Una casa que produce parte de la energía que consume, recupera el agua de lluvia, mantiene una temperatura agradable sin depender tanto del aire acondicionado y hasta tiene un jardín en el techo. Lo que hace unos años podía parecer una construcción del futuro hoy es una posibilidad cada vez más cercana. En la Argentina, las viviendas autosustentables ganan terreno y proponen una nueva manera de pensar nuestros hogares: vivir con mayor confort, consumir menos recursos y reducir el impacto ambiental.
La tendencia no se limita a las casas de campo o a los proyectos de arquitectura más innovadores. También empieza a verse en edificios urbanos, terrazas, estaciones de servicio y viviendas particulares. Y lo interesante es que no hace falta construir una casa desde cero para incorporar algunas de estas soluciones.
La lógica que propone la vivienda autosustentable es sencilla: primero gastar menos, después producir lo que se pueda y, por último, cerrar los ciclos del agua y los residuos dentro del propio terreno.
Ese es el enfoque que comparte Noa Shlesinger, de EcoSuyana, Soluciones Ecológicas, un proyecto con sede en San Esteban, Córdoba, que trabaja con materiales naturales, arquitectura sustentable y tecnologías para reducir el impacto ambiental de las construcciones.
Por qué crecen las casas autosustentables en la Argentina
Hay una preocupación ambiental detrás de esta tendencia, pero también razones muy concretas que tienen que ver con la vida cotidiana. Las tarifas de electricidad y gas, los veranos cada vez más calurosos y la búsqueda de ambientes saludables llevan a muchas personas a preguntarse cómo hacer que sus casas sean más eficientes.
Según el Informe Global sobre Edificios y Construcción 2024-2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), los edificios y la construcción representan el 32% del consumo energético mundial y generan el 34% de las emisiones globales de dióxido de carbono. El cemento y el acero, por sí solos, explican el 18% de esas emisiones.
Frente a ese escenario, la arquitectura sustentable propone revisar desde los materiales con los que construimos hasta la manera en que calefaccionamos, refrigeramos y utilizamos el agua.
Eficiencia energética: la casa que consume menos antes de producir energía
Cuando pensamos en una casa autosustentable, probablemente lo primero que imaginamos son paneles solares. Sin embargo, el punto de partida está mucho antes: en el diseño.
Una vivienda bien orientada puede aprovechar el sol de invierno para calentarse naturalmente y protegerse de la radiación intensa durante el verano. Los aleros, la ventilación cruzada y una buena aislación térmica permiten mantener temperaturas agradables sin depender tanto de equipos de climatización.
Otro aspecto fundamental son las aberturas. Las ventanas con doble vidriado hermético (DVH), por ejemplo, ayudan a reducir las pérdidas de calor durante el invierno y el ingreso de calor durante el verano. También mejoran la aislación acústica.

En la Argentina, empresas como Urbantek, de Córdoba, trabajan en el desarrollo de carpinterías de PVC con este tipo de tecnología.
Además, la eficiencia energética ya se puede medir. El Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas contempla una clasificación de la A a la G, similar a la que encontramos en los electrodomésticos, que permite conocer el desempeño energético de una casa.
Paneles solares y termotanques: cómo aprovechar la energía del sol

Una vez que la vivienda reduce sus necesidades energéticas, el siguiente paso es producir o aprovechar parte de la energía que consume.
Los paneles solares fotovoltaicos permiten transformar la radiación del sol en electricidad. Según las características de la instalación, pueden cubrir una parte del consumo eléctrico de la casa y disminuir la dependencia de la red convencional.
Otra alternativa es el termotanque solar, que utiliza la energía del sol para calentar agua. En la Argentina, estos sistemas pueden permitir un ahorro cercano al 65% de la energía destinada a ese uso, aunque el resultado depende del clima, el equipo y los hábitos de consumo.
Una de sus ventajas es que funcionan también durante el invierno, porque aprovechan la radiación solar y no necesitan temperaturas exteriores elevadas.
Además, en muchas viviendas pueden conectarse al calefón o termotanque existente, que queda como sistema de apoyo cuando la energía solar no resulta suficiente.
Calefacción eficiente: estufas a pellets que aprovechan residuos de madera
La calefacción es otro de los grandes desafíos de una vivienda eficiente, especialmente en las regiones más frías del país.
Entre las alternativas disponibles aparecen las estufas a pellets, equipos que utilizan pequeños cilindros fabricados con aserrín, virutas y otros residuos de madera prensados.
Es decir, aprovechan subproductos de la industria maderera que pueden convertirse en combustible.
A diferencia de las salamandras tradicionales, estas estufas cuentan con sistemas electrónicos que permiten programar su funcionamiento y regular la temperatura. Además, cuando están correctamente instaladas y mantenidas, ofrecen una combustión más controlada y generan menos humo visible que muchos equipos convencionales a leña.
En la Argentina también existe desarrollo industrial de esta tecnología. La firma Öfen, con fábrica en Temperley, produce estufas electrónicas a pellets y desarrolló equipos con asistencia del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).
Si bien los pellets son un combustible de origen renovable, su combustión genera emisiones. Por eso, su impacto ambiental depende también del origen de la madera, la fabricación del combustible y la eficiencia del equipo.
Techos verdes: jardines que ayudan a regular la temperatura

Imaginemos una tarde de enero, cuando el asfalto de la ciudad alcanza temperaturas altísimas. A pocos metros, sobre algunos edificios, crecen pastos, flores silvestres y plantas nativas. Debajo de ese jardín, los ambientes reciben menos calor.
Los techos verdes, también llamados cubiertas vegetales o techos vivos, son una de las soluciones más visibles de la arquitectura sustentable.
Sus beneficios son múltiples: contribuyen a la aislación térmica y acústica, retienen parte del agua de lluvia, protegen la impermeabilización del techo y crean pequeños hábitats para insectos polinizadores y aves.
En la Argentina ya existen experiencias concretas.
En la Ciudad de Buenos Aires, la estación de servicio YPF ubicada en Figueroa Alcorta y Echeverría, en Belgrano, incorpora una cubierta vegetal que se riega con agua de lluvia. El proyecto también cuenta con paneles solares vinculados a la carga de bicicletas y monopatines eléctricos.
En Córdoba, la empresa Parques Argentinos, que trabaja con el sistema alemán ZinCo, participó en proyectos como las cubiertas verdes del edificio de Naranja X y el asesoramiento para el Archivo Histórico provincial.
La incorporación de vegetación en los techos también empieza a tener respaldo normativo. En Buenos Aires, la Ley 4428 contempla incentivos para quienes instalen y mantengan cubiertas verdes, aunque su implementación plena sigue siendo un tema pendiente. Córdoba, por su parte, aprobó una ordenanza en 2016 para incorporar este tipo de soluciones en determinadas construcciones.
Recuperación y tratamiento del agua: cómo funciona una casa que reutiliza sus recursos

Uno de los aspectos más interesantes de las viviendas autosustentables es la posibilidad de aprovechar mejor el agua.
El sistema más sencillo es la recolección de lluvia. A través de canaletas, el agua que cae sobre el techo se conduce hacia un tanque de almacenamiento y puede utilizarse para regar el jardín, mantener una huerta o realizar otras tareas que no requieren agua potable.
Pero existen alternativas más complejas que permiten tratar las aguas residuales de la vivienda.
Entre ellas están los fitofiltros o humedales artificiales, sistemas que utilizan plantas, piedras y microorganismos para depurar el agua.
El funcionamiento se basa en procesos naturales: el agua atraviesa un lecho filtrante donde las raíces y los microorganismos asociados contribuyen a remover contaminantes.
Con un diseño adecuado, estos sistemas pueden tratar aguas grises, provenientes de duchas y lavatorios, y también aguas negras, que requieren procesos de tratamiento más exigentes.
El agua tratada puede destinarse a ciertos usos no potables, como el riego, siempre que alcance la calidad sanitaria necesaria y se respeten las normas correspondientes.
Desde la mirada que impulsa EcoSuyana, estas soluciones forman parte de una concepción más amplia de la vivienda: una casa que funciona como un pequeño ecosistema, donde los recursos circulan y se aprovechan.
El agua recuperada puede contribuir al riego de las plantas; los residuos orgánicos de la cocina se transforman en compost para enriquecer la tierra; y las especies vegetales nativas atraen abejas y pájaros.
Construcción con tierra cruda: una técnica ancestral que vuelve a ganar protagonismo
No todas las innovaciones en arquitectura sustentable vienen de la tecnología. Algunas recuperan técnicas constructivas que tienen miles de años.
Es el caso del adobe, la quincha y el tapial, sistemas que utilizan tierra cruda, arcilla y fibras vegetales.
Estos materiales pueden contribuir a regular la humedad interior y, según cómo se diseñen los muros y la aislación, mejorar el comportamiento térmico de una vivienda.
Durante décadas, la construcción con tierra quedó relegada o fuera de los códigos de edificación de muchas localidades. Sin embargo, ese escenario comenzó a cambiar.
Según la Red Protierra Argentina, entre 2011 y 2022 se aprobaron 54 normativas vinculadas con la construcción con tierra y otros materiales naturales en diferentes puntos del país.
Localidades como Merlo, en San Luis; La Plata y Azul, en Buenos Aires; Chilecito, en La Rioja; y Federación, en Entre Ríos, avanzaron con regulaciones que permiten utilizar estas técnicas.
También crece el desarrollo de aislantes naturales, como la lana de oveja, que puede aprovechar descartes de la industria textil para brindar aislación térmica y acústica en muros y techos.
Una dificultad todavía presente es el acceso a los materiales. A diferencia de los productos tradicionales, muchos no se consiguen fácilmente en los corralones.
Para responder a esa necesidad, EcoSuyana desarrolló un Biocorralón en San Esteban, Córdoba, que reúne materiales y soluciones para obras nuevas y reformas. El proyecto también funciona como estudio de arquitectura y acompaña a las familias desde el diseño hasta la construcción.
Cómo hacer que una casa sea más sustentable sin construirla desde cero
La buena noticia es que no hace falta mudarse ni encarar una obra integral para comenzar a transformar nuestra vivienda.
Hay mejoras que pueden incorporarse progresivamente, según el presupuesto, las características de la casa y las necesidades de quienes viven en ella.
- Mejorar las ventanas: incorporar aberturas con doble vidriado hermético ayuda a reducir las pérdidas de energía y mejora el confort.
- Aislar el techo: una buena aislación térmica puede disminuir considerablemente la necesidad de calefacción y refrigeración.
- Instalar un termotanque solar: permite aprovechar la energía del sol para calentar agua y reducir el consumo de gas o electricidad.
- Recuperar el agua de lluvia: un tanque conectado a las canaletas puede proporcionar agua para regar el jardín o la huerta.
- Evaluar una cubierta verde: algunas terrazas y techos existentes pueden adaptarse, siempre que un profesional verifique previamente su capacidad estructural y las condiciones de impermeabilización.
- Revisar el sistema de calefacción: según la vivienda y la disponibilidad de combustible, una estufa a pellets puede ser una alternativa para calefaccionar de manera eficiente.
Y aunque no todas las viviendas puedan incorporar todas estas tecnologías, el cambio de mirada ya resulta significativo. Porque una casa más sustentable no necesariamente es una casa llena de dispositivos sofisticados. A veces, el primer paso consiste simplemente en aprovechar mejor la luz natural, aislar un techo o recuperar el agua que antes se perdía.
Experta consultada: Noa Shlesinger, de EcoSuyana – Soluciones Ecológicas
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