Hay un momento en la vida adulta en el que la mirada sobre nuestras madres pide un vuelco. Nos acostumbramos a verlas desde la función: las que cuidan, las que sostienen, las que organizaron nuestra infancia y armaron los escenarios de nuestra historia. Pero cuando los años pasan y los hijos crecemos, aparece una oportunidad reveladora: volver a mirar a esa mamá como una mujer autónoma, preguntarnos quién es hoy, qué necesita para su cotidianidad y cómo quiere habitar su propio presente.
Esos cuestionamientos se le impusieron a Fernanda "Fer" Mel (57) cuando su mamá, Marta Inés De Franco (82), sufrió una caída que le provocó la fractura de cadera y la obligó a pasar tres meses en silla de ruedas. Marta llevaba 56 años en la misma casa de dos plantas en Colegiales, la vivienda donde crio a sus cuatro hijos y donde transcurrió toda su vida familiar.
Aunque la casa ya estaba adaptada con un ascensor porque ella siempre había tenido la convicción de querer pasar ahí el resto de sus días, el accidente encendió una chispa inesperada: al recuperarse, Marta decidió que necesitaba cambiar. Ya no quería habitar una estructura vertical que le exigía esfuerzo físico constante, ahora prefería vivir en una sola planta, cerca de su hermana, a pasos de un café, una farmacia y el pulso del barrio.
Fue ahí cuando Fer, cuya vida profesional se desempeñó muchos años en torno al diseño gráfico y la producción audiovisual hasta que decidió dedicarse a reformar viviendas, entendió que tenía mucho por hacer. Su verdadero rol no era decidir por su madre ni limitarse a un cuidado reactivo, sino acompañarla a construir el espacio para su nueva etapa.

"Siempre pensamos su casa alrededor de la familia. En esta obra quise pensarla alrededor de la mujer que mi mamá es hoy. Durante años ella construyó escenarios para nuestra vida; esta vez me tocó a mí ayudarla a construir el escenario de la suya", reflexiona Fer con un tono profesional y serio que no llega a ocultar una profunda emoción personal.
Caso Deco: Transformar 210 m² desde la emoción, la luz y la autonomía
Con el deseo claro de Marta de mudarse a una sola planta en Barrancas de Belgrano, Fer asumió el desafío de remodelar un departamento de 210 m² en un segundo piso frente a la copa de los árboles. El objetivo no era lograr una vivienda "de revista" ni aplicar tendencias efímeras, sino poner la arquitectura al servicio de la vida diaria.
Al encarar su trabajo, Fer siempre parte de una premisa: "Las personas cambian mucho más rápido que las casas; a veces llega un momento en que el espacio necesita ponerse al día con la vida". Y bajo esta perspectiva, el verdadero "lujo" empieza cuando una casa deja de pedirte esfuerzo para vivirla.

La intervención demostró cómo con decisiones estratégicas y un presupuesto medido se puede lograr un cambio radical de usabilidad y calidez:
Luz integrada y fluidez espacial: Para capturar la luz de la vegetación exterior, se derribó la pared que separaba el comedor diario del comedor principal. En su lugar, Fer diseñó una gran puerta ventana corrediza de hierro y vidrio texturado de 4,5 metros de ancho, que permite integrar o independizar los ambientes dejando fluir la luz natural hacia la recepción. Además, el ventanal del frente se reformó de dos a tres paños para alivianar la fachada, y una pequeña ventana que daba a un pulmón interno se transformó en un ventanal de piso a techo, creando un patio de luz muy luminoso.

Cocina ergonómica y doble circulación: Se reorganizó el trazado trasplantando la heladera al hueco inutilizado de un antiguo incinerador, abriendo una práctica doble circulación. Pensando en la comodidad de una persona mayor, se eliminaron las puertas bajas profundas —que obligan a agacharse y meterse dentro del mueble— y se reemplazaron por cajones extraíbles de acceso directo. La estética se renovó por completo sin gastar de más: se pintaron los muebles existentes y se aplicó cemento alisado en los muros para cubrir los azulejos antiguos.

Circulación holgada y seguridad invisible: Se ensancharon pasillos y accesos para permitir el paso cómodo de un andador o silla de ruedas si fuera necesario. En el baño se diseñó un box de ducha amplio nivelado al piso, eliminando bañeras y escalones sin que el espacio pierda elegancia.

Guardar la memoria sin congelar el pasado: La transformación no exigió desprenderse de la historia. Se trasladaron las piezas con valor afectivo para Marta —su mesa de comedor de madera, las sillas tapizadas y el aparador antiguo— integrándolas de manera fresca en el nuevo entorno.
"Cambiar una casa no es borrar la historia; es decidir qué parte de esa historia queremos llevar con nosotros a la etapa que viene", sintetiza Fer.

Un camino profesional que la preparó para el momento justo
Mirado en perspectiva, el éxito de esta obra no nació de una corazonada improvisada. Para Fer Mel, encarar el proyecto de su mamá significó la convergencia perfecta de un recorrido profesional sumamente diverso que, visto hacia atrás, cobra un sentido impecable.
A lo largo de su vida, Fer pasó por el diseño editorial, la dirección de arte, la producción de contenidos en televisión y el diseño de mobiliario e interiorismo. Durante mucho tiempo sintió que estaba saltando de un rubro a otro, pero más tarde entendió que en realidad estaba construyendo una caja de herramientas única:
- Del diseño editorial aprendió la capacidad de comunicar y secuenciar un relato.
- De la televisión heredó la mente de productora: armar equipos, manejar presupuestos, anticipar imprevistos y resolver problemas en vivo antes de "prender la cámara".
- Del diseño de muebles y la obra aprendió la escala real del objeto, el espacio y la construcción concreta.
En todas esas etapas hubo un hilo conductor: la persona siempre estuvo en el centro (el lector, el televidente, el usuario, el habitante). De esa síntesis nació Núcleo, su constructora boutique enfocada en reformas integrales ultra personalizadas, donde primero se planifica, se coordina y se entiende la forma de vivir del cliente antes de romper una sola pared.
Haber transitado todo ese desarrollo profesional y personal le permitió a Fer estar en el lugar indicado, con la sensibilidad exacta y las herramientas precisas cuando su mamá más la necesitó. No solo para coordinar gremios o resolver una obra, sino para ofrecerle a su mamá la tranquilidad de que alguien estaba cuidando cada detalle de su nuevo hogar.

Para ambas, la experiencia resultó literalmente reparadora y transformadora. Un antes y después que va más allá de la foto de la reforma: hoy Marta disfruta de su independencia en una sola planta, camina hasta el café de la esquina y recibe a sus nietas y amigas en un departamento luminoso que la abraza todos los días. Fer está muy muy cerca de su mamá y reconfortada con el camino por el que la llevó su desarrollo profesional.
Carola Birgin Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UBA, ejerce el periodismo desde 1997 y trabaja en LN desde 2009. Fue Secretaria de Redacción de la revista OHLALÁ!, Editora del Suplemento Moda Belleza y hoy es editora digital del grupo de revistas.

