Vivir en pocos metros no significa necesariamente resignar comodidad. Cuando el espacio es reducido, cada decisión de distribución empieza a tener más peso: dónde ubicar la cama, cómo separar el sector de trabajo, qué muebles elegir y de qué manera sumar lugares de guardado sin saturar el ambiente.
Tres proyectos publicados por Revista LIVING muestran distintas maneras de resolver ese desafío. Hay un monoambiente de 30 m² pensado para que convivan descanso, trabajo y estar; otro de 34 m² que prioriza la comodidad y la flexibilidad; y un departamento de 70 m² que, después de una reforma, dejó atrás una distribución muy compartimentada para convertirse en un hogar adaptable a las necesidades de su dueña.
Más que copiar soluciones, los tres casos dejan algunas ideas para pensar los espacios chicos desde otro lugar: menos divisiones, muebles que cumplan más de una función y una distribución pensada a partir de la forma real de vivir.
1. Un monoambiente de 30 m² donde todo tiene más de una función

El primer proyecto, publicado por Revista Living y realizado por la arquitecta Geraldine Misiuk, de Siuk Studio, parte de un desafío concreto: en apenas 30 m² había que conseguir lugar para dormir, estar, trabajar, recibir invitados y sumar espacios de guardado.
El departamento tenía dos ventanas, algo que aportaba luz y amplitud visual, pero dejaba una sola pared libre para resolver buena parte de las funciones. La estrategia fue concentrarlas en un gran mueble diseñado a medida.

El frente comienza junto a la entrada con un espacio para dejar llaves y abrigos y continúa con un placard, una coffee station con cava, un sector de trabajo y distintos espacios de guardado. De esta manera, varias necesidades quedan resueltas en una misma pieza y el resto del ambiente permanece más despejado.
“Buscamos unificar con poco: una sola madera, metal y telas similares para que todo se sintiera integrado”, explicó Misiuk a Living.

Una cama que también funciona como sofá
En lugar de sumar un sofá independiente, el proyecto incorpora una cama de 1,40 metros que también puede utilizarse como lugar de estar. Tiene respaldo en tres lados y almohadones que permiten sentarse cómodamente.

Además, debajo de la cama se incorporaron cajones para guardar los almohadones cuando llega el momento de dormir.
La misma lógica aparece en otros sectores. Como una mesa para cuatro personas no entraba cómodamente, el estudio amplió la barra existente con una estructura metálica que puede desplazarse para generar un espacio de comedor.
Es una de las claves que se repiten en los tres proyectos: cuando los metros son pocos, los muebles tienen que acompañar distintos momentos del día.
2. Un monoambiente de 34 m² pensado desde la cama

En el segundo caso, publicado por Revista LIVING, la fotógrafa de arquitectura e interiorismo Pompi Gutnisky trabajó sobre un monoambiente de 34 m² que tenía un doble objetivo: funcionar como alquiler temporario y, más adelante, convertirse en la primera vivienda de la hija de sus propietarios.
La primera decisión fue también una de las más importantes: definir dónde iba a estar la cama.
Gutnisky eligió una cama tradicional de 1,60 metros y, a partir de sus dimensiones, organizó el resto del ambiente. Antes de comprar los muebles, incluso marcó sus medidas con cinta de papel para comprobar que la circulación fuera cómoda.
La estrategia muestra una idea sencilla que puede trasladarse a cualquier espacio pequeño: antes de comprar muebles, conviene probar físicamente cuánto espacio van a ocupar y cómo será el recorrido alrededor de ellos.
La cama no tiene respaldo para no perder centímetros en el paso hacia el baño. La televisión tiene un brazo móvil que permite verla desde distintos puntos y, en lugar de mesas de luz tradicionales, se eligieron banquitos apilables que también pueden funcionar como auxiliares o sumar asientos.
Sectorizar sin levantar paredes

Otro de los desafíos de un monoambiente es diferenciar las funciones sin convertirlo en una sucesión de pequeños sectores.
En este proyecto, una repisa modular puede funcionar como biblioteca y también como divisor liviano entre la cama y el living. El sofá, por su parte, tiene una funda removible y lavable y un diseño sin apoyabrazos que evita ocupar centímetros innecesarios.
La mesa también fue elegida pensando en su versatilidad: puede utilizarse como auxiliar en la cocina, escritorio, mesa para dos o superficie para comer con más personas.

“Elegí una mesa liviana y flexible”, explicó Gutnisky en Living, justamente porque podía adaptarse a distintos usos.
El color aparece en pequeñas dosis. Sobre una base neutra, la diseñadora incorporó azul en textiles y objetos para sumar personalidad sin cargar visualmente el ambiente.
3. Un departamento de 70 m² que ganó amplitud al eliminar divisiones

El tercer caso tiene más metros, pero parte de un problema frecuente: una distribución demasiado fragmentada.
El departamento, ubicado en Buenos Aires, tenía 70 m² distribuidos en dos dormitorios, un baño, un toilette y una cocina. Los arquitectos Pedro Ignacio Yáñez y Carolina Recondo encararon una reforma integral que empezó con una pregunta: ¿tenía sentido conservar tantos ambientes separados para una persona que vivía sola?

La respuesta fue eliminar un dormitorio y el toilette y derribar buena parte de los muros interiores. El resultado fue un espacio más continuo, con mayor circulación de aire y luz.
“Se demolieron la mayor cantidad de muros posibles, reduciendo de cinco puertas existentes a solo una: la del baño”, explicó Yáñez a Revista Living.

La intervención no buscó solamente generar sensación de amplitud. También modificó la manera de habitar el departamento. El trabajo y el descanso dejaron de estar atados a habitaciones específicas.
“Las actividades como trabajar o descansar, dejaron de estar atadas a un espacio específico”, señaló el arquitecto.

Una misma base para todo el departamento
Otra de las decisiones centrales fue unificar los pisos. Antes, cada ambiente tenía un revestimiento diferente y de baja calidad. La reforma incorporó un mosaico granítico blanco que recorre todo el departamento.
También se redujo la cantidad de materiales. La madera de incienso aparece en la cocina y en un gran mueble divisor que separa visualmente el dormitorio del espacio de trabajo.
El hormigón existente quedó a la vista. En lugar de ocultarlo, el proyecto lo incorporó como parte de la historia del departamento y lo hizo dialogar con el mosaico y la madera.
“Menos, pero mejor”, fue la premisa que sintetizó Yáñez en LIVING.
Qué tienen en común los tres espacios
Aunque se trata de proyectos diferentes, hay algunas decisiones que aparecen una y otra vez.
- Pensar primero cómo se vive. Antes de elegir muebles o colores, los tres proyectos parten de las necesidades concretas de quienes van a habitar esos espacios.
- Elegir muebles versátiles. Una cama puede funcionar como sofá, una mesa puede ser escritorio y comedor y un banquito puede reemplazar a una mesa de luz y convertirse en asiento.
- Sectorizar sin necesariamente dividir. Bibliotecas, muebles a medida, cambios de materiales o una disposición estratégica pueden diferenciar ambientes sin levantar paredes.
- Priorizar la circulación. En pocos metros, cada centímetro cuenta. Por eso resulta clave comprobar medidas antes de comprar y evitar muebles que obstaculicen los recorridos.
- Unificar para ampliar visualmente. Una paleta acotada de materiales, pisos continuos y fondos neutros pueden ayudar a que el espacio se perciba más integrado.
- Dejar lugar para cambiar. Una casa no tiene por qué quedar atada a una única función. Los proyectos muestran que un mismo ambiente puede adaptarse al trabajo, al descanso, a recibir visitas o a distintas etapas de la vida.
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