
¿Se puede amar sin idealizar? Claves para construir un vínculo real y duradero
La idealización es parte del enamoramiento, pero aprender a trascenderla es clave para construir vínculos más reales, sanos y duraderos.
5 de mayo de 2026 • 16:28

¿Se puede amar sin idealizar? Claves para construir un vínculo real y duradero - Créditos: Getty
En la etapa del enamoramiento, la idealización aparece como una condición: vemos a la otra persona a través de una trama que también nos incluye. Aquello que vemos en el otro es, al mismo tiempo, lo que proyectamos, lo que anticipamos, lo que deseamos encontrar. Y es justamente en ese vacío de saber donde la imaginación interviene y donde se construye una versión del otro que dice más de quien mira que de quien es mirado.
El problema no es la idealización, sino la imposibilidad de salir de ella. Porque, si el vínculo se sostiene, hay un momento en que esa imagen comienza a ceder. No necesariamente de forma abrupta, sino lo suficiente como para que algo se desplace: el otro deja de coincidir con esa construcción que lo volvía consistente y empieza a presentarse en su diferencia, con sus contradicciones, con aquello que atrae y, al mismo tiempo, incomoda. El otro empieza a aparecer como lo que es: un otro.
Es cuando cae esa imagen que construimos en el momento de la idealización que muchos sienten que algo del vínculo también se cae. Como si el otro hubiera engañado. Como si el amor, en ese mismo movimiento, se hubiera agotado. Y, en parte, es cierto: algo ya no es lo mismo. No ese sujeto, sino la forma en que era sostenido en la mirada. Es la fantasía la que cae.
La pregunta principal no está relacionada con qué se perdió, sino con qué se hace con eso que ya no está. Porque ese momento, que suele interpretarse como una pérdida, puede abrir una nueva posibilidad que quizás sea menos espectacular, pero más real.
Amar no significa tener que sostener al otro en el lugar donde lo ubicamos al principio. Amar implica poder ver a esa persona amada con sus límites, fallas y zonas grises, y seguir eligiéndola. Y esto no significa que la idealización desaparezca: se desplaza. Ya no recae sobre la persona como totalidad, sino sobre lo que se construye con ella a través de un proyecto y en una idea de futuro compartido. El deseo necesita dirección para que pueda construirse de a dos.
Cuando la idealización no cae, en cambio, el vínculo queda sostenido en algo frágil. Cualquier gesto que muestre que el otro no es perfecto se vive como una decepción o, incluso, como una traición, porque se personaliza. Entonces, el amor se vuelve exigencia: que el otro siga siendo aquello que nunca fue del todo. Y es en ese estadio cuando muchas relaciones se rompen, y no por falta de amor, sino por exceso de ideal. Porque no se tolera la caída.
Quizás por eso repetimos vínculos que nos permiten sostener esa ilusión o que la rompen siempre del mismo modo. Es una lógica inconsciente, de cosas que aún tenemos sin tramitar. Buscamos, sin saberlo del todo, algo que ya conocemos. Algo que insiste.
Entonces, ¿se puede amar sin idealizar? Al principio, la idealización es necesaria para entrar en el amor. Pero sí se puede amar más allá de la idealización. Esta se desplaza del otro hacia aquello que se construye de a dos. Y tal vez ahí, cuando el otro deja de ser lo que imaginábamos y empieza a ser quien es, el amor deja de ser promesa y se convierte en una elección.
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