La escritura como oficio y como modo de vida fue el eje de la conversación entre los escritores Selva Almada y Guillermo Saccomanno, quien presentó su nuevo libro Escribir pájaros en la noche (La Flor Azul), un conjunto de notas sobre la escritura nacidas de un cuaderno que lo acompañó durante años.
Desde el inicio, Almada puso en contexto el origen del libro: ese cuaderno que Saccomanno tenía siempre consigo, que estaba en su escritorio, en su mesa de luz, que llevaba si viajaba, donde anotaba ideas sobre escribir. “Un cuaderno que se había vuelto casi un objeto fetiche”, dijo Selva, en esta conversación, el pasado domingo lluvioso en la biblioteca Ricardo Güiraldes, en la ciudad de Buenos Aires.
“Lo tenía al lado de la computadora o lo llevaba conmigo. Siempre anotaba alguna idea relacionada con la escritura. Y todas las frases empezaban con la palabra ‘escribir’”, contó Saccomanno. El proyecto inicial iba a llamarse Escribir, escribir, en un guiño a Marguerite Duras, una autora clave en su formación. Finalmente, el título cambió por sugerencia de una editora amiga.
"La escritura, la propia respiración".
Guillermo Saccomanno
La conversación entre colegas derivó rápidamente hacia el misterio del acto de escribir. Saccommanno volvió con una idea de Duras: “Hay cosas que pasan con la escritura y de las que casi nunca se habla: la alegría, las frustraciones. Leí una entrevista que le hicieron [a Duras] en 2007 donde decía algo muy interesante: uno nunca termina de explicarse por qué escribe. Puede dar razones, puede hablar de propósitos, pero en realidad lo que se propuso no siempre coincide con lo que verdaderamente quería hacer”.
Almada coincidió y lo sintetizó en la idea de la escritura como un “merodeo” constante alrededor de lo que se quiere contar. “Cuando una novela o un cuento nos sale bastante bien, lo que ocurre es que logramos acercarnos un poco a eso. Pero siempre es un merodeo”.

La escritora Selva Almada dialogó con Guillermo Saccomanno. - Archivo LN
Saccomanno amplió la idea hacia la lectura y la recepción de las obras: “El cuento nunca es solamente el cuento que escribiste vos. Están las lecturas, las respuestas de los lectores, que muchas veces leen otro cuento”.
En ese punto apareció una de las ideas centrales del encuentro: la literatura no como tema sino como trabajo con el lenguaje. “Los escritores casi nunca hablamos de nuestra verdadera materia de trabajo, que es el lenguaje”, planteó Saccomanno. “Rara vez hablamos de la herramienta con la que trabajamos, de los problemas que nos plantea el lenguaje, de cómo transformar toda esa turbulencia que tenemos en la cabeza en algo escrito”.
Y sumó que la literatura es preguntarte qué hacés con el lenguaje. “Cuántas palabras manejás. Cuál es tu voz”.
"Escribir despidiéndose de uno".
Guillermo Saccomanno
En relación con su cuaderno de anotaciones, que ahora es un libro, Saccomanno explicó que no lo releía de forma sistemática, sino fragmentaria. El libro, dijo, está construido cronológicamente a partir de esas entradas dispersas. “Eran momentos de angustia o de una imagen que necesitaba registrar. No podía desarrollarla; apenas podía escribir la idea”, confió.
La charla avanzó por varios temas vinculados al oficio de escribir, a la posibilidad de emular la oralidad, a una crítica sobre las formas más “domesticadas” de la escritura. En un momento se detuvieron en la relación entre escritura y soporte.
Para Saccomanno, el cuaderno y la escritura a mano tienen una dimensión insustituible. “A mí me fascinan los cuadernos. Y, además, dibujo. Lo que me gusta de la escritura a mano es que la grafía tiene algo del dibujo. Hay una relación entre el cuerpo y la palabra a través de la caligrafía. Hay algo ahí, una emoción, una vibración que no te la da ni la máquina de escribir ni la computadora. La computadora miente. Ya desde la tipografía. Todo aparece prolijo, ordenado, en Times New Roman. Imprimís una página y parece que fueras un genio”, comentó, y despertó sonrisas en su interlocutora y en el público que colmaba la sala.
Almada: —Te confieso que a mí me da cierta envidia eso de escribir a mano. Yo prácticamente ya no escribo a mano, salvo alguna nota rápida. Perdí la costumbre. Lo que sí hago es imprimir para corregir. Ahí sí vuelvo al papel. Y cuando leí lo del cuaderno pensé justamente en eso, en la conexión que existe entre la mano que escribe, el cuerpo que está ahí tocando el papel y lo que uno está pensando.
Saccomanno: —Claro. Porque tu letra es tuya. Tu letra es una forma de identidad. Eso también es escribir. Yo escribí varios libros enteros a mano. Ahora me acordaba de una anécdota: una vez me iba de viaje y Juan Forn me regaló una libreta hermosa. Entonces, le dije: “Bueno, cuando vuelva te traigo una novela corta”. Y la escribí ahí. Después seguí con otras, todas manuscritas. Me había impuesto una especie de regla: cada novela tenía que entrar en una determinada cantidad de cuadernos y terminar exactamente cuando terminara el cuaderno. Era un juego. Y creo que los límites, cuando uno los toma como un desafío y no como una imposición, pueden ser muy estimulantes. A mí me gusta trabajar con esa sensación de libertad que da la página en blanco.
Almada:—La página en blanco de verdad.
Saccomanno:—Exactamente. No la pantalla. La pantalla es otra cosa. Y bueno, ahora tenemos además la inteligencia artificial y todas esas cuestiones.
Almada:—Justamente mientras hablabas me acordaba de un texto muy lindo de Eugenia Almeida. Termina diciendo algo así como: “Siempre que hay escritura, hay un cuerpo que escribe”. Lo escribió hace muchos años, mucho antes de que apareciera esta discusión sobre la inteligencia artificial. Y me parece una idea muy poderosa para volver a pensar ahora.
Saccomanno:—Sí, porque además la escritura a mano produce otra cosa. Tiene que ver con el recogimiento. Con una forma de aislamiento. Con un silencio. Yo escribí en lugares insólitos: agencias de publicidad, redacciones, trenes, aviones, colectivos. Puedo escribir prácticamente en cualquier lado. Pero, cuando aparecen la lapicera y el papel, se crea una especie de silencio alrededor. Y el mundo empieza a verse de otra manera.
"Escribir la respiración del mar".
Guillermo Saccomanno
Verónica Dema Editora de Actualidad en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.












