Hay historias que parecen adquirir sentido muchos años después de haber ocurrido. La de Toia Collasso es una de ellas. Artista visual y tatuadora, vive en Mar del Plata y hace más de 18 años que trabaja con el tatuaje. Pero su relación con las marcas del cuerpo y con la idea de reparación comenzó mucho antes de que imaginara que algún día esa experiencia iba a formar parte de su profesión.
Cuando tenía apenas un año sufrió una grave quemadura con aceite hirviendo. Estuvo muy delicada y atravesó un largo proceso de curaciones en el que le retiraban la piel quemada de distintas zonas del cuerpo. Durante una de esas curaciones ocurrió algo que marcaría su historia: al sacarle una venda, su mamá se llevó accidentalmente uno de sus pezones.
En ese momento vivían en Buenos Aires, cerca del Instituto del Quemado, lo que permitió que Toia recibiera atención rápidamente. Los médicos explicaron que, si la quemadura no había afectado la glándula mamaria, existía la posibilidad de que el pezón volviera a formarse. Si la lesión había sido más profunda, incluso podía comprometer el desarrollo de la mama y la posibilidad de amamantar en el futuro.
Su mamá decidió no contarle lo ocurrido. Recién alrededor de los 12 años, cuando comenzaron a desarrollarse sus mamas, Toia conoció aquella parte de su historia. Y entonces descubrió algo que todavía recuerda como extraordinario: la mama se había desarrollado normalmente y el pezón también se había vuelto a formar. “Desde entonces siempre digo, medio en broma, que soy un poco X-Men”, cuenta a OHLALÁ!
Una historia que volvió muchos años después

Durante mucho tiempo, Toia no relacionó aquella experiencia de la infancia con su recorrido profesional. Pero con los años empezó a encontrar un vínculo entre esa historia y el trabajo que hoy realiza.
Además, el cáncer de mama que atravesó su madre despertó en ella una inquietud y un interés cada vez mayor por el tema. Su propia experiencia corporal y la historia familiar fueron construyendo, de distintas maneras, una sensibilidad particular hacia las mujeres que atraviesan transformaciones en sus cuerpos.
Toia es tatuadora desde hace más de 18 años, aunque su recorrido profesional comenzó mucho antes. Estudió cuatro años de Nutrición, fue VJ durante seis años y trabajó también en marketing, producción y eventos. Todos esos mundos fueron aportándole herramientas vinculadas con la imagen, la estética, la comunicación y el trabajo con personas.
“Nunca me sentí una tatuadora convencional”, explica. Para ella, el tatuaje siempre fue una forma de expresión artística y una manera de trabajar sobre el cuerpo desde un lugar profundamente personal.
Por eso, con el tiempo, empezó a explorar otras posibilidades: primero el trabajo sobre cicatrices y diferentes marcas corporales y, después, las reconstrucciones estéticas de pezones y areolas.
Cuando el tatuaje también puede reparar
Hoy acompaña a mujeres que atravesaron mastectomías y tratamientos por cáncer de mama, pero también a quienes llegaron a una situación similar por otras razones: cirugías estéticas, distintas intervenciones o casos en los que el pezón sufrió necrosis y buscan recuperar estéticamente esa parte de su cuerpo.
En muchos casos, las mujeres llegan derivadas por médicos y otros profesionales de la salud. Toia valora especialmente ese trabajo conjunto y entiende que su intervención aparece en una etapa posterior del proceso.
“Mi lugar aparece en una etapa posterior: cuando la persona ya atravesó la cirugía, los tratamientos y la recuperación, y llega el momento de volver a mirarse y reconocerse”, explica.
Por eso, para ella, el procedimiento excede ampliamente la dimensión estética. “No estoy simplemente ‘haciendo un pezón’”, sostiene. Está entrando en contacto con una parte de la historia corporal y emocional de una mujer que muchas veces estuvo atravesada por el dolor, la enfermedad, el miedo o la transformación.
Esa mirada también explica por qué su trabajo no termina en la técnica. Toia es profesora de yoga desde hace más de 20 años y a lo largo de su recorrido incorporó distintas herramientas vinculadas al bienestar y el acompañamiento, entre ellas terapia floral, Registros Akáshicos, numerología, oráculos y ceremonias de rito del útero.
Todo ese universo, cuenta, forma parte de su manera de acercarse a las personas.
El cuerpo como territorio de transformación
Su vínculo con el tatuaje también está atravesado por una mirada histórica. Siempre le interesó conocer la historia ancestral de esta práctica y cómo, en diferentes culturas, quienes tatuaban ocupaban lugares vinculados no solo con el arte, sino también con la medicina, lo ceremonial, lo espiritual y el acompañamiento.
Esa concepción sigue presente en su manera de trabajar. “Nunca me sentí una tatuadora que simplemente recibe a alguien, hace un diseño y termina ahí”, dice. Le interesa conocer a la persona que tiene delante, su historia y el significado que ese tatuaje tiene para ella.
Hoy su trabajo se mueve entre dos grandes mundos que, para ella, están profundamente conectados: el arte y el bienestar. Por un lado están el tatuaje, el arte visual, el diseño, los objetos de decoración y las intervenciones para espacios. Por otro, el yoga y las diferentes herramientas de acompañamiento que fue incorporando a lo largo de los años.
Dentro del tatuaje, sigue disfrutando de hacer flores, diseños y piezas por el simple placer de crear. Pero reconoce que existe algo especialmente movilizador cuando esa misma herramienta puede ponerse al servicio de una mujer que busca recuperar una parte de su imagen después de una experiencia difícil.
“Creo que, después de tantos años de recorrido, encontré una forma muy propia de trabajar: crear belleza con sentido”, dice.
Verónica Dema Editora en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.



