C Tangana en Buenos Aires: la sobremesa madrileña que nos sorprendió a todos

El madrileño C.Tangana - o Pucho, para los amigos- nos sorprendió a todos en la primera de las dos noches porteñas de su gira "Sin cantar ni afinar tour" en el Movistar Arena con una apuesta cinematográfica y un despliegue para disfrutar con todos los sentidos. ¡Y con una caña en mano, joder!




El madrileño se hizo esperar. Pero la espera valió la pena: después de cancelar sus shows de este año en el Lollapalooza, el público tuvo su revancha. Y con creces. Porque anoche, el escenario del Movistar Arena se transformó por unas horas en un bar madrileño. Y más de 15.000 almas vibramos junto a C. Tangana, el artista que con el lanzamiento de "El Madrileño" -su segundo álbum de estudio- se convirtió en una de las figuras más relevantes del panorama de la música actual. 

El warm up del show estuvo a cargo de pablopablo -tecladista de Tangana e hijo mayor de Jorge Drexler- quien, junto a Matías Cella, fueron los encargados de calentar motores, con canciones bien arriba que dejaron el clima listo para lo que se venía a continuación.

En un momento, todo se oscureció. Las trompetas y violines, épicos, tensaron el aire y llenaron el estadio de gritos al tiempo que se iluminaba, al fin, el centro del escenario. Y a partir de ahí, empezó el viaje sensorial. Porque la presencia de Pucho en el escenario es hipnótica - ya lo sabemos quienes lo seguimos- pero la apuesta fue más arriba esta vez: la puesta en escena del show es literalmente una película, que se proyecta en una pantalla gigante y de la que el público se vuelve parte en varios momentos, como un personaje más. 

Tangana era nuestro anfitrión estelar: él invitaba los tragos en cada canción. Y todos gritábamos por "¡venga una más!", como quien pide esa última caña a las 4 de la madrugada y no quiere que la fiesta se termine. De su mano, fuimos de la euforia al romance, del silencio al estallido, de las palmas festivas al pogo. Parecía por momentos que estábamos en una ronda de amigos. Que nos conocíamos de otras vidas. Que el madrileño, de alguna forma, había juntado a los suyos alrededor de una mesa, para beber y cantar. 

El escenario se convirtió en un bar madrileño, con músicos invitados, orquesta en vivo y hasta un "bartender"

El escenario se convirtió en un bar madrileño, con músicos invitados, orquesta en vivo y hasta un "bartender" - Créditos: Catalina Almada & Toto Pons

Pucho no dejó a nadie con las ganas de escuchar sus más grandes éxitos como “Cambia!” o “Comerte entera”, “Yelo”, “Nominao”, “Me maten”, “Ingobernable” y una versión casi a cappella de “Sabor a mí”, entre otros hitazos, demostrando que su talento tiene mil formas distintas y que va mucho más allá de los parámetros de lo que la mayoría entiende por "éxito". 

Afecto a nutrirse del talento de otros artistas, destacado por incluir una enorme cantidad de colaboraciones en sus discos -entre ellas junto a Jorge Drexler, Andrés Calamaro, Kiko Veneno o los Gipsy Kings-, C. Tangana esta vez sorprendió a su público con la presencia de Nathy Peluso, con la que cantaron “Ateo” a dúo, mientras recibían la ovación de todo el estadio. ¿Existe acaso una dupla más sensual y explosiva? Lo dudamos, al verlos bailar y seducirse sobre el escenario, en un romance musical que levantó la temperatura del Arena.

C. Tangana y Nathy Peluso cantaron a dúo "Ateo"

C. Tangana y Nathy Peluso cantaron a dúo "Ateo" - Créditos: Catalina Almada & Toto Pons

¿Otro highlight de la noche? En un momento, su banda y parte de la orquesta se sentaron a la mesa -una muy parecida a la que montó en su famoso Tiny Desk Concert, en 2021- y la noche siguió, entre copas, y el cover “No estamos locos” de Gipsy Kings, mixeada con “Mala, malita” de La Hungara. La de C. Tangana fue una fiesta para todos los sentidos, un refrescante recordatorio de lo que sucede cuando el talento puro se canaliza hasta en el más mínimo detalle y se brinda un show de entrega total al público.

Hacia el final, pedimos una caña más y él siguió sirviendo de su elixir musical hasta pasadas las 23 horas, con la inclusión inesperada de un temón fuera de repertorio -que no vamos a develar- y que él mismo presentó como "ese tema que canto cuando estoy borracho y no quiero irme del bar". El único spoiler alert: prepárense para bailar. 

Terminamos embriagados. Con esa especie de borrachera que solo te invade el cuerpo y el alma cuando algo te conmueve en lo profundo. Anoche, C. Tangana regaló asombro, regaló el más puro de su arte, regaló la maravilla del cine llevada a un recital. Y entregó algo que seguramente estas palabras no alcancen a describir. Así que mi consejo es: si esta noche se sientan a la barra de Puchito, sean libres, griten, bailen, salten, chapen. Y siéntanse bien vivos. 

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