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Estas son las 4 emociones que jamás deberían reprimirse en los chicos

La educadora Eli Delacour habla del rol fundamental de las emociones en la infancia. Nos brinda herramientas para ayudar a los chicos a que aprendan a expresarlas y regularlas.


4 emociones que no hay deberíamos reprimir en las infancias.

4 emociones que no hay deberíamos reprimir en las infancias. - Créditos: Getty



Partiendo de la base de que las emociones nos atraviesan durante toda la vida, aprender a regularlas es la gran meta. Sin dudas, uno de los mayores problemas que tenemos en la sociedad actual es que no sabemos qué hacer con ellas, cómo gestionarlas. En cambio, la respuesta aprendida sigue siendo (en la generalidad de los casos) la represión, convirtiéndolas en algo aún más fuerte y presente.

Según define el psicólogo y escritor Daniel Goleman, las emociones son poderosas y dominarlas es la base de la inteligencia emocional. “Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución”.

Las personas adultas en el rol de cuidadoras son las encargadas de acompañar a las infancias a transitarlas de la mejor manera posible. ¿Es fácil? Claro que no, pero quién dijo que sería fácil. El desafío es ahora, cuando son pequeños, ya que si logramos entender que las emociones son puertas que nos posibilitan aprendizajes necesarios para el desarrollo integral, podemos gestar nuevas maneras de relacionarnos con lo que nos duele, nos angustia y nos enoja desde pequeños. ¿Imaginan todos los problemas que podrían ahorrarse?

Más allá de las teorías futuristas, en el presente tenemos la posibilidad de conocer más de cerca el mundo emocional de nuestros hijos (y, al mismo tiempo, develar el propio).

De acuerdo a Eli Delacour, educadora especializada en Neurociencia e inteligencia emocional, las emociones, como los pensamientos y las conductas, van a estar en permanente interacción con su propio bienestar (o malestar), influyendo en casi todas las acciones y decisiones que vayan tomando a diario. En sus palabras, “los pensamientos son los encargados de generar determinadas emociones, entre ellas el enojo, la angustia, la tristeza, la ansiedad o el miedo. Cuando un pensamiento es sostenido en el tiempo por cualquiera de estas emociones (entre otras, ya que hay muchas más) va a hacer que esa emoción se prolongue y permanezca en el tiempo, por eso es importantísimo ayudarlos a reconocerlas, expresarlas y brindarles herramientas para gestionarlas".

Desde las neurociencias ya fue demostrado que se pueden modificar las redes neuronales (que son las que están en constante creación y conexión) que están conectadas a ciertos estados emocionales y, a partir de esa reconexión, los niños y niñas logren aprender a regular las nuevas emociones antes de sentirse controlados por ellas.

4 emociones básicas que no hay que reprimir en la infancia

Entre las emociones que todos experimentamos en la infancia y la adultez, Eli detalla cuatro fundamentales y nos brinda  herramientas para poder gestionar el miedo, la tristeza, la ansiedad y el enojo.

1 - El miedo

Se empieza a experimentar desde bebés con la llamada “angustia del octavo mes”, que es cuando el bebé comienza a percibir que son seres separados de sus madres. Detrás de esa separación aparece el sentimiento de abandono, que también es común que vuelva a aparecer con la llegada de un hermano/a y con el inicio de la escolarización, entre otras posibles apariciones.

La sensación de sentirse abandonados o no queridos es terrible para ellos, aunque tengan vínculos fuertes con sus cuidadores y hagan todo lo posible para brindarles seguridad y amor. Por eso, es muy importante ofrecer tiempo de calidad, estar atentos a sus demandas y necesidades afectivas, identificar y gestionar ese temor de ser rechazado o abandonado, comunicarse a través del juego o la palabra, participar de su vida, hacer paseos con ellos que disfruten juntos. El niño necesita saber que el adulto no lo va a abandonar.

Un dato: el miedo al rechazo suele surgir al inicio de la escolarización cuando se encuentran con otros pares y cuando se encuentran con una figura cuidadora fuerte, la maestra, que a diferencia de lo que ocurre en el hogar, debe estar atenta a 20 o más pares al mismo tiempo. Entonces, por ejemplo, cuando un compañero no quiere jugar o lo aísla, surge el miedo al rechazo y, con él, se van creando distintos pensamientos y emociones vinculadas con ese miedo. Por eso, estar predispuestos a escucharlos y validar sus emociones es la clave para que pueda liberarla y aprender a ganar confianza y seguridad en ellos mismos.

2 - La tristeza

Frases célebres que tanto daño causaron, como “los nenes no lloran”, “las nenas cuando lloran se vean feas”, son creencias que promueven aprendizajes negativos. Si continuamente un niño/a escucha que no hay que llorar, lo que estamos creando los adultos es una coraza que los condiciona para expresarnos libremente tanto en la infancia como en la adultez.

A su vez, reprimir la tristeza resulta terrible, ya que, además de prolongarla en el tiempo, les impide encontrar qué es eso que les está faltando o cuál es esa pérdida de algo o de alguien que les está causando dolor. Para los niños/as, desde bebés, el llanto es una forma de expresarse y de comunicar algo que les falta y algo que quieren conseguir, por eso taparla nunca es una solución. En cambio, se recomienda observar qué es eso que están necesitando en ese momento que les está trayendo esa tristeza. Y, al ponerlo en palabra, ordenarlo, atravesarlo.

3 - El enojo

El enojo es una de las principales emociones que visibiliza la necesidad de poner límites ante una injusticia o con respecto a algo que no gusta. Desde pequeños nos enfrentamos a situaciones que nos enojan, desde los límites que recibimos de nuestros padres cuando fuimos niños. Entonces, hay que tratar al enojo como una emoción más, no catalogarla como algo negativo porque no hay emociones buenas y emociones malas. Se trata de poder controlar la emoción y gestionarla a partir de encontrar una vía de salida a esa emoción que le permita, en este caso a los niños, regularla sin estallar.

Al mismo tiempo, cuando se reprime el enojo lo único que se genera es más rabia. Entonces, cuando vuelva a suceder una situación parecida o igual a esa primera que generó enojo, en lugar de reaccionar de una forma más pasiva o equilibrada, se va a duplicar por no tener resuelta la situación anterior.

Ideas para gestionar el enojo: desarrollar un pensamiento positivo, validarlo y aceptarlo y, luego enseñar distintas vías para gestionarlo: “Te entiendo que estás enojado, pero no podemos reaccionar de tal manera, pero sí te puedo acompañar”; “no se puede pegar o tirar las cosas, aunque entiendo tu enojo, busquemos otra forma de sacarlo”. Para liberarlo del cuerpo se puede bailar, gritar, salir a dar una vuelta a la manzana, o bien tomar un baño caliente, ofrecer una actividad en común que genere bienestar y lo ayude a bajar la sensación corporal de ese enojo.

4 - La ansiedad

Estamos en una era en la cual los tiempos de espera son cada más cortos y la frustración por no saber esperar o porque las cosas no salen como queremos es cada vez mayor. ¿Qué podemos hacer? Validar esa emoción y promover un cambio en las infancias para que aprendan a esperar y sobrellevar la incertidumbre. Está bien decirles que no siempre existan respuestas para todo, que no siempre hay planes, que en los momentos en que no hay nada para hacer pueden aparecer ideas nuevas, que la imaginación es la mejor herramienta y depende únicamente de ellos, que la tienen a disposición todo el tiempo.

En relación a la ansiedad infantil, que es una de las principales causas de las enfermedades mentales infantiles, las pantallas y las distintas actividades que tienen durante el día, muchas veces, no les permite tener un momento de silencio, calma y relax.  Y es importante que esos momentos comiencen a aparecer en sus vidas. También la posibilidad de brindarles tiempo de calidad, con propuestas que les diviertan (de acuerdo a la edad), incluso puede ser una conversación durante la cena o mirar juntos una película. La clave es estar presente, es decir, sin querer estar en otro lado mientras eso está sucediendo ni estar pendientes a los celulares y redes sociales.

Consejos para dejar de reprimir emociones

  • Generar un clima en el que haya confianza y seguridad para expresar sus emociones libremente a través de la palabra sin críticas ni juicio de valor.

  • Enseñarles a identificar sus emociones y a comprenderlas

  • Desarrollar un pensamiento positivo que les permita derribar el pensamiento negativo que le está generando una emoción desagradable

  • No olvidarnos de que los adultos somos su ejemplo a través de las conductas y las emociones: mostrarnos vulnerables y contarles cómo hacemos nosotros para gestionarlas puede resultarles útil.

  • Aceptar con humildad cuando no sabemos qué hacer: pedir ayuda profesional cuando no alcanza con los recursos familiares también es una forma de enseñarles que existen varios caminos y soluciones posibles

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