Durante años pensamos que la contaminación era algo que estaba "afuera": en el aire de las ciudades, en los océanos o en los ríos. Sin embargo, una de las preguntas que hoy moviliza a la ciencia es mucho más íntima: ¿qué pasa cuando esas partículas también llegan a nuestro cuerpo?
Los microplásticos ya fueron detectados en sangre, pulmones, placenta, hígado, tejido reproductivo e incluso en el líquido folicular que rodea a los óvulos. Todavía quedan muchas preguntas por responder, pero la investigación avanza rápido y, especialmente para la salud femenina, empieza a mostrar resultados que vale la pena conocer.
¿Qué son los microplásticos?
Son pequeñas partículas de plástico de menos de 5 milímetros que se generan cuando objetos plásticos más grandes se rompen o desgastan. También existen los nanoplásticos, miles de veces más pequeños, capaces de interactuar con las células de formas que recién estamos empezando a comprender.
No son un problema porque "el plástico sea malo". El desafío es que estas partículas son extremadamente persistentes: no desaparecen, circulan por el ambiente y terminan formando parte del aire que respiramos, el agua que bebemos y muchos de los alimentos que consumimos.
Están mucho más cerca de lo que imaginamos
Hoy sabemos que los microplásticos están prácticamente en todas partes.
En el agua potable, en el agua embotellada, en pescados y mariscos, frutas, verduras, miel, sal, arroz y alimentos ultraprocesados. También flotan en el aire de nuestras casas, desprendidos de alfombras, muebles, pinturas o ropa sintética.
Incluso el simple desgaste de los neumáticos libera millones de partículas que terminan suspendidas en el aire o llegan a ríos y mares con la lluvia.
La realidad es que ya forman parte de nuestro ambiente cotidiano.
¿Cómo llegan al organismo?
Las principales vías son tres:
- Los ingerimos con alimentos y bebidas.
- Los inhalamos junto con el polvo y el aire.
- En menor medida, podrían ingresar por contacto con la piel en determinadas condiciones.
Las partículas más pequeñas pueden atravesar la barrera intestinal, ingresar a la circulación y distribuirse hacia distintos órganos. Allí algunas son captadas por células del sistema inmune y otras parecen atravesar barreras biológicas como la placenta. Estos mecanismos fueron demostrados principalmente en modelos experimentales y ayudan a explicar por qué hoy pueden detectarse en distintos tejidos humanos.
Lo que la ciencia encontró... y lo que todavía no puede afirmar
En los últimos años comenzaron a aparecer hallazgos que llamaron la atención de la comunidad científica.
Uno de ellos fue la detección de microplásticos en el líquido folicular de mujeres en tratamiento de fertilidad. Ese líquido rodea al óvulo durante su desarrollo y es fundamental para su nutrición y maduración. El hallazgo no demuestra que los microplásticos causen infertilidad, pero sí abre una nueva línea de investigación sobre cómo el ambiente podría influir en la biología reproductiva.
Las últimas revisiones científicas publicadas muestran que, en estudios con animales y células, los microplásticos pueden:
- aumentar el estrés oxidativo;
- favorecer la inflamación;
- alterar la función de las mitocondrias;
- modificar la producción hormonal;
- disminuir la calidad de los ovocitos;
- afectar la reserva ovárica y el desarrollo embrionario temprano.
En humanos, en cambio, todavía no puede afirmarse una relación causal. La evidencia es prometedora, pero aún insuficiente para concluir que los microplásticos sean responsables directos de problemas de fertilidad o alteraciones hormonales.
¿Qué relación podrían tener con el ciclo menstrual?
El ciclo menstrual es uno de los mejores indicadores de salud femenina porque refleja el funcionamiento coordinado del cerebro, los ovarios, el sistema inmune, el metabolismo y múltiples señales ambientales.
Si futuras investigaciones confirman lo que hoy sugieren los modelos experimentales, los microplásticos podrían convertirse en un nuevo factor de estrés biológico capaz de alterar ese delicado equilibrio.
No significa que sean la causa de un ciclo irregular, de la endometriosis o de la infertilidad. Significa que podrían sumarse a otros factores ya conocidos, como el estrés crónico, el sedentarismo, el tabaquismo, la contaminación ambiental o una alimentación de baja calidad.
En salud casi nunca existe una única causa. Lo que suele ocurrir es una acumulación de pequeñas cargas que, con el tiempo, superan la capacidad de adaptación del organismo.
¿Podemos hacer algo?

Hay que evitar recargar botellas plásticas, más cuando estuvieron expuestas al sol. - Getty
No podemos eliminar completamente la exposición. Los microplásticos ya forman parte del ambiente.
Pero sí podemos disminuir algunas de las fuentes más importantes sin caer en la obsesión.
Algunas medidas respaldadas por la evidencia incluyen:
- evitar calentar comida en recipientes plásticos
- preferir vidrio, acero inoxidable o cerámica para alimentos calientes
- reducir el uso de botellas descartables, especialmente si estuvieron expuestas al calor
- ventilar diariamente los ambientes
- limpiar el polvo con frecuencia
- elegir fibras naturales cuando sea posible
- reemplazar utensilios plásticos muy deteriorados.
No son soluciones mágicas. Son pequeños cambios que disminuyen una carga ambiental más dentro de un estilo de vida saludable.
La ciencia todavía está escribiendo esta historia
Quizás dentro de diez años descubramos que los microplásticos tuvieron un impacto mucho menor del que imaginábamos. O quizás entendamos que fueron uno de los grandes desafíos ambientales para la salud del siglo XXI.
Lo interesante es que esta investigación también nos invita a cambiar la pregunta.
No se trata solamente de cuánto plástico hay en el planeta.
Se trata de cuánto influye el ambiente en nuestra biología.
Y, como ocurre tantas veces en salud femenina, el ciclo vuelve a ser una brújula. Porque escuchar al cuerpo, comprender sus señales y reducir las cargas que pueden afectar su equilibrio sigue siendo una de las formas más inteligentes de hacer prevención.
Ceci Belgoff Microbióloga y embrióloga. Realiza acciones para potenciar el bienestar de mujeres y diversidades.













