La astrología gana cada vez más espacios y también empieza a entrar en ámbitos que hasta hace algunos años parecían alejados de su universo, como las empresas, los equipos de trabajo y el desarrollo de liderazgos. En ese contexto, aparece como una herramienta para pensar los vínculos, reconocer talentos y acompañar procesos de autoconocimiento y redefinición laboral.
Karina Spalla conoce de cerca el mundo de la gestión pública y el liderazgo. Después de años en la política, decidió escuchar una señal de su propio cuerpo y abrir una nueva etapa profesional. Hoy trabaja como consultora y combina su experiencia en liderazgo y recursos humanos con la astrología para acompañar a equipos y líderes en procesos de autoconocimiento y toma de decisiones.
En conversación con OHLALÁ!, también hablamos sobre los desafíos que atraviesan las mujeres jóvenes y las mayores de 50 en el mundo laboral, y sobre la necesidad de encontrar nuevas formas de pensar el desarrollo profesional en cada etapa de la vida.
Spalla acaba de publicar Me rindo ante el misterio. Política, astrología y poder (Metrópolis), un libro que reúne esos tres mundos y los cruza con su historia personal y familiar. Allí, la astrología aparece lejos de una mirada predictiva: para ella es, sobre todo, un lenguaje simbólico y una herramienta de autoconocimiento que permite reconocer fortalezas, comprender los ciclos vitales y, desde ahí, acompañar también el desarrollo de otras personas.

-¿De qué trata el libro?
-Este libro es una recapitulación de todo lo que fui haciendo, tanto en desarrollo personal como en formación, entrenamiento de líderes, equipos y formas de comunicar. Está pensado para cualquier persona que esté atravesando un proceso de reinvención o una crisis que tenga que ver con no saber bien para dónde ir. Creo que es un tema de estos tiempos: con tanto estímulo e información, muchas veces nos comparamos con el resto y nos empezamos a perder.
A mí me gusta usar las herramientas y mi experiencia para rescatar el valor de lo aprendido y poder pararnos firmes en eso.
-Vos hacés consultoría por cuenta propia, ¿cómo son esas dinámicas?
-Sí. Es algo que siempre mantuve en paralelo a mi vida política. Siempre tuve un vínculo con el mundo privado para no perder registro de realidad. Para mí fue importante mantener una pata en mi oficio y mi profesión, que es el desarrollo de recursos humanos.
-¿Qué cosas sentís que son desafiantes para mujeres jóvenes y las mayores de 50? ¿Cómo podés ayudar a mujeres tan diferentes en edad?
-Para mí, la astrología me dio una herramienta de mucha profundidad de autoconocimiento. No la entiendo como una técnica predictiva, sino como una herramienta para repensarme y reconocer los talentos de los que estoy hecha.
También es muy poderosa en diferentes etapas de la vida porque nos muestra el despliegue de nuestra carta natal a través de los ciclos. Hay momentos para todo y, cuando uno logra estar en sintonía con la etapa que está viviendo, reconociendo el talento y el valor de la experiencia, se abre un mundo de posibilidades.
En cuanto a las chicas más jóvenes, creo que parte de nuestra responsabilidad como generación es mostrarles lo que es realizable y posible. Quitarles el miedo y amigarlas con el tiempo. Muchas veces las veo con ansiedad por tener que saber todo, qué hacer, hacia dónde ir, tener clara una vocación o un nicho. La astrología nos muestra que la vida también es un devenir de etapas y ciclos.

-¿Y notaste en ellas esa falta de futuro, de idea de futuro?
-Sí, lo conversé con ellas y con otras también. Tenemos mucho estímulo externo y las redes van distorsionando nuestro sentido de realidad. Redescubrirse, reinventarse o emprender aparece casi como una obligación. Como que si no mostrás lo que hacés, no sos.
-¿Y ahí cómo hacés vos para ayudar a volver a los valores fundamentales?
-Cuando doy talleres, retiros, encuentros con equipos o trabajo en el uno a uno, uso la astrología también como una herramienta para contar cuentos. Los cuentos, las narraciones y la mitología nos permiten entrar en un mundo al que hoy no nos damos tiempo.
Después, de a poco, podés mirar tu propia carta natal y preguntarte de qué estás hecha, cuáles son tus fortalezas, cuál es el ciclo que estás transitando y qué te propone la vida. Y entender la astrología como un lenguaje simbólico, un arte de interpretación, no como algo determinista.
-¿Y cómo hacés el abordaje con mujeres más grandes, las de más de 50, que también están tomando más visibilidad y tienen mucha vida por delante?
-Cuanto más grandes somos, la vida nos va empujando a reconocer algo muy auténtico de uno. Y eso da vértigo. Armamos un personaje que nos sostuvo hasta acá y darnos cuenta de que esa ropa ya no nos sirve más muchas veces da tristeza.
Para mí, ahí, de nuevo, la astrología es reveladora. Poder ver cómo cada etapa está propiciando una temática y apropiártela te calma, te amiga con vos misma.

-O sea que la astrología para vos fue primero de autoconocimiento y después de poder volcar eso a los demás, darles herramientas en cursos, talleres y encuentros.
-Sí. Uso diferentes técnicas, sin entrar necesariamente en la profundidad de una carta natal, para que las personas vayan entendiendo cómo es la dinámica.
Por ejemplo, con equipos uso una técnica para ver el balance de elementos: de qué estamos hechos, si tenemos más tierra, aire, agua o fuego. Es algo muy básico e iniciático, pero empiezan a reconocerse y a entender por qué interpretan de determinada manera lo que el otro dice.
Ahí empieza a generarse confianza y a aparecer la pregunta: "¿Qué me puede dar la astrología además de saber el signo de mi Sol?". Puede llevarte a investigar, repensar y buscar otras cosas.
-¿Cómo llegaste vos a la astrología?
-Llego por curiosidad y por mi mamá, que siempre tuvo una vida interior muy rica y fue muy autodidacta. Le gustaba muchísimo la astrología y empezó a estudiar yoga sola. Ella fue quien despertó en mí esa curiosidad.
Después, la astrología siempre me interesó, pero nunca me había animado a decir "quiero aprender" porque me daba mucho temor lo predictivo. Hasta que encontré una maestra, Eugenia Gabrielli, que me dijo que la astrología es mucho más poderosa para encontrar sentido y conocerte que para predecir.
Ahí entendí que podía mantener mis creencias y estudiar astrología. Empecé a estudiar y no paré más.
-¿Y esto cuándo fue? ¿En qué situación laboral estabas?
-Era legisladora y presidía la Comisión de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires. Era un trabajo muy técnico y yo estaba realmente colapsada. Sentía que hablaba todo el tiempo de lo mismo y que no tenía otro tema de conversación que el trabajo.
Un día llamé a mi amiga astróloga y le pedí que me recomendara algo para leer que me sacara de donde estaba. Me recomendó un libro de astrología. Cuando empecé a leerlo pensé que era chino para mí, porque eran todos simbolitos, pero me atrapó. Dije: "Esto lo tengo que entender".
Empecé a estudiar y nunca imaginé el impacto que iba a tener ese mundo en mi vida ni que después me ayudaría a entender muchas cosas de mis años en política.

-¿Me podés contar por qué?
-Mi carta muestra un cúmulo de energía que podemos asociar al poder, al misterio, a las fusiones intensas de vínculos y a los secretos. Y empecé a darme cuenta de que desde chica había estado vinculada con situaciones que me sacaban del contexto en el que estaba viviendo.
De chica vivía frente a un club de fútbol y me movía como pez en el agua entre ese ambiente, pero al mismo tiempo era la chica prolija, metódica y responsable de la escuela. Después, cuando empecé a trabajar, también me delegaban mucha responsabilidad y me tocaba negociar con hombres en cargos importantes. Yo lo tomaba como algo natural.
Y la política llegó a mí por una reunión de vecinos. Levanté la mano, quise opinar y me convocaron a participar. Empecé a estudiar, a escribir proyectos y a exponerlos. Hoy, con 55 años, miro eso y pienso: "¿De dónde saqué esas herramientas si nunca las aprendí?".
-Vos decís que tuviste que trabajar desde muy chica, ¿fue una decisión tuya?
-Nosotros éramos una familia de clase media, muy de barrio. No había una exigencia de tener que hacer algo. Era una vida hermosa, una infancia hermosa. Hasta que mi papá se enfermó, cuando yo estaba terminando el quinto año.
Yo quería ser profesora de Educación Física, me había anotado para hacer el ingreso, pero no pude. Era la mayor y me puse a trabajar. Con el tiempo estudié Ciencias Económicas, pero nunca pude ser una estudiante típica: tenía dos trabajos, iba a la facultad y estudiaba como podía.
Estudiar siempre me encantó y me encanta. Por eso disfruto mucho esta etapa de mi vida, en la que puedo sentarme en casa a leer y estudiar.
-¿Y cómo llega este libro?
-El libro llega justamente para cerrar una etapa. En este tiempo parece que siempre tenemos que saber qué hacer, reinventarnos, emprender y crear nuestra marca personal. Hay una pausa que no nos damos: sacar conclusiones y cerrar un ciclo para realmente estar lista para iniciar uno nuevo.
-El título, esa idea de rendirse ante el misterio...
-Sí, porque estamos muy acostumbrados a pensar que hay que luchar, darlo todo y no parar. Y en un momento el título fue para mí un eureka. Dije: "Me tengo que rendir". Rendirme a no poder tener el control de todo, a no querer entender todo todo el tiempo y a aceptar de qué estoy hecha y qué me está proponiendo la vida.
Mi mayor ambición, además de este trabajo personal que expongo a corazón abierto, es dejar testimonio de que la astrología realmente es una herramienta de autoconocimiento que te permite crecer y descubrir nuevos mundos, incluso internos. Y vincularte con la vida de una manera más compasiva con vos misma. Porque vas descubriendo de qué estás hecha y que tenés un montón para dar.
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