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Sueldos e inflación: ¿cómo hacer rendir más nuestro dinero?

Los salarios mensuales disminuyeron en términos reales y la idea es ayudarte a perder lo menos posible. ¿Por qué nos afecta especialmente a las mujeres? ¿Qué podemos hacer con nuestros pesos? Algunas ideas en esta nota.


Los sueldos se depreciaron: ¿cómo podemos acercarnos a la inflación?

Los sueldos se depreciaron: ¿cómo podemos acercarnos a la inflación? - Créditos: Getty



Es probable que el inicio del año traiga algún tipo de balance sobre cuánto nos está rindiendo nuestro dinero. Algo sensible en un contexto local y global como este, en el que los argentinos nos preguntamos qué podemos hacer con nuestros pesos para perder lo menos posible. Para darte una idea, el aguinaldo llegó en diciembre pasado a un país con un 77,6% de inflación acumulada durante 2022, sumado a una devaluación promedio del 45%.

Lo primero que tenés que saber es que no estás loca: efectivamente, los salarios mensuales disminuyeron en términos reales (un 0,9% en la primera mitad de 2022, según la OIT). Es decir, es la primera vez en este siglo que el crecimiento del salario real global fue negativo. Según especialistas, la crisis inflacionaria combinada con una desaceleración mundial del crecimiento económico está generando una drástica caída del salario mensual real en muchos países.

Como siempre, la pérdida adquisitiva siempre es mayor entre mujeres, que ya contamos con una gran brecha salarial en comparación con los varones, además de una desigual distribución de las tareas domésticas y una descapitalización creciente en consecuencia, que se intensificó durante la pandemia por estas brechas estructurales.

Pero a no desesperar. En esta nota te proponemos hablar de estas cosas que nos preocupan y estresan, y sacarnos de encima el tabú de discutir sobre la plata, sobre todo si sos mujer. Además, data y consejos para que puedas empezar a tener una mentalidad de inversión. Con buena info y planificación financiera, no es necesario ser una especialista.

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Al hablar de brecha salarial, nos referimos a la diferencia entre los salarios percibidos por varones y mujeres pares. Actualmente en Argentina, según el INDEC, es de un 28,5% en promedio, alcanzando el 38% en los sectores más precarizados. Por eso, nos preguntamos..., ¿aún existen el techo de cristal y el piso pegajoso? Estas son barreras “invisibles” que impiden que las mujeres consigan ascensos jerárquicos en sus empleos o las fuerzan a asociarse a los de menor calificación, respectivamente. Sumado a esto, en muchos casos, al alcanzar puestos de liderazgo no son remuneradas equitativamente con los varones. Y todo esto si es que logran conseguir trabajo pago, ya que un informe de Adecco reveló que “el 32% de las mujeres jóvenes busca trabajo y no encuentra, mientras que para los varones este número es solo del 2%”. 

La buena noticia es que entre 2018 y 2021 aumentó 138% la participación de mujeres en empresas de tecnología, biociencias (76%) y energía (67%). Si bien el aumento es grande, la prevalencia femenina en estos sectores es aún ínfima. Revertir estas cifras es relevante debido a que son sectores de alta calificación y, por ende, mejor remunerados.  Más allá de los datos, siempre nos preguntamos si es posible acelerar la reducción de la brecha salarial y de participación laboral. En este punto, considero bueno separar dos factores: uno es el factor sistémico, cultural, donde la agenda política es clave; el otro es el camino personal. Y si bien puede sonar polémico, hay un mundo ideal y uno real: nadie quiere estudiar una carrera que no le gusta, pero es un hecho que en las áreas de tecnología hay vacancia y son puestos mejor pagos. Profundicemos un poco. 

 

Por el factor sistémico, me refiero a los cambios estructurales que deben ocurrir para cerrar las brechas: políticas públicas coordinadas y sostenidas e instituciones públicas y privadas comprometidas... ¿Es el camino? Sin duda, pero también el más lento. Sin ir más lejos, la pandemia retrasó 32 años el cierre de brechas, según el Foro Económico Mundial. Las leyes de ampliación de derechos, el esfuerzo de visibilización y los cupos todavía no resultan suficientes.

Por eso es importante mencionar que hay otro factor que puede agilizar este desafío, y, aunque requiere trabajo –¿¡más trabajo!?–, es el único factor en el que podemos intervenir en el corto plazo. Dentro de esta categoría se pueden mencionar: la identificación de sesgos que impiden el acceso y ascenso de mujeres a puestos de toma de decisiones; el involucramiento en asuntos financieros (a sabiendas de que en muchos casos es producto de años de violencia económica y patrimonial), que nos permitirá “negociar” mejor, con más confianza y con mayor autonomía; o, por caso, la elección de carreras en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería, matemática). Por último, reitero, no se trata de pensar que es nuestra responsabilidad individual y solitaria como si no hubiera un sistema opresivo, injusto e inequitativo, sino que es apurar el paso al que el sistema a veces parece ponerle un freno de mano.

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Por Julieta Bonfill, colaboradora de OHLALÁ! (@modofinanzas) 

Un país es hiperinflacionario cuando la inflación acumulada en tres años suma más del 100%. En Argentina este porcentaje lo supimos alcanzar en 2022 en tan solo 365 días.  

Por otra parte, no hace falta ser expertas en economía para darnos cuenta de que nuestros salarios no suben a la par de la inflación, sino todo lo contrario. ¿Dónde se intensifica la brecha? En los empleados con salarios más bajos, las mujeres y los trabajadores de la economía informal. Si sirve de consuelo, hoy en día los salarios están perdiendo contra la inflación a nivel mundial, producto de las crisis globales. Sin embargo, no todo está perdido. Hay herramientas de finanzas personales útiles a la hora de hacer frente a esta pérdida de poder adquisitivo: 

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    Presupuesto mensual: consiste en utilizar una hoja de cuaderno o de Excel para planificar cómo vamos a distribuir nuestros ingresos del mes entre distintas categorías de gastos (por ejemplo, alquiler, comida, ropa, regalos, imprevistos, etc.). La regla de oro es que la suma de estos egresos no debe superar los ingresos. La diferencia resultante será nuestro ahorro y la clave es separarlo en cuanto comienza el mes y no al final. Este hábito tiene que ir acompañado del de registrar todos los gastos que vamos realizando para ir comparando con lo planificado. Esto nos permite decidir cómo gastaremos nuestro sueldo con anticipación, maximizar nuestro ahorro y que no llegue fin de mes sin saber a dónde fue a parar nuestro sueldo. 

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    Inversiones: una vez ordenadas nuestras finanzas, de nada sirve dejar nuestro ahorro mensual perdiendo valor todos los días. En este sentido, el plazo fijo UVA surge como un instrumento atractivo, no solo porque puede hacerse desde cualquier home banking, sino también porque ajusta el dinero invertido por inflación. Es decir, lo que hace es proteger el valor de nuestro ahorro, muy distinto del plazo fijo tradicional, donde la tasa de interés ofrecida muchas veces queda por debajo de lo que termina siendo el aumento generalizado de precios.

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    FCI Mercado de Dinero: para complementar, existe otro instrumento llamado FCI Mercado de Dinero, ideal para cuando ni siquiera contamos con un excedente de ahorro o para esa plata que nos ingresa pero que vamos a tener que utilizar en unos días. Por ejemplo, cuando cobramos el sueldo el 1 pero tenemos hasta el 10 para pagar el alquiler. Es posible entonces invertir nuestro salario en este instrumento, que nos va generando intereses y que nos permite ir retirando el dinero a medida que lo necesitamos para ir afrontando los gastos del mes.

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