
El auge del “solo coffee”: por qué ir solo a una cafetería hoy se vive como un verdadero lujo
Ir solo a una cafetería dejó de ser un plan incómodo para transformarse en un mimo perfecto para cortar la semana.
23 de enero de 2026 • 14:59

Ir solo a una cafetería dejó de ser un plan incómodo para transformarse en un ritual de autocuidado. El solo coffee propone una pausa sin apuro, un mimo cotidiano y tiempo propio en medio de la rutina. - Créditos: Getty
Una mesa chica, una taza de café —caliente o con hielo—, el celular en silencio y ningún compromiso inmediato en la agenda. Cada vez más personas eligen ir solas a una cafetería y transformar ese momento en un ritual propio. En redes sociales lo llaman solo coffee y lo celebran como una forma simple —pero poderosa— de autocuidado.
Lo que antes podía leerse como algo triste o incómodo (“¿vino solo?”) hoy se resignifica: estar a solas se volvió un mimo.
Full desconexión
Durante años, salir a tomar un café fue casi exclusivamente un plan social: ponerse al día con amigas, tener una reunión de trabajo o concretar una cita. Sin embargo, basta recorrer cualquier cafetería un día de semana para notar el cambio. Personas leyendo, escribiendo, trabajando o simplemente mirando por la ventana, sin compañía y sin apuro.
La normalización del teletrabajo y de los horarios flexibles ayudó, pero el verdadero giro es cultural: el tiempo a solas empieza a verse como una necesidad mental.
Un refugio en medio del ruido

Es un punto intermedio: estar rodeado de gente, pero sin la obligación de interactuar. - Créditos: Getty
El encanto del solo coffee está en su equilibrio. No es el aislamiento de quedarse en casa ni la intensidad de una salida social. Es un punto intermedio: estar rodeado de gente, pero sin la obligación de interactuar.
Para muchas personas, sentarse solas en una cafetería ofrece un entorno neutro, lejos del desorden del hogar y de las exigencias laborales. Una pausa clara en el día, marcada por el simple acto de pedir un café. Un espacio que permite pensar, crear o bajar revoluciones sin interrupciones constantes.
Un mimo que se siente necesario
En agendas saturadas, con hiperconexión y presión por ser productivos, disponer de una hora sin interrupciones se volvió un privilegio. Más aún si ese tiempo no busca rendimiento: no es una reunión, no es una tarea pendiente, no es una obligación.
En ese gesto simple —elegir una mesa y quedarse a solas— aparece algo más: es un mimo. Un rato elegido, sin explicaciones, que funciona como pausa emocional en medio de la rutina. El lujo, en este caso, no está en el precio del café, sino en lo que simboliza: tiempo propio.

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