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"Ma, mis amigos me dejan de lado": claves de crianza para manejar situaciones escolares antes de que sean bullying

La ingeniería de los vínculos en la infancia es diferente a las amistades de la adultez. ¿Qué hacer cuando tu hijo o hija tiene la sensación de que "lo dejan de lado"? Claves para intervenir antes de que se convierta en bullying.


"Mis amigos me dejan de lado": ¿cómo lidiar como padres con estas situaciones escolares?

"Mis amigos me dejan de lado": ¿cómo lidiar como padres con estas situaciones escolares? - Créditos: Getty Images



“Mamá, mis amigos me dejan afuera porque no me gustan los mismos juegos", podría ser la frase con la que nuestros hijos planten una semilla de alerta. El motivo puede variar: diferentes gustos, tiempos, intereses y hasta equipos de fútbol. No se llega al bullying porque no hay agresión física ni verbal, no es sistemático, y tampoco viene de personas que se presentan como rivales. Más bien sucede en grupos de amigos ya conformados. La sensación en el niño o niña que lo padece puede ser de rechazo, o de no pertenecer. Los gestos muchas veces son sutiles: charlas a escondidas, cartitas en clase, secretos donde se deja a uno afuera, apartar de un plan en el recreo, o dar la espalda durante una conversación.

Tené en cuenta que, pasado el primer septenio de vida y más llegando a la etapa de la prepubertad -entre los nueve y los once- los vínculos con pares empiezan a tener una gran preponderancia en la construcción de la estima: Me veo a través del otro, lo que el otro dice y piensa de mí es parte de mi propio autoconocimiento”. En una primera etapa, los niños se conocen a sí mismos a través de la mirada, las palabras y el trato que reciben de sus figuras de apego (mamá-papá), y a medida que crecen, los pares van ganando terreno en este proceso de reconocimiento.  

Y porque sabemos que estas son situaciones escolares que pueden suceder, consultamos a expertos en el tema para orientarnos acerca de cuándo y cómo conviene intervenir como padres, además de algunas herramientas para charlar con los chicos. 

El primer paso: mostrarte abierta al diálogo

Tené cuidado: por ser sutiles, no debemos subestimarlos. Muchas veces tendemos a responder con “curitas” momentáneas, como "Intentá jugar con otros amigos", "No a todos nos gusta lo mismo", o "Podrías probar si te gusta lo que hacen”. Si bien estas frases son pequeños calmantes, nos terminan desligando de lo que verdaderamente le está pasando a nuestro hijo o hija. Claro, porque cuando le damos un consejo rápido, nos perdemos de preguntar, de escuchar y de entender si realmente está pasando algo en lo que hay que hacer un zoom atencional.

El primer paso, entonces, es m
ostrarte predispuesta y abierta al diálogo, con una escucha activa que no juzgue, sino que aloje su sentir y construya un lugar seguro para él o ella. Para esto, es necesario que no te pegues a su sufrimiento, porque -es lógico- cuando un hijo está triste, se nos rompe el corazón. Tené en cuenta que el primer sistema vincular en el que el niño debe sentirse plenamente aceptado y acogido es la familia, por lo que es conveniente que lo contengas siempre sin juzgar, humillar, comparar o castigar.

Los tres escenarios posibles

El primer paso, entonces, es mostrarte predispuesta y abierta al diálogo, con una escucha activa que no juzgue.

El primer paso, entonces, es mostrarte predispuesta y abierta al diálogo, con una escucha activa que no juzgue. - Créditos: Getty Images

Los comportamientos en la infancia suelen ser dinámicos por la capacidad que tienen los chicos de vivir el aquí y el ahora. Un enojo de un día puede durar ese día, o incluso un momento, pero también puede suceder que estas dinámicas se empiecen a instalar como parte de la normalidad vincular y es justo ahí dónde debemos intervenir. Para ayudar, es clave detectar la frecuencia e intensidad que hay en "ser dejado/a de lado". Empezá con preguntas que abran el juego: ¿Desde cuándo te está pasando?, ¿Con qué amigos te pasa?, ¿Podés contarme alguna situación?, ¿Lo hablaste con alguien más? En función de la frecuencia, habrá distintos caminos que puedas tomar.

  1. 1

    Le sucedió una o dos veces
     

    * Cuando te manifiesta por primera vez que algo malo está pasando, es importante que tengas los ojos abiertos y los oídos bien atentos, para testear la frecuencia de estos episodios. Cuando vayas a buscarlo al cole, asegurate de registrar su expresión facial y dedicá un rato para abrir el diálogo, sin interrogar. Es clave la predisposición y la apertura.
    * Lo más importante es que tu hija/o se sienta acompañado. Saber que hay alguien más timoneando este conflicto le va a dar mucha liviandad, aunque no vas a poder evitar que lleguen emociones displacenteras. 
    * Trabajá en fortalacer su valor interno, para que cuide sus ideales y no se amolde para pertenecer. La idea de que debemos coincidir en todo, para tener vínculos sanos nos hace mucho daño, incluso a los adultos.

    *Poné sobre la mesa la idea de tolerancia y frustración. Las cosas no siempre salen como esperamos y es parte de la vida ayudar a nuestros hijos a cruzar ese puente. Nada es para siempre. 

  2. 2

    Si la situación escala...
    Si notás que se empieza a repetir el relato y la sensación de ser dejado de lado, abordá el tema con mayor foco. Tené en cuenta que el maltrato nunca debe ser normalizado, por más de que venga de los propios amigos: cuando un amigo o un grupo trata mal, en forma repetida, dejó de ser un vínculo parejo y es necesaria la intervención del adulto. ¿Qué hacer entonces?

    * No dudes en dejarle en claro que los amigos verdaderos no te hacen sufrir en forma repetida, en ninguna etapa de la vida. Podés contarle alguna experiencia propia, adaptada a su edad, siempre los reconforta.
    * Probá de animarlo a
    generar un espacio de charla con sus amigos. Proponele hablar de sus sentimientos con ellos, dándoles protagonismo en la resolución sin dejar nunca de acompañar y sostener emocionalmente.

    * También podés generar encuentros uno a uno por fuera de lo grupal, para fortalecer vínculos e intereses en común. La dinámica cambia rotundamente. ¿Viste que es diferente cuándo te juntas sola con tu amiga, que cuando están todas juntas? Abrir el abanico puede ser una buena oportunidad para generar encuentros con nuevos amigos, y así desdibujar esta idea de los “grupitos”.

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    Se vuelve una dinámica
    Si detectás en tu hijo signos de apatía, dolores de panza recurrentes, resistencia al ir al colegio, desazón cuando sale, y ya trabajaron estos puntos en casa y en el cole, quizás sea hora de acudir a una orientación en crianza para padres, para construir herramientas específicas para el caso particular. 

    Asimismo, cuando la situación escala y la angustia es recurrente, es una buena idea poner al tanto a las docentes, para que estén atentas a estas dinámicas y puedan contribuir desde su lugar de educadoras.
    * Intentá dirigirte a las familias implicadas, no desde un lugar de reclamo, sino para hacer red. Los adultos necesitamos comunicarnos y debatir sobre estos temas.

    * Acordate que siempre hay profesionales dispuestos y capacitados para hacer de soporte tuyo. ¡Pedí ayuda!

Algunas cosas para tener en cuenta

  • Tené claro que los niños siempre hacen lo mejor que pueden, y que muchas veces los que generan las diferencias son los que más las sufren en sus propios hogares.

  • Su cerebro está en pleno desarrollo, y con ello la habilidad de la empatía. Se aprende a ser empático cuándo los adultos referentes son empáticos con uno. Hay muchos niños que no viven ni de cerca la empatía, y esa construcción se ve dañada.

  • Empoderá a tu hijo/a respecto a su valor como persona. Resaltá sus virtudes, y el valor de sus gustos y opiniones.

  • Considerá que no siempre vamos a poder evitar el dolor en su vida, pero lo que cambiará toda su percepción es cómo lo acompañamos. Un dolor acompañado es una experiencia para crecer. Un dolor en soledad se convierte en trauma.

Los desafíos en lo vincular siempre estarán presentes en la vida de nuestros hijos, sin embargo, hay un solo lugar donde podemos trabajar con certezas, y es en lo familiar. El trato entre los adultos que convivimos, la forma en que validamos los deseos y necesidades de nuestros hijos en nuestras atareadas agendas (¿los excluimos también?), y el trato que ellos reciben en casa, son determinantes en la construcción de su autoestima. ¿Permitimos los intercambios de opiniones, hacemos acuerdos con ellos? ¿O utilizamos métodos de crianza autoritarios que los dejan sin poder retrucar? ¿Cómo estamos nosotros, los adultos, con nuestros propios vínculos de amistad? Todo lo que sucede afuera y nos traen nuestros hijos es una gran oportunidad para mirar adentro. Valiente viaje para deconstruirnos y reconstruirnos en el viaje de la maternidad.

Experta Consultada

Brenda Troccoli. Coach especialista en crianza y parentalidad. Puericultora.
@soybrendacriando

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