación también para las uñas
Una manicura duradera no significa olvidarse del cuidado. Al contrario: mantener hidratadas las manos, las uñas y especialmente las cutículas ayuda a conservar un aspecto prolijo.
El aceite para cutículas puede aplicarse diariamente y es especialmente práctico antes de dormir. También es importante usar crema de manos después de lavarlas, sobre todo cuando hay exposición frecuente al agua o productos de limpieza.
Redacción OHLALÁ! El equipo de redacción de Somos OHLALÁ! está conformado por un grupo de periodistas especializado en diferentes temáticas. Buscamos compartir las noticias más relevantes de la agenda pública y aquellos temas que nos impactan a todos, también queremos construir herramientas que ayuden a navegar la actualidad.
En esta nota:
Tendencia beauty













