
Tinder analógico: por qué las apps de citas están en crisis y vuelven los encuentros reales
El cansancio frente a las apps de citas abre paso a nuevas formas de vincularse: encuentros cara a cara, menos algoritmos y más conexión real.
22 de marzo de 2026

Tinder analógico: por qué las apps de citas están en crisis y vuelven los encuentros reales - Créditos: Getty
Seguro que escuchaste a tus amigas decir “uf, las apps están imposibles” o “creo que ya salí con todos los tipos de las apps”. Por casi diez años, las apps de citas prometieron expandir el panorama amoroso: más opciones, más matches, más chance de hallar a alguien compatible. Pero hoy, ese entusiasmo parece que se convirtió en hartazgo. Si bien hay mucha gente que sigue con Tinder, Bumble u OkCupid, lo cierto es que también las usan menos o las dejan de usar. No es falta de ganas. Es hartazgo. Hartazgo de charlas que no llegan a nada, de relaciones que se terminan antes de empezar, de citas muy parecidas.
Ese swipe infinito, que antes era emocionante, hoy se siente como un trámite. Elegir gente como si fueran productos da la idea de que no siempre genera algo real. Y eso habilita la generación de nuevas hipótesis: ¿qué pasa cuando el amor pasa casi por completo por pantallas? ¿Perdemos algo? Si todo es inmediato y desechable, quizás el problema no sea que no queremos enamorarnos, sino que estamos hartos de cómo nos proponen hacerlo.
Cuando lo virtual ya no basta
Cada vez se usa más la inteligencia artificial como consejero, terapeuta o amigo las 24 horas, y eso muestra que necesitamos contacto con otra persona, pero la facilidad de tenerlo todo a mano hace que nos aislemos más y que el contacto real se pierda. Según informó MIT Technology Review, el crecimiento de estos terapeutas de inteligencia artificial supone tanto una ampliación de acceso como la aparición de riesgos considerables.
El cansancio de las apps de citas es algo cultural, no solo te afecta a vos y a tu amiga. Vivimos en una época en la que estamos siempre conectados, trabajamos, salimos y nos relacionamos en el mismo aparato. La pandemia hizo que esto pasara más rápido y dejó su marca: aprendimos a relacionarnos a distancia, pero también a desconectarnos del contacto físico. Por eso, no asombra que pasen cosas “raras”: gente que se enamora de inteligencias artificiales (¡hay incluso un caso de alguien que se casó con una IA!) o chats que parecen escuchar y dar apoyo emocional. La tecnología trata de llenar un vacío que ella misma ayudó a crear.
El psicoanalista Luciano Lutereau lo dice claro: “El problema no es que no haya amor, sino que es difícil mantener un encuentro con el otro de verdad, con lo diferente que es y con su tiempo”. En las apps, podés eliminar al otro fácilmente. En la vida real, no.
“Para sentir deseo, necesitás estar presente, tener silencios incómodos, gestos pequeños, contacto. No se construye solo con palabras lindas ni respuestas rápidas”, afirma el analista y autor del libro Adiós al matrimonio. Por eso, volver a verse cara a cara no es cosa del pasado: es casi una reacción física al exceso de virtualidad. Volver a verse, hoy, es un acto revolucionario.
Redes y apps: ¿nos ayudan o nos complican?
Podemos culpar a la tecnología por cómo avanzó —o retrocedió— en cuanto a cómo nos conectamos como personas. Hace unos años, agradecíamos poder hacer videollamadas en plena pandemia; hoy, esa misma facilidad nos dificulta tener conversaciones en persona o incluso prestar atención a otros. Nunca estuvimos tan conectados y nunca hablamos tanto de soledad. Es algo contradictorio de nuestra época. Según un informe de la Universidad de Harvard, el aislamiento social es uno de los principales motivos de malestar emocional, sobre todo en adultos jóvenes.
Las redes sociales y las apps de citas hacen que esta tensión se note más. Nos dejan conocer gente fuera de nuestro círculo, pero también nos enseñan a estar con la atención dividida: muchas conversaciones a la vez, siempre con algo que nos llama la atención, relaciones que compiten entre sí. Un estudio del MIT dice que “usar mucho las plataformas digitales reduce la capacidad de tener charlas profundas y largas. Escuchar, esperar, aguantar el silencio o el aburrimiento al principio se vuelve cada vez más complicado”. Como dice Lutereau, “el amor necesita tiempo. Y hoy, todo lo que tarda se ve como una pérdida”. En una sociedad que prefiere y privilegia lo rápido y lo que se puede reemplazar fácilmente, construir una relación se vuelve algo diferente a lo normal.
Volver a lo analógico
Las nuevas citas requieren una vuelta a lo que funcionaba, por eso las propuestas sin apps de por medio están en pleno resurgimiento. “Hablamos de que estamos perdiendo habilidades para estar con otros, de que no podemos notar la diferencia entre lo artificial y lo hecho por personas. Por eso, vemos que se usan menos las redes sociales y que se pide juntarse sin estar conectados”, afirma la experta en tendencias Gaba Najmanovich. “En 2026, la gente se va a enfocar en lo analógico y va a tratar de encontrar un balance entre lo que pasa en el mundo real y en el digital. Cada vez hay más bares donde se escucha música en vinilo, los libros y los clubes de lectura son un lugar para juntarse sin usar la tecnología, y vemos que vuelven a aparecer aparatos analógicos”, suma Najmanovich.
Por eso, no sorprende que se hagan más cosas en persona para conocer gente: desde citas a ciegas organizadas hasta clubes de lectura, talleres o cenas donde se comparte, todas actividades en grupo donde no se busca hacer match, sino simplemente conocerse. Lo analógico aparece como una respuesta al cansancio de lo digital. Volver a verse cara a cara no te asegura que vayas a enamorarte, pero te permite recuperar algo importante: la sorpresa. No tener toda la información de antemano, no juzgar a alguien por una foto o una descripción ingeniosa, dejar que la relación se forme con el tiempo.
El sociólogo Zygmunt Bauman hablaba de “amor líquido” para describir relaciones frágiles y que se terminan fácilmente. Quizá volver a lo presencial sea un intento de que las relaciones tengan más peso, sustancia y presencia. Dejar de tratar de tener todo bajo control, aceptar que a veces es incómodo, olvidarse de que hay que usar técnicas para que el deseo funcione. Al final, animarnos a salir del algoritmo. Tal vez el amor de tu vida no esté en una app. O tal vez sí. Pero cada vez más personas están de acuerdo en algo: para que pase algo diferente, hay que buscar de otra forma.
Expertos consultados:
Luciano Lutereau. Psicoanalista. @lucianolutereau.
Gaba Najmanovich. Experta en tendencias de consumo. @gabanajmanovich.
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