Todas sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de “reloj biológico”. Esta metáfora, como mujeres, nos acompaña una gran parte de la vida. Aun cuando no debería ser así, casi todas nos criamos con la idea de la maternidad en la cabeza, jugando a la casita o a ser mamás.
Pero a medida que vamos creciendo, la pregunta por la maternidad empieza a tomar otras formas, lo charlamos con amigas, con pares, y también vamos identificando la experiencia de otras mujeres que son madres. Y al mismo tiempo, vamos escuchando nuestro propio deseo.
Para muchas de nosotras, el deseo es propio y para otras se organiza alrededor de un proyecto de pareja, pero... ¿qué pasa cuando el deseo se presenta claro pero no estamos en un vínculo que lo acompañe? Acá, algunas puntas para pensarnos y reflexionar, así como también abrimos las diferentes alternativas para explorar la maternidad.
Maternidad deseada vs. mandato

Quiero ser mamá (y aún no tengo pareja): deseo, tiempo y las opciones reales para decidir - Getty
Los deseos no surgen de la nada. Vivimos en un entramado sociocultural que muchas veces condiciona lo que opinamos, lo que decidimos y a lo que aspiramos. En algunos casos, esto es muy transparente, y en otros, aparecen los grises que tanto importan en la vida. Hay un guión que —por suerte— cada vez se va flexibilizando más y esa visión de la vida como una check list a cumplir se va desarmando con el paso del tiempo.
La Lic. Ma. Agustina Capurro, especialista en acompañar ciclos y crisis vitales, señala que la pregunta por el mandato de la maternidad es clave hacérsela, sobre todo porque el deseo no suele presentarse en una forma pura. Por el contrario, está en conversación continua con otros aspectos como la comparación, la urgencia biológica y, por supuesto, las presiones sociales. Separarlos, muchas veces, resulta casi imposible, pero hay algunas preguntas que pueden ayudarnos si nos hacemos el espacio para la introspección honesta y sincera:
¿Qué lugar tendría hoy un hijo en mi vida?
¿Desde qué lugar estoy deseando ser mamá?
No es lo mismo si la inquietud surge desde la angustia o desde la presión. Muchas veces, también se trata de poder habitar la ambivalencia: se puede desear y también tener miedo o estar enojada por las condiciones en que ese deseo se despliega. Estas dudas se pueden ir afinando en espacios de reflexión como la psicoterapia, que va despejando los matices.
¿Busco una pareja o un plan de familia?
Saber lo que queremos no es un pecado, para nada. Hasta podemos decir que se trata de una forma sincera de encarar un vínculo. Lo que advierte la Lic. Ma. Agustina Capurro es que muchas veces, ante la dificultad de separar el deseo de maternidad de la escena familiar clásica, muchas mujeres entran al mundo vincular con ese objetivo en mente. Hasta acá, todo bien.
El problema empieza a surgir cuando el plan propio vuelve rígido el vínculo y la energía está puesta toda en formar una familia. Ahí la construcción del lazo de pareja pasa a segundo plano. ¿Entonces dejamos lugar para que el vínculo se construya o simplemente se trata de evaluar al otro para que encaje en mi proyecto? Porque en el buscar con un objetivo en mente, algo de la aventura se pierde y el otro puede terminar reducido a un medio para un fin.
Cuando el encuentro con el otro deja de ser un espacio de descubrimiento y pasa a estar fuertemente orientado a una evaluación: si sirve, si encaja, si llega a tiempo, el vínculo corre el riesgo de quedar subordinado a un proyecto previo. Y eso tiene efectos. Por un lado, puede generar una lectura muy rápida del otro, con poca tolerancia a los tiempos necesarios para que algo del lazo se construya.
Por otro, suele aumentar la ansiedad: cada cita empieza a tener un peso desmedido, como si de eso dependiera algo mucho más grande que el encuentro en sí. Tener claro el deseo de maternidad no es un problema, al contrario, es bueno poder manifestar que ese deseo está activo, que es genuino, que es real, que está ahí, y no velarlo ni disfrazarlo porque incluso eso puede ser más complejo aún en el después. El riesgo aparece cuando ese deseo se vuelve tan urgente que empieza a organizar todo el vínculo y el otro se vuelve objeto de evaluación y ya no lo estoy escuchando. No se trata de elegir entre la pareja y la maternidad sino hacerse las preguntas correctas para que la urgencia no apure decisiones que después pueden doler.
Congelar óvulos: gestionar la autonomía
Para quienes tienen el deseo de maternidad afirmado, la congelación de óvulos aparece como una posibilidad concreta. La Dra. Luciana Devenutto, especialista en medicina reproductiva, explica que esta práctica es una herramienta de autonomía reproductiva, porque, si bien no funciona como una garantía de embarazo, nos permite preservar la fertilidad en el mejor momento biológico posible y, de esta manera, desacoplar el reloj biológico del momento vital.
Claro que hay varios aspectos a considerar; la cantidad de óvulos está directamente relacionada con la edad, entonces, si bien cada caso es distinto, la recomendación general es considerar la preservación antes de los 35 años. Es importante saber desde el inicio de este proceso que la medicina reproductiva mejora las posibilidades, pero no garantiza resultados. Por eso, siempre es importante trabajar con estrategias personalizadas, analizar cuál es el mejor tratamiento y considerar otras opciones, como la ovodonación.
Ovodonación
La ovodonación permite lograr embarazos con tasas de éxito altas independientemente de la edad de la mujer receptora. Si bien no es la primera opción para todas, es importante saber que existe y que puede ser un camino para muchas, ya que, al realizarse con óvulos de donantes jóvenes, permite a mujeres de hasta 50 años conseguir un embarazo. El banco de semen es otro de los grandes miedos de las pacientes. Es importante recordar que se trata de procesos muy cuidados, regulados y confidenciales y que estos miedos surgen de lo desconocido. Son preguntas válidas que pueden resolverse con un profesional y que cada vez tienen más espacios de consulta desde lo médico-emocional.
¿Y por dónde se arranca?
El camino a recorrer va a depender de cada caso particular, pero las opciones más utilizadas para las mujeres que quieren ser madres sin pareja son la inseminación intrauterina con semen de donante o la fertilización in vitro. La elección depende de cada situación particular: hay que tener en cuenta la reserva ovárica y otros factores individuales. El tratamiento se va a adaptar a cada mujer, por eso tomar el primer paso y consultar con un especialista en fertilidad es animarse a elegir con más libertad y con más posibilidades.
¿Cómo nos protege la ley?
En Argentina, existe la Ley 26.862, que garantiza el acceso a tratamientos de fertilidad. ¿Qué significa esto? Que las prepagas y obras sociales tienen la obligación de cubrir los estudios, medicación y procedimientos como inseminación intrauterina o fertilización in vitro.
La ley también contempla la preservación de la fertilidad, pero principalmente cuando hay indicación médica (por ejemplo, antes de un tratamiento oncológico), lo que explica por qué en la práctica la cobertura de congelación de óvulos “social” es variable.
Expertas consultadas: Dra. Luciana Devenutto. Médica especialista en ginecología, obstetricia y medicina reproductiva. @dra.devenuttoluciana.
Lic. Ma. Agustina Capurro. Psicóloga con orientación en procesos (no) reproductivos. @psiagustinacapurro.
Dra Natalia Irene Forti. Médica & coach de fertilidad. @nataliaforti.coach.











