Te pregunto: ¿alguna vez sentiste que tu cuerpo reaccionó a una situación antes de que tu mente entendiera el porqué? Tal vez una acción, un olor o una sensación derivan en recuerdos que disparan un nudo en el estómago, tensión y cansancio. Esto es el cuerpo dando señales de lo que guardó y adaptó cuando no pudo procesarlo en su momento. Empezar a detectar e identificar esos indicios y señales es comenzar el camino para comprenderlos y liberar el sistema nervioso de la sobrecarga de energía vital que quedó bloqueada, aun sin darnos cuenta, en nuestro cuerpo.
Terapias somáticas
Seguro que si alguna vez comentaste con una amiga que estabas agotada o que te dolía el cuerpo, al instante te aparecieron reels sobre cómo regular el sistema nervioso. Lo que hoy está tan en boga, se nombra como “terapias somáticas”. Son enfoques que utilizan la experiencia corporal como puerta de acceso para comprender, procesar e integrar experiencias emocionales, relacionales y fisiológicas. Estas terapias recuperan la comprensión de que mente y cuerpo conforman una unidad inseparable. ¿Cómo trabajan? A través de la repetición de nuevas experiencias de seguridad, buscan cambiar la activación del sistema nervioso, modificar los patrones neuronales y, en consecuencia, cambiar la forma en que el cerebro interpreta, percibe y responde a la experiencia.
Estos abordajes influyen en la comunicación de cuerpo, mente y sistema nervioso y pueden modificar áreas inferiores del cerebro, es decir, zonas en las que no tenemos percepción consciente y que son difíciles de controlar con la mente, como el centro del miedo, a través de la experiencia sentida en el cuerpo. Por ejemplo, pensemos en cuando tenemos miedo o estamos ansiosas, es difícil calmarse desde un lugar mental (el famoso “nadie se calmó cuando le dijeron ‘calmate’”), resulta más orgánico lograrlo desde un contacto seguro, un abrazo, una mirada, un movimiento. Ir del cuerpo a la mente.
¿Cómo funciona?

Las terapias somáticas se conocen como terapias de “abajo hacia arriba” o “bottom up” (del cuerpo al cerebro), a diferencia de las terapias psicológicas, por ejemplo, que son de “arriba hacia abajo” o “top down” (del cerebro al cuerpo). Cada abordaje bottom up puede modificar el cerebro de una manera particular, pero, en general, todas van a influir en:
- La amígdala cerebral (centro del miedo). Reducen la respuesta al estrés, la sensación de alerta constante y la hipervigilancia. Además, aumentan la relajación.
- La ínsula (centro de interocepción). Reducen los síntomas disociativos y la sensación de embotamiento.
- El hipocampo (centro de la memoria). Aumentan la sensación de seguridad y ayudan a experimentar sucesos traumáticos, sabiendo que ocurrieron en el pasado y entendiendo que estamos a salvo en este momento.
Es importante aclarar que, para un adecuado abordaje de experiencias traumáticas, necesitamos incorporar técnicas de “arriba hacia abajo” para un entendimiento consciente de lo ocurrido, aunque en un primer momento es interesante comenzar por el cuerpo.
Somatic experiencing

Somatic experiencing (SE) es un abordaje terapéutico creado por el biofísico, psicólogo y doctor en estrés traumático Peter Levine a fines de la década del 70, a partir de su investigación sobre el trauma, el sistema nervioso y la capacidad natural que tienen los organismos para recuperarse de experiencias abrumadoras. Más que centrarse en la historia o en el relato de lo sucedido, pone el foco en cómo esa experiencia vive hoy en el cuerpo. Parte de la idea de que, frente a situaciones de amenaza, nuestro organismo despliega respuestas de supervivencia y estas quedan marcadas en nuestro cuerpo, incluso aunque no las recordemos.
Este método no tiene contraindicaciones, pero, como todo abordaje terapéutico, es necesario conectarse con un facilitador idóneo y formado con quien una se sienta a gusto y en conexión, esa es la base de todo. Además, puede coexistir con la terapia psicológica, ser utilizado como enfoque principal de acompañamiento según las necesidades y objetivos de cada persona y ser integrado por distintas personas desde sus propios ámbitos de trabajo y roles en la sociedad, enriqueciendo la manera de acompañar a otros desde una mirada que incluye el cuerpo y el sistema nervioso.
¿Cuáles son sus beneficios?
Somatic experiencing colabora para que el cuerpo complete respuestas de supervivencia que en algún momento se interrumpieron. En esa reorganización, la experiencia suele adquirir nuevos significados: lo que antes se vivía como una amenaza permanente comienza a encontrar de a poco un lugar diferente dentro de la propia historia personal.
El objetivo es ampliar la capacidad de estar con la experiencia sin quedar desbordadas por ella. A medida que esto sucede, muchas personas describen una mayor sensación de presencia, más conciencia corporal, una mejor regulación emocional y una mayor flexibilidad para responder a los desafíos de la vida cotidiana.
En el caso de las madres y los padres, frente a un “berrinche”, por ejemplo, en lugar de reaccionar con enojo y frustración, pueden acompañar con serenidad y presencia. Así, a través de los encuentros, caen antiguos patrones de crianza para dar paso a nuevas y propias formas y elecciones. Los adultos que cuidan recuperan la agencia, la brújula interna, comienzan a reconocer y comunicar límites sin culpa y vivencian una experiencia cotidiana más plena y placentera.
Somatic experiencing se utiliza en el acompañamiento de experiencias traumáticas, estrés crónico, ansiedad, dificultades vinculares, síntomas físicos asociados al estrés y diversos procesos de desarrollo personal. Su propósito es favorecer la capacidad innata del organismo para recuperar equilibrio, vitalidad y conexión y crear un espacio donde el cuerpo pueda hacer aquello para lo que está naturalmente diseñado, encontrar caminos hacia la regulación, la integración y la vida.
Conectar cuerpo y mente
Hay varios tipos de abordajes somáticos, como TRE, focusing y somatic experiencing. Además de otras herramientas como técnicas de respiración y de conciencia corporal basadas en el movimiento, como el método Feldenkrais, yoga, tai-chi, y otras basadas en el contacto, como la osteopatía o algunos tipos específicos de masajes (siempre que sean brindadas con una mirada sensible al trauma).
La osteopatía, como terapia somática, es una herramienta vital para conectar el cuerpo y la mente. Un aspecto fundamental en esta conexión es la fascia, un sistema de tejido conectivo que no solo sostiene y da forma a nuestro cuerpo, sino que también desempeña un papel crucial en la interocepción, la capacidad de percibir las sensaciones internas del cuerpo.
El contacto físico, un componente esencial de la osteopatía, activa fibras aferentes y circuitos interoceptivos que van a hacer que mejoremos nuestra conciencia corporal, lo que, a su vez, ayuda a modular el dolor. Todo esto también tiene un impacto directo en el sistema nervioso autónomo, aumentando el tono vagal, lo que se asocia con una disminución de los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y un aumento de la oxitocina, conocida como la “hormona del amor”, que nos ayuda mucho porque promueve la calma y la conexión social.
Las maniobras miofasciales, características de la osteopatía, también han demostrado su eficacia para disminuir la ansiedad y regular la frecuencia cardíaca y la presión arterial. “Este abordaje no piensa en corregir algo en el cuerpo, sino en dialogar con él, en crear espacios seguros para que se sienta disponible y permita que la necesidad se manifieste, ya que, cuando hacemos espacio, comenzamos a sentir lo que necesitamos”, explica la kinesióloga osteópata Ana Ojeda. •
Volver al cuerpo
¿Cómo reconectarse en la era de la hiperconectividad?
Tres formas cotidianas de cultivar presencia y conexión.
1. Duchate con atención
En lugar de “aprovechar” la ducha para pensar en lo pendiente, llevá tu atención al agua. Sentí la temperatura. La presión sobre la piel. El recorrido del agua por tu cuerpo. Duchate poniendo atención en las sensaciones corporales que aparecen en este registro corporal.
2. Saboreá una comida
Disponete a comer más lento. Observá el aroma, la textura, la temperatura, los sabores, cómo cambia la comida mientras la masticás. ¿Se agranda?, ¿se achica? Permitite estar realmente ahí, en presencia.
3. Buscá lo que te genera bienestar
Puede ser el canto de un pájaro, una planta, el sol entrando por una ventana, una tela suave, el olor del café. No busques cosas grandes, sino esas mínimas. Detenete unos instantes percibiendo formas, colores, texturas, aromas y las sensaciones corporales que allí aparecen. Permití que tu sistema nervioso registre la experiencia.
Mirá lo que sí
Un ejercicio para desarrollar una mirada más amplia.
1. Elegí un objeto cualquiera
No hace falta que sea lindo ni que tenga un significado especial. Puede ser una piedra, una taza, una hoja, una rama o cualquier elemento que tengas cerca.
2. Observá su forma
Sus bordes. Sus curvas. Las partes oscuras y las iluminadas. Los colores. Las texturas. Las marcas. Las grietas. Los relieves. Los huecos. Las contraformas. Eso que no habías visto jamás.
3. Permanecé en los detalles
Sin analizar y sin interpretar, solo registrando que está ahí. Quizá descubras que cuando prestamos atención aparecen aspectos que antes eran invisibles.
4. Ampliá tu mirada
Nuestra experiencia y nuestra vida cotidiana suelen contener más recursos, matices y posibilidades de las que percibimos cuando observamos desde el apuro o la preocupación.
Mi experiencia como facilitadora, por María Solari

Acompaño familias en procesos de desarrollo y crianza y también soy mamá de un niño de 10 años. Utilizo somatic experiencing en mi vida cotidiana, con mi hijo y amigos y en las consultas con familias, como una invitación a volver a escuchar al cuerpo como una fuente de información y sabiduría. A través de una exploración cuidadosa de las sensaciones corporales, los movimientos espontáneos, las emociones y los recursos presentes, las personas pueden recuperar la capacidad de sentirse más seguras, más reguladas y más conectadas consigo mismas y, en consecuencia, en sus relaciones. No hay un camino previamente definido. Es el propio consultante quien, a través de su experiencia presente, va marcando el ritmo y la dirección de la exploración. Mi rol es acompañar ese proceso, ayudando a crear las condiciones necesarias para que el sistema nervioso pueda reorganizar aquello que quedó inconcluso.
Para seguir leyendo
Cómo regular el sistema nervioso (Editorial V&R)
En este libro, la osteópata Ana Ojeda ofrece información sobre el cuerpo, la respiración y el nervio vago, uno de los principales nervios del sistema nervioso. Pero también herramientas y ejercicios de la práctica somática, para ayudar a entrenar este sistema, que deje de reaccionar exageradamente y comience a responder con más calma a los factores estresantes del día a día.
Expertas consultadas:
Ana Ojeda, Kinesióloga y osteópata. @Lic._anaojeda.
María Solari, Desarrollo y crianza somática para niños y adultos. @mariasolarisoy.
Laura Cedeira Comunicadora Social egresada de la UBA. Desde 2012 es colaboradora de OHLALÁ! También escribió para las revistas Debate, Billiken, Gata Flora, Rumbos, La Agenda, Brando, Tercer Sector, Haciendo Cine y Vice Argentina.


