¿Y si construir una casa también pudiera ser una forma de volver a conectarnos con la tierra? La pregunta parece nueva, pero la respuesta tiene miles de años. El barro fue uno de los primeros materiales utilizados por la humanidad para levantar viviendas y todavía hoy buena parte de la población mundial vive en construcciones de tierra.
Lo que está cambiando es la manera de mirar esos materiales. En un contexto de preocupación por el impacto ambiental de la construcción, el consumo energético de las viviendas y el costo de mantenerlas, la bioconstrucción recupera saberes tradicionales y los combina con diseño, tecnología y conocimiento técnico.
"La bioconstrucción es una forma de construir que usa materiales naturales, locales y de bajo impacto, y que diseña la casa en diálogo con su clima y su terreno", explica Noa Shlesinger, de EcoSuyana, Soluciones Ecológicas.
La propuesta va un paso más allá de construir con barro. Se trata de pensar la vivienda como un sistema: desde dónde se ubica y cómo recibe el sol hasta qué materiales utiliza, cómo gestiona el agua y de qué manera produce y consume energía.
Una casa de barro no es una casa precaria

Cuando se habla de bioconstrucción, uno de los primeros prejuicios suele aparecer alrededor del barro. ¿Es resistente? ¿Qué pasa cuando llueve? ¿Se puede vivir cómodamente en una casa construida con tierra?
La respuesta depende de cómo se construya. Una vivienda de barro bien diseñada necesita estructura, cálculo, buenos cimientos, protección frente al agua y revoques adecuados. No se trata de improvisar una pared con tierra, sino de utilizar técnicas específicas.
La tierra arcillosa se combina con arcilla, arena, agua y fibras vegetales como el rastrojo de trigo. El resultado es un material capaz de regular la humedad del ambiente y acumular calor.

Entre las técnicas más utilizadas en Argentina aparecen el adobe, formado por bloques de arcilla y paja secados al sol; la quincha, que combina una trama de madera con una mezcla de arcilla, arena y fibras; el tapial o tierra apisonada, que genera muros macizos; y los sistemas de paja encofrada o fardos, que ofrecen un alto nivel de aislación.
Los revoques de arcilla o cal completan el sistema. Además de proteger los muros, permiten prescindir de pinturas sintéticas y aportan textura y color.
El secreto está en cómo funciona la casa

Una de las grandes diferencias de la bioconstrucción aparece en el comportamiento térmico de la vivienda.
En las Sierras de Córdoba, donde la amplitud térmica entre el día y la noche puede ser muy marcada, una casa necesita resolver tanto el frío como el calor. Y ahí la tierra tiene una característica particular: la inercia térmica.
En invierno, un muro de arcilla puede acumular durante el día el calor que recibe del sol y liberarlo lentamente durante la noche. Así, en lugar de reproducir inmediatamente los cambios de temperatura del exterior, ayuda a mantener más estable el ambiente interior.

”La clave está en combinar masa térmica y aislación", explica Shlesinger. La arcilla aporta masa e inercia; las fibras vegetales y otros materiales naturales pueden aportar aislación. El objetivo es lograr un confort térmico de manera pasiva.
A eso se suma otra propiedad de la arcilla: su capacidad de absorber y liberar vapor de agua. Esa característica permite regular la humedad interior y reducir el riesgo de condensaciones.
El sol empieza a trabajar antes de instalar los paneles

Hablar de energía solar en una vivienda sustentable no significa solamente colocar paneles fotovoltaicos en el techo. Para la bioconstrucción, el primer sistema de aprovechamiento de la energía solar empieza mucho antes: en el diseño.
En el hemisferio sur, una vivienda puede orientarse para aprovechar la radiación solar del norte. Los grandes ventanales permiten que el sol bajo del invierno ingrese en los ambientes y caliente los muros de tierra. Durante el verano, los aleros pueden bloquear el sol más alto y la ventilación cruzada ayudar a refrescar los espacios.
La idea es sencilla: que la casa aproveche primero los recursos disponibles en el lugar y necesite después menos energía para calefaccionarse o refrigerarse.

Recién entonces aparecen las tecnologías activas, como los paneles fotovoltaicos para producir electricidad o los termotanques solares para calentar agua.
Barro, madera y piedra: una combinación que vuelve a escena
La tierra no es el único material protagonista. La madera puede utilizarse en sistemas de entramado que permiten construir estructuras livianas, precisas y rápidas de montar. Además, la madera almacena parte del carbono que el árbol absorbió durante su crecimiento.
La piedra también tiene un papel importante, especialmente en zonas serranas. En los cimientos y zócalos ayuda a proteger la construcción de la humedad del suelo.
Existe una frase tradicional entre quienes trabajan con construcción en tierra que resume esa lógica: una buena casa de barro necesita "buenas botas y un buen sombrero". Es decir, una base que la proteja del agua y un alero que cuide los muros de la lluvia.
¿Se puede construir la propia casa?

Sí, se puede construir la casa propia. Y esa es una de las ideas que más atraen a quienes se acercan a la bioconstrucción: la posibilidad de involucrarse directamente en la obra.
Pero autoconstrucción no significa hacer todo sin ayuda. Para EcoSuyana, hay etapas que requieren conocimiento profesional, especialmente la estructura, los cimientos y las instalaciones.
”Se puede participar en todas las etapas o solamente en algunas terminaciones. Lo importante es que la estructura, los cimientos y las instalaciones estén bien resueltos", explica Cristian Torres, co-fundador de EcoSuyana.

El primer paso es conocer el terreno: observar el recorrido del sol, los vientos, las pendientes, las vistas y el tipo de suelo. Después viene el diseño bioclimático, que organiza los ambientes según el clima y las necesidades de quienes van a vivir allí.
También es posible aprender haciendo. Los talleres y voluntariados en obra permiten familiarizarse con las técnicas y adquirir conocimientos prácticos.
Seis pasos para empezar una autoconstrucción

1. Conocer el terreno. Analizar el sol, los vientos, las pendientes, las vistas y el tipo de suelo.
2. Diseñar teniendo en cuenta el clima. La orientación y la distribución de los ambientes son parte del sistema energético de la casa.
3. Elegir la técnica. Adobe, quincha, tierra apisonada, paja encofrada o sistemas que combinan diferentes materiales.
4. Formarse. Los talleres y las experiencias en obra permiten aprender las técnicas de manera práctica.
5. Definir qué parte de la obra hacer. No es necesario construir todo de manera autónoma. Se puede participar en determinadas etapas y dejar las más complejas en manos de profesionales.
6. Pensar agua y energía desde el principio. La cosecha de lluvia, los fitofiltros y los paneles solares funcionan mejor cuando forman parte del proyecto desde el comienzo.
¿Y qué pasa con el agua?

La mirada integral también alcanza a los recursos hídricos. La cosecha de agua de lluvia permite recuperar un recurso que, de otro modo, se perdería, mientras que los fitofiltros utilizan humedales artificiales para depurar aguas grises y negras.
La idea es que la vivienda pueda gestionar una mayor parte de sus recursos y reducir el impacto sobre el entorno.
EcoSuyana: una experiencia que empezó con voluntarios
En el Valle de Punilla, Córdoba, EcoSuyana comenzó su recorrido en 2015, con una primera casa ecológica construida junto a voluntarios en Los Cocos.
Desde entonces, el proyecto creció hasta convertirse en un equipo de 20 colaboradores. Entre 2015 y 2024 construyeron 19 viviendas, tienen dos en ejecución y realizaron dos reformas, con un total de 1.725 metros cuadrados construidos. También levantaron una escuela de cuatro aulas sustentables para la Cooperativa Educacional Olga Cossettini, en Capilla del Monte.
En estos años también formaron a cerca de 300 voluntarios en técnicas de bioconstrucción.
El crecimiento incluyó la creación de un Biocorralón en San Esteban y, desde 2026, un laboratorio propio de análisis de agua abierto también a terceros.
Su propuesta se define como “bioconstrucción con ingeniería aplicada": materiales naturales combinados con análisis de datos climáticos, protocolos y resultados medibles.
¿Es realmente más barata?

Otro de los mitos alrededor de las casas de barro es que son necesariamente mucho más económicas porque utilizan materiales naturales.
La respuesta es más compleja. La tierra puede ser un recurso local, pero la construcción requiere mano de obra y conocimiento. El ahorro no está necesariamente en que el material sea económico, sino en el desempeño de la vivienda a lo largo del tiempo.
Según los análisis de EcoSuyana sobre obras terminadas, los costos se ubican entre los 1000 y 1200 dólares por metro cuadrado, con materiales de primera calidad y carpinterías con doble vidriado hermético. La obra gris ronda los 700 dólares por metro cuadrado, según cada proyecto.
El diferencial aparece en el comportamiento térmico: para alcanzar niveles equivalentes de aislación e inercia con materiales industriales, estiman que sería necesario sumar alrededor de un 40% más.
Cinco mitos sobre las casas de barro
"Se deshacen con la lluvia."Una construcción de tierra necesita protección frente al agua. Con buenos cimientos, aleros y revoques adecuados, puede durar generaciones.
"Atraen bichos". El problema puede aparecer cuando existen grietas o sectores sin revocar. Un buen acabado de los muros elimina esos riesgos.
"Es más barato porque el barro es gratis."La tierra puede ser local, pero la mano de obra es intensiva. La ventaja está también en el desempeño energético y en la menor huella ambiental.
"Cualquiera puede construir solo."Cualquiera puede aprender, pero las estructuras, los cálculos y el diseño requieren conocimiento técnico.
"Es volver al pasado."La bioconstrucción recupera materiales y técnicas antiguas, pero los combina con herramientas actuales de diseño, medición y eficiencia energética.
Una casa que también forma parte del paisaje
La bioconstrucción propone cambiar la pregunta. No se trata solamente de cómo construir una casa, sino de cómo queremos vivir en ella y qué relación queremos tener con el lugar que habitamos.
Barro que ayuda a regular la humedad y la temperatura. Madera y fibras vegetales que incorporan materiales de origen natural. Sol aprovechado desde la orientación de la vivienda. Agua de lluvia que puede recuperarse. Energía solar que permite reducir el consumo de la red.
Y también algo que quizá sea tan importante como los materiales: recuperar la posibilidad de participar en el proceso.
La experiencia de EcoSuyana muestra que construir con tierra, madera y otros materiales naturales ya no es solamente una alternativa para quienes buscan una vida alejada de las ciudades. Con diseño, conocimiento técnico y acompañamiento profesional, la bioconstrucción empieza a aparecer como una posibilidad concreta para quienes quieren que su casa sea algo más que un lugar donde vivir: un espacio pensado en diálogo con el clima, el paisaje y la forma de vida de quienes la habitan.
Experta consultada: Noa Shlesinger, de EcoSuyana – Soluciones Ecológicas
Redacción OHLALÁ! El equipo de redacción de Somos OHLALÁ! está conformado por un grupo de periodistas especializado en diferentes temáticas. Buscamos compartir las noticias más relevantes de la agenda pública y aquellos temas que nos impactan a todos, también queremos construir herramientas que ayuden a navegar la actualidad.

