Las temáticas relacionadas con los desafíos reproductivos conllevan muchas veces aspectos que son tabú y que requieren acompañamiento y elaboración de prejuicios, así como desgranar algunos paradigmas y creencias muy arraigados. ⠀ En los últimos tiempos, sutilmente aún pero con firmeza, algunas voces desde los feminismos han comenzado a introducir las realidades de nuestra época, en relación a la reproducción humana y sus obstáculos y la necesidad de poner en agenda la salud femenina y reproductiva toda. ⠀ De lo que aún menos se habla y, por tanto, se visibiliza, estudia y reflexiona es sobre el lugar de los varones cuando el deseo de ahijar se encuentra con la necesidad de acudir a evaluaciones médicas y/o tratamientos. Tanto en una pareja heterosexual, en un proyecto homoparental o también cuando el deseo es de una paternidad sin pareja.
⠀ La fertilidad como concepto tanto desde la feminidad como desde la masculinidad, cuando requiere de soporte externo, puede ser vivido como “falla”, y pone en jaque el propio concepto de ser mujer u hombre “completo”, potente, capaz y en este caso viril. Estos sesgos, si bien hoy los debatimos continuamente, siguen siendo un tema instalado sobre la idea de la fortaleza masculina entre otros atributos mandatorios. ⠀ Incluso teniendo en cuenta las estadísticas médicas, que reportan que más del 40% de las dificultades para concebir de forma espontánea se deben a causas masculinas, las cuestiones reproductivas siguen teniendo mayor implicancia discursiva femenina. Se dejan de lado temas como la edad paterna, el estilo de vida y los cuidados y hábitos de consumos masculinos. ⠀ Esto dificulta la posibilidad de hablar de deseo paterno, así como de poner luz sobre los procesos emocionales que atraviesa un hombre durante la búsqueda, la espera, los duelos y todo aquello que se recorre en los caminos del deseo, que no siempre son lineales ni sencillos.
. La consulta en fertilidad o el chequeo y evaluación por parte de un andrólogo está menos normalizada entre los varones, sin embargo, es igual de necesaria y relevante que la visita médica ginecológica de las mujeres. . Necesitamos generar y trabajar en espacios de intersección, traer a los varones a la escena, repensar sus posicionamientos e implicaciones así como generar mecanismos donde sus recorridos y emociones hallen un lugar propio que “no solo” sea el de acompañante.
M. Agustina Capurro Licenciada y Profesora en Psicología con Orientación Perinatal y Diplomada en Aspectos Psicosociales de la Reproducción Humana Asistida. IG: @psiagustinacapurro.
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