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Neurociencias: ¿cómo nos pueden ayudar para desarrollar empatía y compasión?

¿Qué dice la Neurociencia sobre el impacto de la bondad, la ternura y la amabilidad en nuestros vínculos y bienestar? Nuestro cerebro social está cableado para el amor. Se puede entrenar para tener más bondad y empatía.


Neurociencias: cómo entrenar el cerebro para la empatía y el amor.

Neurociencias: cómo entrenar el cerebro para la empatía y el amor. - Créditos: Getty



En tiempos turbulentos, de escalada de violencia y de miedo e incertezas, me propongo hacer un aporte para volver a recordar, evocar en nuestra memoria y corazón, lo que nos distingue y nos hace propiamente humanos.

Nuestro cerebro social está cableado para el amor. Richard Davidson, padre de la neurociencia contemplativa, dice que “la base de un cerebro sano es la bondad y la cooperación y esto se puede entrenar”.

Hay sobrada evidencia que nuestra salud y bienestar integral se ven afectados por nuestro estado emocional y viceversa. La ternura es la mejor medicina, y se sabe la invaluable huella que tiene una mirada afectuosa, una sonrisa amable, las palabras de esperanza, las caricias y los abrazos. Hay algo en la naturaleza humana que disfruta de las conexiones que creamos al ayudarnos unos a otros. 

 

Una pregunta que leí hace años y siempre me resonó es: ¿quién no desea disminuir el sufrimiento del otro y mejorar la convivencia?Para empezar tenemos que tener en cuenta dos aspectos: 

  • Intuición social: cómo captamos las señales sociales que emiten las personas que tenemos a nuestro alrededor. 

  • Sensibilidad al contexto: cómo se nos da regular nuestras respuestas emocionales para tomar en cuenta el contexto en el que nos encontramos.

Nuestro cerebro está cableado para el amor.

Nuestro cerebro está cableado para el amor. - Créditos: Getty

Obviamente para ser más asertivos hay que entrenar primero nuestra atención y nuestra propia conciencia emocional y entender cuánto influye la actitud con la que encaramos nuestro día a día y cómo nos conectamos y vinculamos con los demás.

En nuestros vínculos es donde más se ponen en juego nuestros estados emocionales, y por eso mismo es importante comprender el impacto que tiene la habilidad social-emocional humana y clave, la empatía.  Y saber profundizarla y distinguirla, porque la empatía cognitiva nos ayuda a entender el modo en que otra persona piensa o necesita, lo que nos permite comprender racionalmente su perspectiva.

La empatía emocional nos ayuda a entender lo que otra persona siente. Y la preocupación por el otro o el cuidado empático, constituye el núcleo de la compasión. Siendo la compasión, ese sentimiento de preocupación altruista que desea ayudar y alivianar al otro. Es dar un paso más y preguntarnos, ¿qué podemos hacer para apoyar y ayudar a esa persona?

La empatía es esencial para la conexión y la compasión para la acción y la búsqueda de una solución. 

 

El especialista en bioquímica y escritor David Hamilton enumera 5 beneficios de la amabilidad, las propiedades y sus efectos en el sistema nervioso de nuestro cuerpo, ya que es gratuita, impacta en nuestro estado anímico y autoestima, se contagia y se multiplica más cuando se comparte. Cuando somos amables nos sentimos con mayor bienestar, mejoramos nuestras relaciones y nuestros cuerpos porque ayudamos a mantener nuestro corazón sano y a retrasar el envejecimiento.

Cada gesto de amor genera en nuestro interior cambios hormonales. La amabilidad modifica el cerebro, porque se producen neurotransmisores (mensajeros entre las neuronas) que tienen efectos en regiones específicas del cerebro. Cuando somos amables con alguien, nos sentimos mejor y producimos mucha serotonina, el neurotransmisor que regula el estado del ánimo, y que Hamilton denomina, “el neurotransmisor de la amabilidad”.  

Asimismo, aumentan las endorfinas y la dopamina, lo cual genera un coctel saludable y expansivo para nuestro cerebro y corazón. Este proceso también es válido a la inversa: el estrés genera adrenalina y cortisol.  Hamilton sostiene que la amabilidad se retroalimenta, “porque a medida que creamos estos vínculos producimos más y más oxitocina, y cuantas más hormonas tenemos más vínculos creamos”.  Por lo tanto, baja el estrés y reequilibra nuestro estado anímico, de modo que nuestro cuerpo está en un estado de mayor equilibrio y salud. 


La cognición y el afecto siempre interactúan. Lo que resulta interesante es el momento en el que uno lo domina.

La amabilidad es una de las mayores demostraciones de fortaleza interior que puede realizar cualquier persona y es el pegamento que mantiene unidas las relaciones. Todos estamos biológicamente predeterminados para el altruismo, el amor, la amabilidad y la compasión, solamente necesitamos ciertas condiciones culturales, contextuales e individuales para que se manifieste. La amabilidad nos beneficia a todos, por este motivo es tan importante para quienes tengan roles de liderazgo en grupos y equipos, cuiden a las personas para no provocar estrés o competitividad entre ellas.

Sabemos que nadie es resiliente en soledad y en este mundo que precisa más empatía, hay personas que con su comportamiento y presencia irradian amabilidad, ternura y bondad contagiosa. Hay personas que con solo abrir la boca encienden la ilusión y esperanza y llegan hasta todos los límites del alma.  

 

Y no olvidemos que muchas veces no tenemos idea de la cantidad de personas que viven realidades dolorosas en silencio.  Seamos amables, podemos ser el respiro de alguien que tiene una tonelada de angustia detrás de una sonrisa.  Tejamos vínculos y círculos de empatía y fomentemos cualidades que nutran relaciones armoniosas.

La autora Susan Vreeland escribió: “Tal vez es la forma más alta de amor: un alma que le da serenidad a otra”. 

Por eso, somos lo que entrenamos todos los días y somos lo que dejamos en los corazones de los demás. 

Seamos intencionalmente amables, la empatía es contagiosa y la generosidad es revolucionaria y nos beneficia a todos. 

¿Qué actos de amabilidad podemos hacer hoy por nosotros mismos y por los demás?

Amores

Cuatro notas para entrar en el mundo de las relaciones.

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