Es profesora y, después de enviudar, se enamoró de una mujer: sus hijos la ayudaron a vivir el amor sin prejuicios

La docente Nani Hamame enviudó y, años después, se enamoró de una mujer. A sus 55 años, reflexiona sobre la importancia de vivir sin miedo y defender la diversidad.

Por Verónica Dema

3 de noviembre de 2026, 22:05

Nani Hamame
Nani Hamame: es profesora y, después de enviudar, se enamoró de una mujer: sus hijos la ayudaron a vivir el amor sin prejuicios - Gentileza de la autora

En mayo de 2013, Nani Hamame compartió conmigo una historia que empezaba con una pregunta: cómo contarles a sus hijos que se había enamorado de una mujer. La docente había enviudado después de 14 años de matrimonio y, tras atravesar el duelo, volvió a enamorarse.

Cuando contamos esa historia en el blog de LA NACION Boquitas Pintadas, sus hijos, que entonces tenían 7 y 9 años, la sorprendieron con una respuesta que todavía nos emociona. Hoy, a los 55, Nani vuelve sobre aquella experiencia: Tomás y Santiago tienen 28 y 26 años, y la historia que vivieron juntos sigue acompañándolos.

Recuperamos su relato en el Mes del Orgullo, a pocos días de una nueva Marcha del Orgullo en Buenos Aires, que será este sábado 7 de noviembre. Lo hacemos en un momento en el que la violencia y los discursos de odio vuelven a hacerse visibles, como ocurrió con el ataque a mujeres trans en los bosques de Palermo. Por eso, contar estas historias también importa: porque la diversidad necesita ser visible, porque el amor no puede ser motivo de discriminación ni de violencia. Como siempre decíamos en el blog, hablamos de amor; no puede caber el odio.

“Siempre sentí que algo me faltaba”, dice Nani

Nani Hamame
Nani Hamame, en una foto que compartió con Boquitas Pintadas cuando contó su historia. - Gentileza de la autora

En 2013, Nani contó que había estado casada durante 14 años con el padre de sus hijos, un hombre al que había amado y con quien había construido una historia de amor y una familia. No renegaba de esa etapa ni sentía que hubiera vivido una vida equivocada. Sin embargo, reconocía que había algo más en ella que todavía no había podido explorar.

“Creo que me enamoré primero de un hombre porque las cosas se dieron así”, escribió entonces. También dijo que, aunque había sido muy feliz, siempre había sentido que algo más había en ella, no sabía muy bien qué relativo al amor. La posibilidad de que una mujer formara parte de su vida no le generaba culpa ni miedo: simplemente pensaba que, si alguna vez sucedía, estaría bien.

Después de la muerte de su marido, atravesó años difíciles y tuvo que volver a empezar. Cuando se sintió preparada para enamorarse, conoció a una mujer. Y descubrió que aquello que alguna vez había imaginado como una posibilidad podía convertirse en una historia de amor real.

Lo que sentía no le generaba dudas, pero la inquietaba la mirada ajena. Se preguntaba cómo sería vivir abiertamente una relación con otra mujer al ser madre de dos hijos y docente de escuela secundaria. No quería renunciar a ese amor, pero le preocupaba cómo hablar del tema con sus chicos y qué podían pensar los demás.

En aquel momento, Nani contó que había empezado terapia para buscar herramientas que la ayudaran a conversar con sus hijos. Pero la respuesta de su terapeuta la desconcertó: intentaba convencerla de que su relación con una mujer podía ser una forma de venganza hacia los hombres de su vida que habían muerto, su padre y su marido. Nani tenía claro que no era así. No dudaba de lo que sentía ni de lo que quería para su vida; necesitaba ayuda para poder hablarlo con sus hijos y vivir con libertad.

Hasta que una noche, mientras conversaban antes de dormir, llegó una respuesta que cambió todo. Santiago le preguntó: “Mamá, si M. está enamorada de vos, y vos de ella, ¿por qué no son novias y están juntas para siempre?”. Y Tomás: “Sí, ma, no importa si estás enamorada de un hombre o de una mujer, lo que importa es que no te haga llorar y nada más”.

Nani recordó esas palabras como un momento decisivo. Al día siguiente habló con su pareja y decidieron conversar con los chicos, responder todas sus preguntas y darles la confianza como para que pudieran plantear sus dudas. La reacción de sus hijos fue mucho más sencilla y amorosa de lo que ella había imaginado.

No todo fue fácil. Cuando su familia supo de la relación, aparecieron comentarios homofóbicos y rechazos. Pero Tomás y Santiago también encontraron la manera de defender a su mamá y a la persona que ella había elegido para compartir su vida. Con el tiempo, las cosas se fueron acomodando. Algunas amistades siguieron cerca y otras se alejaron. En el trabajo, Nani siguió siendo la misma profesora de Matemática de siempre: si alguien le preguntaba si tenía novia, respondía que sí, sin sentir que tuviera que dar explicaciones.

La relación terminó, como puede suceder en cualquier historia de amor. Más adelante, Nani volvió a enamorarse. También contó que, junto con sus hijos, había decidido cambiar de escuela para que la educación que recibían estuviera más cerca de sus valores y de su manera de entender la familia. Las decisiones, decía, las tomaban entre los tres.

Una historia que también es la de sus hijos

En una actualización posterior, cuando con el psicólogo Alejandro Viedma decidimos publicar el libro #LESRARES (Milena Caserola), con algunas historias del blog, Nani contó que aquella nota había tenido una repercusión que no esperaba. Recibió algunos mensajes violentos, pero también muchos otros de mujeres que le agradecían haber compartido su experiencia. Algunas le contaron que, a partir de su historia, se habían animado a hablar con sus hijos, con sus familias y a poner en palabras sus propios miedos y amores.

Eso fue lo que más la conmovió: saber que su relato podía ayudar a otras personas a vivir con más libertad. Con el paso del tiempo, reafirmó que la visibilidad era una forma de construir una vida más plena. “Visibles, para ser libres e iguales”, recuperó entonces, citando a Carlos Jáuregui.

Hoy, con 55 años, Nani vuelve a esa historia y encuentra nuevas razones para valorar lo que hicieron juntos como familia. Tomás y Santiago crecieron en un ambiente de igualdad, sin prejuicios, y ella siente que esa experiencia compartida dejó una marca en sus vidas.

Hace apenas unos meses, conversando con uno de sus hijos y su compañera, surgió el tema de la visibilidad a partir de una situación relacionada con una compañera de trabajo de Tomás. Entonces él le contó algo que la emocionó profundamente: “Yo le hablé mucho de vos, mami”, le dijo. Le había contado cómo había sido la experiencia de su familia, cómo había sido para ella y también para ellos.

A Nani le resultó hermoso descubrir que su hijo podía tomar esa historia como ejemplo y compartirla con otra persona. Porque, claro, no es solamente su historia: también es la de sus hijos. “Evidentemente algo de todo lo que pasamos hizo mella, quedó ahí”, reflexiona ahora, en vísperas de la marcha. Y siente que Tomás está ayudando a otros del mismo modo en que ella intentó ayudar cuando decidió visibilizarse. “Es un montón”, dice.

“Visibilizarnos hace que la vida sea mucho más simple”

Si hay algo que Nani reafirma con los años es la importancia de poder mostrarse tal como una es. Sabe que la visibilidad no elimina la posibilidad de encontrarse con discriminación o con diferencias, especialmente en un contexto que describe como violento. Pero también sabe que esconderse tiene un costo difícil de dimensionar. "Nunca nadie se arrepintió de haber salido del clóset", solía decir Viedma en reflexiones en el blog.

“Poder visibilizarnos hace que la vida sea mucho más simple”, dice ella. Y agrega que, cuando una se da cuenta de que los miedos se pueden vencer, aparece una tranquilidad que resulta imposible de imaginar mientras se permanece encerrada.

Su mensaje cobra otro sentido en este presente. Frente al avance de los discursos de odio y los hechos de violencia, considera que es necesario plantarse con más firmeza que nunca. “Cuando el odio avanza, el Orgullo en las calles es resistencia”, es la frase que mueve esta marcha. Para ella, frenar la violencia implica cuidarse entre todos, acompañarse y no permitir que nadie pretenda esconder a quienes son parte de la diversidad.

“Tenemos que plantarnos más firmes que nunca, cuidarnos entre todos, todas y todes”, sostiene, cuando habla con OHLALÁ! También insiste en la importancia de defender los derechos conquistados para que nadie pretenda avasallarlos.

Verónica Dema

Verónica Dema Editora en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.